< Regresar a Meditaciones

P. Felipe

6 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

LA ORACIÓN ES OMNIPOTENTE

Vamos con confianza a pedir a Dios lo que necesitamos.

Hoy el Evangelio nos presenta un pasaje que quizá hemos escuchado varias veces, que nos llena de alegría y de esperanza. Se trata de ese encuentro que tiene Jesús con la mujer sirofenicia. Está Jesús en una zona apartada, en una zona extranjera y se acerca una mujer que no era judía, que no pertenecía ni por raza ni por religión al pueblo elegido. Y ella se acerca a pedirle a Jesús porque ha escuchado quizá que él había hecho milagros o incluso quizá había visto cómo él hacía algún milagro y le dice que su hija estaba con un demonio hacía mucho tiempo. 

No podemos imaginar el sufrimiento de esta mujer que llevaba tanto tiempo con su hija presa de un problema grande. Me parece que hay pocos sufrimientos tan grandes como el de un padre o una madre que ven a su hijo o a su hija con un drama importante y en este caso, un drama que tenía un origen muy concreto, un demonio. 

DETRÁS DE TI

Y entonces empieza a perseguir a Jesús Y parece como que Jesús primero se hace el sordo. Sigue caminando y esta mujer lo venía persiguiendo,

“Señor, apiádate de mí. Señor, concédeme este favor que te estoy pidiendo, apiádate de mi hija”. 

Y Jesús seguía caminando. Los apóstoles como cansados ya de que esta mujer venía persiguiéndolo desde hacía un buen rato y gritando e insistiendo etcétera van y se acercan a Jesús y le dicen oye atiéndela por favor antes de que nos vuelva locos. 

Y Jesús, sin siquiera dirigirse a la mujer le dice, 

“No está bien quitarle el pan de los hijos para dárselo a los perrillos”. 

La trata con dureza, no está bien usar lo que está destinado a los hijos de Israel para dárselo a los gentiles, a los que no son judíos. Pero Jesús conocía el corazón de esa mujer, sabía esa fe que tenía y estaba un poco probando pero sobre todo yo pienso que estaba pensando en ti y en mí, que a veces nos cansamos de pedir. 

La oración es omnipotente, meditar

DECLARACIÓN IMPORTANTE

El Papa Francisco en una catequesis una vez decía que, 

“cuando vayamos a leer el Evangelio tenemos que leerlo como quien va seguro de que esa página del Evangelio fue inspirada por el Espíritu Santo para que yo la leyera en este momento”. 

O sea, el Espíritu Santo inspiró a ese autor sagrado pensando en que yo hoy iba a leer estas palabras. 

Y hoy el Señor quiere que tú y yo escuchemos cómo esta mujer sirofenicia insiste en su oración, que parece que es duro con ella, parece que esa insistencia no tiene fruto y que la oración parece que no tiene resultado, pero luego tenemos esa declaración de fe tan importante, tan potente de esta mujer, 

“Sí Señor, es verdad, pero a veces también los perrillos comen de las migas que caen de la mesa de sus amos”. 

Y ahí Jesús se derrite ante esa fe tan grande de esta mujer y le dice,

“Grande es tu fe, tu hija se ha salvado”. 

GRANDE ES TU FE

Y ella se gana así esa alabanza que es de las más grandes que hay en el Evangelio. Jesús no alaba muchas veces, alaba en general la honradez, por ejemplo le dice a Natanael que es un verdadero israelita en quien no hay doblez ni engaño, alaba las almas de los que son como niños y alaba la fe, la fe en quienes él obra milagros. 

Son algunos, pocos, a los que Jesús les dice así. Grande es tu fe, grande es tu fe. Y ella se va feliz, se va feliz sabiendo que su hija ya tenía una solución para su gran problema. Y hoy nos podemos poner nosotros también en el lugar de esta mujer sirofenicia. 

