INSPIRACIÓN = MELIFLUUS
Me encanta la miel de campo y de chico una vez probé la miel recién sacada del panal. Era una miel poco prolija no como la del supermercado, pero tenía algo distinto: un sabor más intenso, más auténtico. Bastaba con comer una cucharadita y te quedaba el sabor para todo el día. Algo parecido ocurre con los santos.
Uno los escucha hablar de Dios y sus palabras dejan un sabor que permanece. Por eso a san Bernardo, que celebramos hoy,lo llamaron así: Doctor Melifluo o Doctor Melifluus, el doctor de la miel. Porque cuando hablaba de Jesús, cuando hablaba de la Virgen, sus palabras tenían una dulzura que hacía parecer a la miel. De hecho, la palabra melifluo viene del latín melifluus, que significa literalmente “que destila miel” o “del que fluye miel”.
En el evangelio de hoy también vemos cómo Dios prepara un banquete para los hombres, como ese rey que a sus súbditos quiere prepararles un banquete. Y me acordaba del Doctor Melifluo y cómo también nosotros podemos vivir de esa miel verdadera que emana de Cristo mismo. Lo decía también san Bernardo que: “Jesús es miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón” (San Bernardo, Sermón XV sobre el Cantar de los Cantares).
ENCONTRAR A CRISTO
¿Vos te animás de verdad a buscar ese alimento? ¿Te animás a dejarte alimentar por Cristo? Fíjate el Doctor Melifluo, por sus palabras que goteaban miel, era porque goteaba ese mismo sabor de Cristo y ese amor a la Virgen también era lo que lo llevó a él a acercarse tanto a lo que Dios le pedía. Era un hombre que nació en una familia muy rica. Eran varios hermanos. Tuvo que cuidar muy bien su pureza desde muy joven, cuentan muchas historias sobre cómo también se tuvo que tirar en un estanque de agua helada o cómo quisieron robarle la pureza y saltó gritando: ¡ladrones, ladrones! porque él sabía que se jugaba mucho, era algo de mucho valor.
Hay un montón de anécdotas, pero la más famosa me parece también, es cómo él, tras la muerte de su madre con sólo veintiún años de edad, decidió entrar en la orden del Cister, pero no quiso entrar solo, quiso ir acompañado.Y un buen día se presentó no solo, sino que fue con varios amigos.
Llevó treinta amigos, entre ellos –que eran todos jóvenes de Borgoña, jóvenes de la nobleza– iban también cuatro hermanos suyos, y cuando su hermano mayor se fue a despedir del menor que se quedaba en la casa cuidando a su padre le dijo: -Mira te dejamos la herencia completa; y él le dijo: -Ustedes se llevan el cielo,a mí me dejan acá la tierra y la participación no es justa.De hecho este joven después terminó siendo monje.
San Bernardo, se cuenta que a veces cuando iba por los pueblos, algunas mujeres escondían a sus maridos o escondían a sus novios porque se llevaba a la gente, atraía a la gente. Y lo bonito de todo esto es que no los obligaba a nada. ¡Al contrario! Los llevaba a encontrarse con Jesús, los llevaba a encontrarse con María.
Era un gran consejero y de hecho también ahí en Claraval –de ahí también el nombre que lleva-, cuando fundó también esa gran abadía se nos hace pensar a nosotros si también queremos encontrarnos con Cristo, si queremos también descubrir esas personas que somos. Aunque nos cansemos, aunque a veces no tengamos fuerzas… ¿encontramos a Cristo? ¿Sabemos descubrirlo a Él, que Él puede hacer todo?
MARÍA NUESTRA MAYOR INSPIRACIÓN
Una gran particularidad de este santo era que era muy devoto de Santa María y en la vida de san Bernardo resplandece también ese esplendor de devoción y luminosidad que tenía cuando compuso esa oración famosa del Acordados. Una oración que quizá conoces: “Acordaos, ¡Oh piadosísima!”. Madre clementísimapodríamos llamarla porque siempre está pendiente de cada uno. ¿Vos acudís a María que se acuerda siempre de voz.
