TIEMPO PARA DIOS
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Mandó a los enviados a que llamaran a los convidados, pero éstos no quisieron ir».
Así empieza el Evangelio de hoy domingo. El Señor invita y los invitados no quieren venir. Hoy abundan los motivos para no ir. La gente dice que está muy ocupada, que más adelante, que en otro momento. Total, no acuden nunca, nunca se acercan al Señor.
Muchos dicen que no tengo tiempo, tengo mucho trabajo, y puede ser que la justificación sea habitual. Cuando un padre de familia que tiene hijos no tiene tiempo para estar con sus hijos, es muy grave. Y esto vemos que ocurre mucho con los papás.
Muchos papás que están trabajando, no tienen tiempo y los hijos están allí. El papá llega a la casa, ya lee su periódico, se va a dormir y falta la comunicación, el diálogo, el cariño que tiene que haber en un padre con su hijo. Pero eso también ocurre con Dios.
Hay tantas cosas que hacer, un ajetreo grande, la gente está en un lado y en otro lado, de un lado para otro y llegan cansados y no se acordaron de Dios en todo el día. Y menos de tratarlo y de hacer un rato de oración.
ESTÁ ESPERÁNDONOS
Y no tener tiempo para Dios es un gran error. Dios debe estar en primer lugar. Estar en primer lugar no es estar en un sitio allí arriba, sino en primer lugar en nuestra vida, en nuestro día.
Cada día debemos reservar unos tiempos para Dios y unos tiempos buenos. Un tiempo en la mañana para conversar con Él, otro por la tarde también para conversar con Él, donde hacemos nuestra oración, un diálogo con Dios. Un tiempo antes de dormir para hacer el examen de conciencia, allí también en presencia de Dios.
Un tiempo para ir a visitarlo al Sagrario, como tanta gente buena que va a visitar a Jesús que está expuesto en la custodia, por ejemplo, en una iglesia, en una parroquia.
Dios siempre nos está esperando para darnos lo mejor que podemos recibir en el día, lo mejor.
En el Evangelio de hoy vemos que el Señor está listo porque ha preparado un gran banquete y está para recibirnos.
Cuando alguien se acerca y nos invita a ese banquete que el Señor ha preparado, que sepamos decir que sí, aunque eso suponga dejar otras cosas.
Siempre las cosas de Dios tienen más importancia y uno tiene que saber poner su jerarquía de valores y dejar otras cosas que son menos importantes.
GUARDAR EL ORDEN
Hoy mucha gente posterga a Dios, incluso gente muy buena, gente que tiene ganas de estar con él y lo posterga… Porque se han complicado con los horarios, no han sabido tener orden y se habla mucho del estrés, del exceso de trabajo, incluso hasta la explotación, que eso está muy mal.
Hay situaciones injustas que claman al Cielo. El tiempo debe aprovecharse para el bien de todos y no de unos pocos. No puede haber situaciones de esclavitud, situaciones injustas.
Las autoridades no deben permitir que le pidan a los trabajadores un exceso de horas de trabajo, porque las personas tienen que ir a sus casas, tienen su familia, tienen que tener tiempo para los hijos y también para descansar.
Tener tiempo lógicamente para Dios, para rezar. El orden es una gran virtud. San Josemaría decía
“guarda el orden y el orden te guardará a ti”.
Si realmente vivimos con orden podremos hacer las cosas bien y pondremos siempre a Dios en primer lugar.
Dios además hace maravillas y consigue que el tiempo se multiplique. Recordemos este pasaje de la Escritura que dice,
«busquen en primer lugar el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura».
¡¿Cuántas cosas buenas llegan cuando uno pone a Dios en primer lugar?! En el Evangelio de hoy el Señor le pide a un criado que vaya a buscar a la gente para que asistan a la cena. Esa cena la había preparado el Señor, era la mejor de todas.
