ESCUCHA LA MEDITACIÓN

ENVIDIA

A veces la envidia no consiste en querer quitarle algo al otro.  Es más sutil: pensamos que nosotros merecemos más. “Yo llevo más tiempo. Yo me he esforzado más. Ya se darán cuenta” En la parábola de los trabajadores de la viña, Jesús desenmascara esa comparación, pero nos invita a mirar todavía más profundo: “¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. El centro no es solamente nuestra envidia; es la bondad de Dios. Una bondad que busca, espera, perdona y vuelve a dar oportunidades. La misma bondad del padre del hijo pródigo. Hoy queremos pedirle a Jesús no simplemente ser menos envidiosos, sino parecernos más a Él.

Hay una forma de envidia que es, algunas veces difícil de detectar, uno ve a alguien que le va muy bien, pues y siente por dentro como una como una punzadita, no sé pareciera como la rabia pues eso es envidia.

NO ESPERAR RECONOCIMIENTO

Pero hay otra forma de envidia que es como mucho más elegante, como más disimulada, efectivamente no  pensamos: ojalá al otro le vaya mal, pero sí podemos pensar: a mí me debería ir mejor, yo he trabajado más, yo llevo más tiempo, yo sí me lo he ganado, yo tengo mérito, espera y verás, espera qué algún día se van a dar cuenta, ya llegará el momento en que en que reconozcan realmente lo que valgo.

Uno puede vivir así, esperando que llegue ese momento, es un momento en que finalmente me reconozcan, me feliciten, me escojan, me den la razón y  esto es Señor pues algunas veces es fácil que aparezca en un corazón.

Hoy en el evangelio Jesús nos habla de esto más o menos.

EL DUEÑO DE LA VIÑA ES BUENO

UN PROPIETARIO QUE CONTRATA A DISTINTAS HORAS

Jesús cuenta una parábola que comienza bien temprano, está apenas amaneciendo y hay una plaza, un grupo de hombres allí esperando, son jornaleros, necesitan que alguien los contrate, seguramente dependen de lo que gane ese día para llevar algo a su casa esa noche. Y llega el dueño de una viña, entonces los mira, les pregunta, los contrata y les dice listo, véngase a trabajar a mi viña y les voy a pagar un denario toda la jornada.

Perfecto, maravilloso, un denario, súper bien y se van felices a trabajar.

Yo te sugiero que mientras hacemos este ratico de oración, nos metamos ahí en esa escena y seamos de esos jornaleros que se van a trabajar felices, con ilusión.

Bueno comenzamos a trabajar, pasan las horas, sale el sol, empieza el calorcito y seguimos trabajando y al propietario de la viña le da por volver a salir y se va para la plaza a eso del mediodía, poquito más incluso pasado ya al mediodía.

Oiga y llega con otros jornaleros, porque les dice cómo así que ustedes están aquí sin trabajar vengan a mi viña nadie los ha contratado, pues vengan a mi viña, vayan ustedes también a mi viña y es impresionante es un propietario muy generoso que busca gente hasta el último momento, nadie sobra, para él nunca es demasiado tarde.

Pues ahí está, ahí estamos los jornaleros trabaje y trabaje algunos empezaron a trabajar pues apenas hace dos horas mientras otros ya podemos llevar varias horas trabajando y llega la noche sudados, cansados y el propietario dice: bueno vamos a pagarles empecemos por los últimos, por los que empezaron hace dos horas apenas y empieza a pagarle a cada uno un denario.

Pero, un denario, bueno, fantástico, súper generoso un denario completo, entonces aquí puede suceder algo muy interesante porque el problema todavía no es lo que recibió el otro yo me meto en la escena y más bien comienzo a pensar ah si a este le dieron un denario, entonces a mí me van a dar más, claro es lógico, yo llegué primero, yo trabajé todo el día, yo aguante el calor, yo tengo mis más mérito

AHÍ EMPIEZA LA ENVIDIA

Y quizá ahí Jesús ahora que estamos haciendo oración, ahora que Tú estás aquí conmigo, quizá ahí empieza la envidia, no necesariamente diciendo yo quiero lo que tiene el otro, no, pero si pensando: yo merezco más, yo soy mejor, yo he hecho más, yo llevo más tiempo, bueno lo que hemos dicho.

