ESCUCHA LA MEDITACIÓN

CUANDO AMAR A LA IGLESIA CUESTA

Hay momentos en los que la Iglesia desconcierta, cansa o incluso defrauda. Y eso, duele. Santa Catalina de Siena vivió algo así en su tiempo… y en vez de alejarse de la Iglesia, la amó más. Esta meditación, a la luz del Evangelio, nos mete en esa decisión clave: quedarse con Jesús también cuando no es fácil, y aprender a amar a la Iglesia con fe, lealtad y unidad.

¿QUÉ HAGO?

El otro día conversaba con un amigo y me preguntaba, padre, ¿a vos te ha pasado, que ves algo en redes sociales sobre la Iglesia y te sentís un poco incómodo? O por ejemplo, cuando escuchas comentarios, críticas o noticias y uno queda así como, uff, esto no me gusta. O no sé si has estado en conversaciones donde las personas dicen, ¿usted todavía cree en eso, y con todo lo que está pasando en la iglesia? Y usted todavía cree en la iglesia y en los sacerdotes? (…).

Bueno, pues esa fue la conversación que tuve con este amigo y sí, puede haber momentos incómodos, puede haber momentos en donde uno se puede preguntar, ¿y qué hago?  ¿Cómo? ¿Qué digo? ¿Defiendo? ¿Me callo? ¿Cambio el tema? Bueno, pues vamos a hablar de esto con el Señor. 

Hoy vamos, Señor, a hablar de este tema que es real, que no es teórico, es algo muy concreto, muy real. 

UNA GRAN SANTA

Y en este punto quiero hablarte, Señor, de una mujer impresionante, una mujer única, de verdad, joven, no tiene estudios, ni poder, no tiene cargos, pero tiene una fuerza interior muy grande, que descoloca. Esta mujer no vive pendiente de quedar bien, no vive buscando aprobación, tiene una libertad interior que se nota. 

Desde muy joven toma decisiones radicales, por ejemplo, decide no casarse cuando todo el mundo esperaba lo contrario y no porque odie el mundo, sino porque ha encontrado algo más grande, ¡algo muy grande! 

Pasa muchas horas rezando, pero no repitiendo cosas, sino hablando con alguien, hablando con Jesús. Y eso va cambiando. No se queda encerrada, se  mete en los problemas de su tiempo: cuida enfermos, acompaña a gente rota, se mete en líos sociales y políticos incluso. Y lo más impresionante es que eso, aprendió a escribir ya mayor y terminó escribiendo cartas que llegaban a gobernantes. Incluso le escribió al Papa directamente, varias cartas. 

SANTA CATALINA DE SIENA

Esta mujer se llama Santa Catalina de Siena. ¿Y quién es esta mujer? ¿Cómo se puede definir? ¿Cómo se puede resumir la vida de esta santa? Como una mujer enamorada de la Iglesia, pero no de una iglesia ideal, ni de una iglesia perfecta, no. 

A Santa Catalina le tocó una Iglesia herida, dividida y con problemas muy serios. Incluso el Papa ni siquiera estaba en Roma. Y aquí viene lo clave. 

Cuanto más veía los problemas, más amaba la Iglesia. Y a este punto, Señor, yo me pregunto, en este ratito de oración nos podemos preguntar, ¿qué hago yo cuando veo defectos en la Iglesia? Cuando veo problemas reales, ¿me alejo? ¿Critico? ¿Me vuelvo cínico? O como Santa Catalina, ¿amo más a la iglesia? Santa Catalina no se fue, no se desengancha. 

No dijo, esto ya me supera, esto ya no es mío y a mí no me toca. O sea, yo aquí más bien rezo algún Ave María y un Padre Nuestro, y ya. ¡No! Santa Catalina se implicó más. 

Incluso viajó a Aviñón, donde estaba el Papa, Gregorio XI, y le dijo cosas duras, exigentes, pero al mismo tiempo lo llamó “Il dolce Cristo in terra”, el dulce Cristo en la Tierra. 

Cómo sería impactante esa conversación que el Papa decidió regresar a Roma. Santa Catalina sabía mirar a la Iglesia, no con ingenuidad, sino con fe. 

En el Evangelio de San Juan hay un capítulo entero donde Jesús habla no de la Iglesia, pero sí de la Eucaristía. Habla del pan de vida, y lo que dice es misterioso. Lo que dices Tú, Jesús, es difícil de entender, exigente. 

IGLESIA

¿A QUIÉN IREMOS?

Hay muchas personas escuchándote, y dice san Juan:

«Y muchos se fueron, muchos empezaron a irse, porque el ambiente se empezó a poner raro, incómodo. Entonces Jesús miró a sus doce apóstoles y le dijo: —¿Y ustedes también se van a marchar, ustedes también se quieren marchar?»

(Jn 6, 60-69).

Porque es verdad, Señor, hay momentos incómodos, hay momentos duros, hay momentos donde no es fácil entender las cosas. 