NECESITAMOS DE ÉL
A nosotros también nos dice el Señor, como a ese criado, que busquemos a la gente para que se encuentren con Él, para que reciban lo que Dios ha preparado.
Hoy faltan comunicadores de Dios. El mundo comunica muchas cosas, la televisión, la radio, los periódicos. Se comunica mucho, hay un exceso de información.
Pero en cambio se comunica poco a Dios. Falta una comunicación con Dios más intensa. Y las personas que tienen una comunicación con Dios se dan cuenta que es increíble, que Dios es grandioso, que se resuelven muchas cosas. ¡Abramos nuestra interioridad a Dios!
Como decía el Papa San Juan Pablo II, no tengan miedo, que Dios entre, que Dios penetre en nosotros. El mundo tiene necesidad de Dios.
Cuando el criado del Evangelio de hoy le dice al Señor que nadie quiere venir a tomar su cena,
«el Señor le dice que vaya a todos los caminos y que invite a los paralíticos, a los cojos, a los lisiados, a los enfermos, porque la cena está servida y tienen que venir».
Así han ido entrando en la iglesia muchas personas que venían de lejos, de todos los continentes, de distintas ciudades y pueblos. Y es muy bonito eso.
La Iglesia es misionera y va hasta el último rincón. Y en la Iglesia se hacen esfuerzos necesarios para ir a donde sea, para encontrar a esas personas que necesitan de Dios.
SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO
En la historia tenemos testimonios de miles de misioneros que han ido a otros lugares, a otros países, a sitios difíciles y han entregado su vida para llevar la palabra de Dios, pasando por peligros, por torturas, por persecuciones. Incluso hasta la muerte.
Hay miles de mártires en la historia de la Iglesia que ahora están en el Cielo e interceden por nosotros. Personas valiosas que supieron amar con el amor que Jesucristo les enseñó.
Personas que nunca odiaron ni desearon el mal a nadie . Y a pesar de recibir improperios y maltratos, supieron perdonar a sus propios verdugos. Hoy son ejemplo de fortaleza y sobre todo de un auténtico amor.
Debemos aprender de ellos que son verdaderos maestros de lo que es el amor.
Entre esos valerosos misioneros tenemos a santo Toribio de Mogrovejo, el segundo arzobispo de Lima, que es patrono del Episcopado Latinoamericano.
Estamos además en el año jubilar de santo Toribio porque este año se cumplen los 300 años de su canonización. Santo Toribio caminó cuarenta mil kilómetros para llevar la palabra de Dios por todos los sitios.
Llevó los sacramentos a personas que estaban muy lejos, en pueblos y en caseríos, a personas olvidadas donde nadie había ido nunca, y santo Toribio fue el primero. Logró confirmar a más de un millón de personas.
SANTOS QUE CAMINAN AL CIELO
Pero ahora nos toca a nosotros invitar a los que están alejados, decirles que el Señor les espera, que la comida está servida, que hace falta que vengan, por eso es muy importante que vayan bien dispuestos, bien preparados. La iglesia prepara a la gente para que vaya Dios, para que puedan recibir al Señor.
En la escena del Evangelio de hoy apareció en el banquete un hombre que no estaba preparado, que no era digno de estar allí sin la indumentaria adecuada, por eso el Señor lo manda a salir. Es importante preparar a las almas, para que estén limpias para recibir a Dios.
La iglesia nos enseña eso, prepara a las almas con la catequesis que se da en las parroquias y en diversos colegios. También hay catequesis para adultos, da mucha alegría cuando vemos bautizos de personas mayores, como ha ocurrido hace poco en Francia. ¡¿Cuántos se bautizaron cuando fue el Papa a Francia?!
Nuestra Madre la Virgen también nos prepara si sabemos acudir a ella. Vamos a pedirle que nos ayude, diciéndole como siempre, “ruega por nosotros Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo”.
Prepáranos para andar con Jesús, prepáranos bien para llegar a la meta que es el Cielo.