Y luego le pagan al siguiente otro denario y el siguiente otro denario, entonces bueno me voy acercando yo, pues a mí me tienen que dar mucho más  y llego yo extiendo la mano y recibo un denario exactamente lo acordado y algo se rompe dentro, esa misma mañana habíamos acordado un denario y estábamos felices.

Pues ¿Qué cambio?  qué miramos la mano del otro.

CON LA COMPARACIÓN

Es impresionante Jesús, porque yo estaba contento con mi vida hasta que empecé quizá a compararla, yo estaba contento con mis notas hasta que vi las notas del que está al lado, estaba tranquilo con mi cuerpo hasta que vi, no sé, el Instagram de otra persona, estaba feliz con mis amigos, hasta que vi el plan de otros amigos que no me invitaron, en el trabajo agradecido porque pues ganaba bien, pero de repente me doy cuenta de que a otros le pagan mejor, mis talentos, pero de repente alguien más talentoso, yo llevo más tiempo, yo hago más, yo me esfuerzo más, yo soy más inteligente, porque yo, y por qué ella sí, y por qué él no.

Bueno empiezan las comparaciones y empieza la envidia y en el evangelio es muy bonito Señor cómo responde ese patrón de la finca, ese dueño de la viña, que invita a esos jornaleros a trabajar.

Por eso no le dice: qué envidiosos, no sean envidiosos, desagradecidos, no, Tú Señor los miras y le dices:

“amigo no te hago ninguna injusticia”

entonces llega la pregunta qué es el corazón de este evangelio.

Dice el viñador:

“Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno”

porque yo soy bueno y Jesús hoy quiero detenerme ahí, porque quizás podemos fijarnos tanto en la envidia que se nos olvida lo más importante de la parábola: Tú eres bueno, Dios es bueno, ese propietario es bueno.

Sale al amanecer, vuelve a salir a media mañana, sale al mediodía, sale por la tarde, ¿Para qué? para buscar al que nadie había contratado, al que seguramente pensaba que ese día volvería a su casa con las manos vacías, ven tú también a mi viña.

¡QUÉ BUENO ERES JESÚS!

Qué bueno eres Jesús, qué bueno eres con el de la primera hora y qué bueno eres con el de la última hora.

Y quizá la conversación que necesito, más que la conversación, la conversión, Señor que necesito hoy es muy sencilla: dejar de mirar cuánto recibió el otro y empezar a mirar lo bueno que eres Tú.

Que cuando te mire Jesús, te agradezca y que cuando mire al otro pues también le agradezca, no que empiece a hacer cuentas, cuando te mire a Ti Jesús que descubra misericordia.

PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO

Hijo Pródigo

Ahora me acuerdo también de la parábola del hijo pródigo, o mejor la parábola de un padre increíblemente bueno, el hijo menor le pide la herencia y se marcha y se la gasta y lo pierde todo y vuelve vuelto nada, miseria y el padre lo ve de lejos corre, lo abraza lo besa, le pone el mejor vestido y le vuelve el anillo.

Bastante desproporcionada la cosa,  entonces aparece el hermano mayor que se quedó, que fue fiel, que trabajó, que cumplió desde la primera hora y comienza exactamente la misma cuenta; pero yo llevo todos estos años, yo he cumplido, yo he trabajado, yo he sido fiel y ahora llega este, ni siquiera le dice que es el hermano, ahora llega “este” y le haces una fiesta.

Otra vez, Señor aparece: yo merezco más y la envidia impide descubrir algo maravilloso, descubrir qué Padre tienes ahí delante, ese es el drama del hermano mayor, que no se da cuenta quién es el papá, se queda mirando el hermano y se compara a sí mismo, está tan pendiente de lo que recibió su hermano, que no es capaz de maravillarse de la bondad de su padre.

