ESCUCHA LA MEDITACIÓN

HABLAR CON LAS TRES DIVINAS PERSONAS

La Solemnidad de la Santísima Trinidad puede parecer una fiesta difícil: un solo Dios en tres Personas. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero más que un misterio imposible de entender, es una invitación a entrar en una relación viva. A hablar con el Padre, a tratar a Jesús con confianza, a descubrir la presencia silenciosa y poderosa del Espíritu Santo. Esta meditación quiere ayudarnos a hacer algo muy sencillo y muy profundo: conversar con las tres Personas divinas que viven en nuestra alma.

ESPÍRITU SANTO

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Hay verdades de la fe que uno como que entiende más fácil, y hay otras en cambio, que uno repite desde pequeño pero que todavía lo dejan a uno pensando. 

Pues hoy es una de esas fiestas, celebramos una de esas verdades de la fe, la Solemnidad de la Santísima Trinidad: Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas, un solo Dios. 

Y uno dice, sí claro, pero obvio, pero después intenta explicarlo y se enreda, porque ¿cómo se va a explicar este gran misterio?

Por eso, esta fiesta puede parecer lejana, como más teológica, más abstracta. Pero hoy quisiera que nos descomplicaramos, que no nos compliquemos tanto, porque en el fondo lo que Dios quiere no es que tengamos una clase de teología, sino una invitación. Él nos hace una invitación a entrar en una amistad, en una relación. Vamos a hablar con Dios, vamos a hablar con las tres personas divinas, eso es lo que te quiero proponer hoy. 

Podemos comenzar este rato de oración así: “Jesús, yo quiero aprender a hablar más con tu Padre y quiero aprender a tratar más al Espíritu Santo, porque Señor, Contigo Jesús, hablar me sale más fácil”.

Me acuerdo de una película, de una escena de una película, donde el protagonista se encuentra con la Santísima Eternidad y vive con ellos. Los trata y habla con ellos. Entonces en algún momento está hablando con la segunda persona y le dice: —Oye, es que contigo me resulta más fácil hablar. Y le responde: —Pues claro, no ves que soy hombre.

DIOS Y HOMBRE

Y sí, es verdad, Jesús, tú tienes voz, tú tienes mirada, tienes gestos, tú caminaste por las calles. Tú te cansaste, lloraste, te sentaste a comer con los amigos, tú eres Dios, pero también eres hombre, y por eso contigo tenemos, si cabe, más trato, más confianza. 

De hecho este espacio se llama justamente así, hablar con Jesús, te conocemos más, queremos conocerte más.

Pero hoy aparece una pregunta bonita, ¿cómo hablar más con el Padre? ¿Cómo tratar más al Espíritu Santo? Porque el Padre y el Espíritu Santo no son una energía, no son algo. No. Ellos son personas. Así como Jesús es una persona, el Padre es una persona y el Espíritu Santo es otra persona. Vivas, reales, y habitan dentro de nosotros cuando estamos en gracia.

¡Qué locura! La eternidad vive en el alma, en nuestra alma. A veces pensamos que la vida interior consiste solamente en portarse bien, o en rezar un poquito o mucho, o en cumplir unas leyes, unos mandamientos… Pero no.

La vida interior es convivencia diaria, el Padre está ahí, el Hijo está ahí, el Espíritu Santo está ahí, están aquí en mi alma.

Sí, podemos aceptar que hemos hablado poco con el Padre, hemos hablado poco con el Espíritu Santo, con Jesús sí, pero, ¿y el Padre? 

Pienso que sí sabemos dirigirnos a Él, no nos damos cuenta, pero lo tratamos un poquito más que al Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando decimos “Dios mío”. O cuando decimos “Padre”. También cuando decimos “Señor ayúdame”. O decimos “gracias Dios”, muchas veces le estamos hablando a Él.

CONOCER AL PADRE

Jesús, tú viniste precisamente para mostrarnos al Padre, ¿te acuerdas de Felipe?

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Y Tú le dices:

«Pero Felipe, tanto tiempo conmigo y todavía no me conoces… » (Cf.)

Pues Señor, yo siento que todavía no conozco del todo a Dios Padre, como Felipe, y tú me quieres responder así,

«Quien me conoce a mí, conoce al Padre, quien me ve a mí, ve al Padre»,

y eso cambia todo, porque nos permite hablar también con el Padre.

ESPÍRITU SANTO

Dios no es una fuerza lejana, Dios es, Dios es Padre, tengo Padre y no estoy solo, mi vida no depende del azar, hay alguien que me conoce mejor que yo mismo, que me quiere. 

Y el Evangelio de hoy lo dice de una manera impresionante, nos dice:

«Tanto amó Dios al mundo que entregó a su unigénito».

Podemos pasar rápido por estas palabras, pero vamos a detenernos un poquito.

«Tanto amó Dios»,

no dice tanto soportó, tanto toleró… No. Dice

«Tanto amó hasta el extremo, que entregó a su unigénito, que entregó a su hijo» (Cf.).