San Josemaría muchas veces nos recomendaba que leyéramos el Evangelio como un personaje más, poniéndonos en el lugar de los personajes del Evangelio u observándolos como si estuviéramos desde dentro. Tú y yo podemos ponernos en el lugar de la mujer sirofenicia y pensar ¿cuál es mi petición, cuál es el gran tema que yo le quiero pedir a Jesús? Y después pensar ¿he acudido al Señor en la oración confiando en que la oración es omnipotente, he acudido con confianza a Jesús? 

La oración es omnipotente, rezar

INSISTIR CON CONFIANZA

Y cuando parece que a veces no me escucha porque le he pedido una y otra y otra vez ¿sigo insistiendo, sigo confiando en el poder de la oración? Insistir como los niños cuando insisten y no paran hasta que sus padres les concedan lo que les piden. Así quiere el Señor que le insistamos, porque el Señor quiere que tengamos esa fe grande, esa fe en que todo es posible para el que cree. 

Sí, Señor, Tú sabes lo que necesitamos. Y en este rato de oración te lo exponemos, porque cada uno en su interior puede ir diciéndole al Señor qué es lo que cree, qué necesita, pero también poniendo todas estas cosas en tus manos y diciéndote, 

“Señor, que no se haga mi voluntad, sino la tuya pero aquí te presento esto, te presento esta petición, te presento esto que creo que necesito, y te lo insisto. Yo sé que tú, Jesús, no me darás necesariamente lo que te estoy pidiendo, porque a veces no es lo que me conviene, a veces yo creo que eso me puede ayudar, pero en verdad, en realidad, parece que no. Y tú, Señor, me darás lo que de verdad me va a ayudar en mi camino a la santidad. 

PIDAN Y SE LES DARÁ…

Jesús, tú conoces mejor que nadie lo que me conviene. Entonces, ayúdame a confiar en eso, pero también a pedirte con fe, a pedirte mucho. Tú mismo nos dijiste, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. De los esforzados es el Reino de los cielos, tenemos que ponernos ahí a insistirte. Jesús, ayúdame a saber insistir, pero a aceptar qué es lo que tú me vas a dar. Como la cananea, como esa mujer que supo ponerse a insistir, insistir, hasta lograr lo que de verdad es bueno para ella. 

Señor, también quiero darme cuenta que puedo hacerte cambiar de opinión. Señor, confío en ti obviamente pero sé que a veces quizás puedo insistirte de tal manera en que puedo por así decirlo torcerte un poco el brazo. Por ejemplo la mujer cananea ella te torció un poco el brazo, cambia tus planes o la Virgen en Caná de galilea también cambió tus planes cuando te pidió que ayudaras a esa pareja y tú transformaste el agua en vino, diciéndole todavía no ha llegado mi hora, pero al final ella se salió con la suya y la ayudaste. 

La oración es omnipotente, Mi roca es el amor de Dios, MIRAR A MARÍA

LA ORACIÓN ES OMNIPOTENTE

Señor, ayúdame a darme cuenta que la insistencia, la perseverancia en la oración es omnipotente, la oración es omnipotente. ¿Cuántas curaciones? ¿Cuántas soluciones a distintos problemas? ¿Cuántos arreglos? ¿Cuántas cosas hemos encontrado después de que estaban perdidas cuando acudimos a la oración? 

Hace poco me pasó una tontera pero tenía que encontrar algo que me interesaba del casco de una bicicleta y no lo encontraba por ninguna parte, no me acordaba dónde lo había puesto. Y después dije, bueno, se lo voy a pedir al Señor, Señor que encuentre el casco de la bicicleta. Y a los pocos minutos me acordé dónde lo había puesto. Experimenté ese poder de la oración

Señor, ayúdame a ir con confianza a presentarte mis peticiones para que tú te hagas cargo. Y eso lo hacemos invitando a la Virgen Santísima que Ella siempre confió en ti. 


Citas Utilizadas

1 Re 11, 4-13

Sal 105

Mc 7, 24-30

Reflexiones

Señor, ayúdame a ir con confianza, de la mano de nuestra Santísima Madre,  a presentarte mis peticiones para que tú te hagas cargo. 

Gracias Padre porque siempre nos escuchas.

Predicado por:

P. Felipe

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?