SEÑOR, QUIERO MARAVILLARME DE TU MISERICORDIA

Señor yo puedo hacer exactamente lo mismo, puedo estar tan concentrado en mis méritos, en mis esfuerzos, en mis derechos, en lo que considero que me corresponde que termino siendo incapaz de maravillarme con tu misericordia.

Por eso quiero preguntarme hoy Señor me alegra que seas bueno, me alegra de verdad que me perdones a mí y que puedas perdonar a todo el mundo, oiga he pensado y esto puede pasar, esto puede pasar en la Iglesia, eso puede pasar en una familia, en la familia por ejemplo, en la que uno de los hijos está pasando por una situación muy difícil, no sé, una depresión, una adicción, un problema serio.

LA PACIENCIA DE LOS PADRES

Y el papá y la mamá más pacientes lo acompañan, lo esperan, vuelven a hablar, vuelven a confiar quieren bien para ese hijo, que muchas veces no significa aprobarlo todo, pero a veces el amor exige también poner esos límites, pero también buscar ayuda, no tirar la toalla.

El papá sigue siendo el papá, la mamá sigue siendo la mamá, pero qué nos pasa a los hermanos, algunas veces, nos puede pasar, pero otra vez, pero hasta cuándo, pero siempre están pendientes de él y nosotros qué ya no más no y puede aparecer esa reclamación del hermano mayor, así nos puede pasar en temas de familia, de trabajo, de amigos.

El padre y la madre están viendo algo que nosotros olvidamos, que es que ese es su hijo, mientras los demás vemos un problema, ellos ven a su hijo, mientras unos podamos pensar otra vez lo mismo, ellos dicen no espere, qué bueno es que tú seas así y bueno él es así.

LA IGLESIA ES UNA MADRE MUY BUENA

Señor, la Iglesia también es una madre muy buena, la confesión, los sacramentos, la Iglesia no va a pensar no este ya no, no hay nada que hacer, ningún hijo de la iglesia puede pensar que para mí ya es demasiado tarde, no.

Señor Tú sigues buscando, Tú sigues llamando, Tú sigues diciendo: ven, ven, tú también.

Y aquí aparece una pregunta incómoda: si yo quisiera administrar la bondad de Dios ¿Qué pasaría?  decidir ¿Quién merece misericordia?, ¿Quién merece otra oportunidad?, ¿Quién debería esperar un poquito más? ¿Quién merece perdón? ay Dios mío, ¿Cómo sería esa misericordia?, ¿Cómo sería aplicada esa misericordia? no no, no,  olvídate, más bien síguelo haciendo Tú, Señor.

 Amigo, ¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno? yo me voy a quedar con eso. 

JESÚS ES BUENO, DIOS ES BUENO

Jesús es bueno Dios es bueno y yo quiero tener un corazón como el suyo, un corazón bueno.

Señor me gustaría seguir conversando pero vamos a darle vuelta a lo largo de este día, acudimos a Nuestra Madre Santa María, Madre mía dame un corazón de hijo y un corazón de hermano, enséñame a mirar a los demás como los mira Jesús.

Y Jesús,hoy no te pido solamente que me quites la envidia, te pido mucho más, hazme bueno, hazme misericordioso, hazme paciente, hazme servidor y que cuando vea que has vuelto a perdonar, que has vuelto a esperar, que has vuelto a dar otra oportunidad, en lugar de preguntarte y ¿Por qué a él? que pueda decirte Señor, de corazón, Jesús qué alegría tener un Dios tan bueno.

 

 

 


Citas Utilizadas

Ezequiel 34, 1-11

Salmo 22

Mateo 20, 1-16

 

Reflexiones

¡Qué bueno eres Jesús! que yo no deje de maravillarme de tu misericordia infinita para con los demás y para conmigo.

 

Predicado por:

P. Santiago

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