Y ahí aparece la eternidad completa, ¿por qué? Porque el Padre entrega al Hijo, el Hijo se entrega, y el Espíritu Santo es el amor mismo entre el Padre y el hijo.

«Tanto amó Dios al mundo»,

ese amor es el Espíritu Santo.

UNA ETERNIDAD

El Espíritu Santo es ese amor tan fuerte entre el Padre y el Hijo, que terminó desbordándose hacia nosotros, como si el amor divino hubiera reventado hacia el mundo. Por eso el Padre manda al Hijo a la Tierra. Por eso Jesús termina clavado en la Cruz, y por eso cuando el pecho de Cristo se abre, es atravesado, el Espíritu Santo y se derrama sobre el mundo.

¡Qué impresionante! La Santísima Eternidad no es un rompecabezas matemático, es una explosión de amor.

Jesús, yo vivo así mi fe, ¿como una relación viva Contigo y con el Padre y con el Espíritu Santo, o como una costumbre? Porque quizá una de las tragedias más grandes de nuestra vida espiritual sea acostumbrarnos a Dios, hablarle sólo cuando estamos mal o necesitados, buscarlo únicamente cuando necesitamos algo, y nos olvidamos de convivir.

Dios quiere que convivamos con el Padre, con el Hijo y en el Espíritu Santo, que habitan nosotros.

El Espíritu Santo, la persona más desconocida. San Josemaría lo llamaba así, ‘el gran desconocido’.

Sin embargo, sin él no podemos vivir la vida cristiana, sin él no podemos rezar, no estaríamos aquí rezando, porque él es quien ilumina, quien mueve da fuerza y quien inspira.

DAME TU LUZ

Es el santificador, quien hace que la oración deje de ser un monólogo aburrido. El Espíritu Santo es quien nos transforma por dentro, ¡qué maravilla! ¿Qué sería de nosotros si aprendiéramos a tratar más al Espíritu Santo? ¿Qué pasaría si al comenzar el día dijéramos: “Espíritu Santo ayúdame, dame tu luz, enséñame a ser Espíritu Santo, ven y enciéndeme con el fuego de tu amor…

Tal vez avanzaremos muchísimo más en la vida interior. Necesitamos esa gracia, ese fuego. ¡Necesitamos al Espíritu Santo!

La oración colecta de la misa de hoy, lo dice muy bonito. Dice: “Dios Padre que al enviar al mundo la palabra de la verdad y el espíritu de la santificación revelaste a los hombres tu admirable misterio”.

¡Qué belleza! El Padre envía al Hijo, envía al Espíritu Santo, y ¿para qué? Para revelarnos el misterio y el misterio no es simplemente entender una doctrina sino es entrar en la misma vida de Dios.

Y, ¿cómo trato al Padre? ¿Tengo conciencia de ser Hijo? ¿Vivo con confianza? ¿Cómo trato a Jesús? ¿Le hablo con sinceridad? ¿Le cuento mis cosas? ¿Lo dejo entrar en mi vida real? ¿Y al Espíritu Santo lo invoco? ¿Le pido ayuda? ¿O prácticamente lo tengo olvidado? ¡¿Qué locura?! La Santísima Trinidad.

Hoy terminamos pidiéndole a la Virgen que nos enseñe a tratar a la Trinidad. Nadie convivió más con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo que Santa María. Ella recibió al Hijo en su seno, vivió abandonada al querer del Padre y fue cubierta por la fuerza del Espíritu Santo.

ESPÍRITU SANTO

UNA ORACIÓN ESPECIAL

María, enséñanos a vivir acompañados de Dios, enséñanos a descubrir que nunca estamos solos. Padre mío, gracias por quererme como Hijo. Jesús, gracias por quedarte tan cerca de mí. Espíritu Santo, ven a llenar mi alma. Santísima Trinidad, que viva siempre en tu presencia.

Y quiero, al final de este ratico de oración, pedir una oración especial por Colombia. Hoy son las elecciones presidenciales. Vamos a rezar y a encomendar a esta Patria.

Hace poquito celebré la misa votiva por la Patria y la oración colecta de la misa nos puede ayudar también para terminar pidiendo por Colombia.

Le decíamos: “¡Oh Dios, que con admirable providencia dispones todas las cosas, atiende las oraciones por nuestra Patria, Colombia, para que mediante la sabiduría de las autoridades y la honestidad de los ciudadanos, se consoliden la concordia y la justicia; se realicen la paz y la prosperidad constante”.

Dejamos esto en manos también de nuestro Señor, de Santa María, de Dios Padre y de Dios Espíritu Santo.


Citas Utilizadas

Ex 34, 4b-6. 8-9

Dan 3, 52-56

2 Cor  13, 11-13

Jn 3, 16-18

Reflexiones

Santísima Trinidad vivan en mi alma y guarden mi corazón en gracia.

Predicado por:

P. Santiago

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?