Algunos incluso dicen que san Bernardo compuso La Salve. Pero quería quedarme con esas palabras más famosas todavía y que te las voy a leer. Son un poco largas. Quizá te pueden servir ahora en este rato de oración, porque a mí me han servido mucho y creo que te pueden ayudar también a vos.
“Si se levantan los vientos de la tentación, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María.
Si te agitan las ondas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María.
Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María.
Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la cima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud.
No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si ella te ampara”.
Es muy bonita la oración que te recomiendo desglosar de a poquito. Escuchar en 2.5, rapidísimo no te sirve. Escúchala despacio, rezarla despacio; mira a María,invoca a María, encontra a María, pensa en María.
También cuando muere en el año 1153, se cuenta que quedó ahí en ese monasterio de Claraval. Veintiún años después el Papa Alejandro III lo canonizó.
DAR ESE SABOR DE DIOS EN MEDIO DEL MUNDO
Quería quedarme con esta misma idea de cómo nosotros también tenemos que cuidar dar ese sabor a Dios. Cómo también estamos llamados nosotros a vivir esa santidad en medio del mundo o esa santidad de la vida religiosa,como es el caso también de san Bernardo. Pero te animoa encontrar a Dios también en esa vida personal que requiere también un uso de la libertad que encontrarás también si te das cuenta de que no es menor lo que Dios me pide. Y para eso mismo también cómo quiero mostrar a otros esa necesidad de encontrarse con Él.
Cuando te contaba que entró al seminario –mejor dicho, a la abadía, al Cister– llevó a treinta amigos. No era una persona sola. Era una persona que tenía un montón de amigos y lo mejor que podía hacer por sus amigos era llevarlos a Dios. ¿Vos te animas a llevar a Dios a las personas? ¿Querés también mostrar a Dios y a la Virgen?Como fue recientemente la Asunción de María, un ejemplo claro de cómo María también es para nosotros esa ilusión de encontrarnos con ella.
Me contaba un sacerdote que acaba de estrenar o bendecir el obispo ahí en la ciudad de Asunción una imagen de la Asunción de María que también está ahí muy cerca del río, muy cerca de la casa de gobierno y está tan bonita que también mucha gente dice:¡efectivamente hacía falta una Virgen acá, hacía falta una Asunción en Asunción! que no había.
INSPIRACIÓN QUE CATAPULTA AL CIELO
La Virgen subió al Cielo y desde el Cielo también espera que nosotros sepamos escucharla, sepamos saborearla,sepamos llevarla a las cosas de cada día. Así como el Doctor Melifluo que también encontraba en Jesús y en la Virgen en su vida, que nosotros también sepamos recordar que Él es el camino, que ella es su Madre, que ella dijo sí y a través de su sí pudo también mostrar a otros a su Hijo.
Si de verdad María está en el centro de nuestra vida, si de verdad María nos ayuda también a hablar de Jesús, si de verdad también Jesús –como este abad de Claraval– nos hace vivir nuestra vida como verdaderos testigos que saben destilar miel, que saben mostrar a Cristo,descubriremos que nuestra vida no es algo imposible sino que Dios está con nosotros. Aunque nos cansemos, aunque nos falte a veces buenos consejeros,
Dios quiere ayudarte, Dios quiere caminar a tu lado. Y así si bien a veces el Señor nos muestra un camino arduo, no descuides que la atmósfera que Dios te está mostrando es la misma atmósfera que tuvo también san Bernardo,cambiando lo que haya que cambiar. Pero el Señor se lo dijo (se lo dijo en una revelación) le dijo: -Bernardo, dame algo. -Señor (propuso él) sabes bien que todo cuanto soy y cuanto tengo es tuyo. Pero Cristo le insistió, le dijo: -Bernardo dame algo. Y el santo profundamente conmovido exclamó: -Pero Señor, ¡si te lo he dado todo!¿Qué más podría darte? -Dame tus pecados Bernardo, propuso Jesús.
Vamos a pedir a Dios que también con nuestros pecados sepamos también reconocerlo y también sepamos amarlo como también Él nos ha amado.



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