¿Ustedes también se quieren marchar? Y esa pregunta, Señor, nos la puedes hacer a nosotros ahora. Cuando algo no me cuadra o no entiendo… Cuando algo me cuesta y me escandaliza…

Pues Jesús también nos dice, ¿te quieres marchar? No, Señor, no. ¿Qué dice Pedro? Toma la palabra entre los apóstoles, y responde con una frase que lo cambia todo:

«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna». 

San Pedro no dice, ¡ah, ya entendí! ¡Espera, no es para tanto, ya entendí! O no dice, ¡ah, no, todo me parece fácil!

No, Señor. San Pedro dice, ¡me quedo Contigo! Y eso mismo hizo Santa Catalina, y es que estamos llamados todos los cristianos, todos los católicos, a quedarnos Contigo. 

Y quiero, en estos últimos minutos que quedan de meditación, aterrizar, concretar. 

LEALTAD

Primero, lealtad, querer al Papa de verdad, querer a la Iglesia de verdad. Hoy  es muy fácil opinar del Papa, todo el mundo tiene una postura. 

Estos días leía unas palabras de Jonathan Rumi, el actor de la serie The Chosen, sobre el Papa y su lealtad al Papa, me pareció muy bonito.

Señor, ahora todo el mundo tiene una postura sobre la Iglesia y sobre el Papa, pero quererlo, eso ya es otra cosa. Catalina no sólo opinaba, rezaba, sufría, se implicaba. 

Lealtad. ¿Qué significa hoy la lealtad? Rezar por la Iglesia, por el Papa cada día. No sumarnos a los ruidos fáciles. Vamos a leer al Papa directamente, no solamente a escuchar la partecita de lo que dijo en el avión de regreso del viaje de no sé dónde, donde los periodistas se agarran y arman polémica. No, no, no, no. Vamos a defender la comunión con el Papa. Eso no es una lealtad ciega, eso es una lealtad de verdad, de hijos, porque somos hijos del Papa. El Papa es el vice Cristo en la Tierra. 

FE

Un segundo punto es la fe. Mirar a la Iglesia como Dios la mira. Sí, en la Iglesia hay pecado. Sí, en la Iglesia hay pecadores, pero la Iglesia es una santa, católica y apostólica. Es santa. 

Señor, vamos a mirar a la fe, vamos a mirar la Iglesia con esa fe, ¿no? No mirarla sólo con ojos humanos, porque pierdo lo esencial. ¿La Iglesia qué es? Cristo actuando hoy en el mundo. La Iglesia es la esposa de Cristo. 

San Cipriano de Cartago decía: “No se puede tener a Dios como Padre, si no se tiene a la Iglesia como madre”. Fíjate qué sencillez. 

Bueno, pues como Santa Catalina, ver a la Iglesia con fe, porque ella, ¿qué hacía? Veía problemas, pero no se quedaba en eso. Veía más allá y eso le permitía no escandalizarse, sino amar más. 

UNIDAD

Tercero, unidad. No dividir más de lo que ya hay. No. Hay una tentación fuerte en el mundo que es dividir bandos, etiquetar, polarización y a veces con la excusa, incluso, de defender la verdad. Y lo que hacemos es romper la comunión. 

SERVICIO

Señor, fuiste muy clarísimo. Señor, que estos sean uno como tú y yo somos uno. Es la unidad. La unidad no es opcional. La oración de Jesús es pedir por la unidad. 

Pues que como Santa Catalina, nos quedemos más bien en mirar más allá y unir a la Iglesia, unir al Papa con la caridad de Cristo, con la misma, con el mismo amor tuyo Jesús. 

Y por último, último punto, servir a la Iglesia como quiere ser servida. Y este es el punto más exigente, porque todos tenemos ideas sobre cómo deberían ser las cosas. Pero la pregunta es, Señor, ¿tú cómo quieres que yo te sirva? ¿Tú cómo quieres que yo sirva a la Iglesia? Y a veces no será, no sé, con protagonismo, no, sino escondido. A veces no será diciendo cosas dulces y suaves sino que  corrigiendo. A veces tenemos que corregir. Pensemos. Si alguna vez podemos corregir a alguien que hace parte importante dentro de la Iglesia, que lo corrijamos con amor, con empatía, pero siempre desde dentro, siempre construyendo. 

Santa Catalina no hizo su proyecto de Iglesia. No, ella hizo lo que Dios quería. 

Acudamos a la Virgen. Madre, tú estuviste al pie de la cruz cuando todo parecía perdido, cuando todo se veía oscuro, no te fuiste. Enséñanos a quedarnos, amar, a confiar. Madre mía, madre de la Iglesia, cuidanos. 

Cuidanos para querer al Papa de verdad. Ayúdanos a mirar a la Iglesia con fe. Ayúdanos a cuidar la unidad. Y ayúdanos a servir a la Iglesia con humildad, como tú. Señor, danos ese corazón de madre. Danos ese corazón de la Iglesia.


Citas Utilizadas

Hch 12, 24–13, 5ª

Sal 66

Jn 12, 44-50 

Reflexiones

Señor, enséñanos a amar, a quedarnos y a confiar aún cuando las cosas parece que van mal.

Predicado por:

P. SANTIAGO

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