Bueno, Señor, aquí estoy haciendo este ratico de oración en mi habitación, mirando hacia el jardín.
Ahí al fondo se ve la imagen de la Virgen, de la ermita, pequeña ermita que hay aquí en mi casa.
Me gustaría hacer este ratico de oración y grabar esta meditación también del oratorio, pero hay gente rezando y claro, no puedo allí interrumpirles.
El pasado 2 de noviembre, el domingo, tampoco pude hacer la oración, así como con mucha calma, con mucho silencio, pero era, Señor, el momento que tenía para hacer la oración.
¿Qué pasó? Que participé en una carrera de ciclismo recreativo en Cali, Colombia, junto a nueve amigos del colegio. ¡Muy chévere! Un plan de amigos del colegio que no veo muy a menudo porque viven en Medellín.
Yo estoy en otra ciudad, en Chía, entonces fue una oportunidad también para compartir con ellos y me tocó, pues sí, hice mi ratico de oración de la mañana, montado en la bicicleta, éramos más de 10,000 ciclistas.
AVANZANDO POR LA CARRETERA
Habían llegado personas de 38 países diferentes. ¡Qué cantidad de gente montando en bicicleta! Todos con la misma camiseta, de colores rosados y naranjas fuertes, hombres, mujeres, jóvenes, personas mayores, bicicletas de todo tipo.
Había algunos ciclistas muy bien preparados, otros no tanto, algunos con bicicletas impresionantes, con amortiguadores, incluso había bicicletas eléctricas, eso está prohibido.
Pero ahí estaban pedaleando y todos estábamos allí desde súper temprano, muy temprano, preparándonos para salir.
Nos había tocado madrugar muchísimo. Había que llegar a los corrales entre las 5 y 5:30 de la mañana para organizarse y esperar pues el pistoletazo de salida.
Entonces, pues hice la oración mientras subía el primer puerto; 11 km, el 18, el famoso 18.
Mientras rezaba, mientras hacía la oración, Señor, pensaba: aquí vamos miles y miles, avanzando por estas carreteras del Valle del Cauca.
Hoy es 2 de noviembre y hoy la Iglesia conmemora todos los fieles difuntos y aquí estamos más de 10,000 y pedaleamos hacia una meta.
También pensaba: «Y todos nos vamos a morir algún día, ¡todos!, el que va adelante, el que va atrás, el que tiene mejor bicicleta, el que está apenas comenzando, el que le tocó bajarse a estirar porque ya están acalambrados.»
QUEREMOS LLEGAR AL CIELO
¡Todos vamos hacia el final de nuestra vida! No sabemos cuántos kilómetros nos quedan por recorrer, no sabemos cuánto tiempo de vida nos queda, pero sí sabemos hacia dónde queremos ir.
Queremos llegar al Cielo. ¡Esa es la meta! La meta no era el 18 o la cumbre o el centro de eventos al que llegamos y donde estaba la meta final y donde nos entregaban la medalla.
¡No, la meta es el Cielo! Tú, Jesús, nos invitas a mirar nuestra vida con ojos de eternidad y nos preparas las moradas eternas.
En el Evangelio de hoy acababas de contarles la parábola de un administrador.
Estabas hablando con los discípulos y acabas de contarles la parábola del administrador que, pues al darse cuenta de que iba a perder su trabajo, actuó con astucia para asegurarse un futuro.
Y no estabas alabando su falta de honradez, estabas haciéndoles notar que aquel hombre había sido capaz de pensar en lo que venía después.
Pues, Señor, ahora nos preguntas, a nosotros que estamos haciendo este ratico de oración: ¿Ustedes están pensando en su futuro definitivo?
Porque llegará un momento en el que, no sé, el dinero, las cosas de este mundo, pues ya no nos servirán.
Llegará un día en que no podremos comprar nada. Ya no, ya no puedo comprar nada o ya no conseguiré, no sé, ningún título más en la universidad.
Ya no puedo cambiar más de carro, ya no puedo comprar otra bicicleta. ¿Qué quedará de nuestra vida?
TODO ES MÉRITO TUYO, JESÚS
Y Tú nos dices que utilicemos los bienes de este mundo para hacer el bien y que nos ganemos amigos y que aprendamos a compartir y que seamos generosos.
Eso sale todo en el Evangelio de hoy, porque lo que hacemos por amor tiene un valor que no desaparece con la muerte.
No se trata de, no sé, de comprar el Cielo con nuestras buenas obras, todo es mérito tuyo, Jesús.
Sabemos que la salvación es un regalo de tu misericordia, pero Tú quieres que respondamos a ese amor amando a los demás.
Y me parece muy bonito pensar, Señor, que algún día podríamos encontrarnos en el Cielo con personas a las que ayudamos durante nuestra vida, personas a las que acompañamos, personas por las que rezamos, a las que acercamos a Ti.
Jesús, ¿Habrá alguien que pueda decirme algún día: «Gracias por haberme ayudado a encontrar a Dios? Qué alegría sería, qué alegría tan grande, qué manera tan bonita de aprovechar esta vida.
La muerte nos recuerda que no todo lo que tiene precio tiene verdadero valor, hay cosas muy pequeñas que pueden tener consecuencias eternas.
Precisamente eso es lo que también dices hoy en el Evangelio:
“El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel.” (Lc 16,10)
¡También en lo mucho es fiel! Y aquí Jesús nos estás enseñando algo muy importante.
Estás hablando de la honradez, de quien administra unos bienes que le han sido confiados, si una persona no es fiel en las responsabilidades pequeñas, pues difícilmente podremos confiarle otras mayores, más grandes.
LA SANTIDAD
Pero esta enseñanza también ilumina la vida espiritual, “La santidad” se va construyendo en lo pequeño, en cada pedalazo.
Mientras pedaleaba en aquella carretera, pensaba también en esto, había personas que avanzaban muy rápido, otras que iban más despacio, algunos tenían una preparación física pues extraordinaria.
Ahí estaban varios amigos de Rigo, que es el que organiza la carrera, Rigo Urán, había un campeón del mundo, bueno, había dos campeones del mundo, uno había ganado el campeonato mundial tres veces.
Peter Sagan estuvo por aquí y también Rui Costa, portugués, también fue campeón del mundo de ciclismo.
Y claro, las condiciones físicas de estos monstruos son impresionantes, pero había otros que iban con las fuerzas muy justicas, con las fuerzas que tenían.
Y Tú, Señor, no nos preguntas, si llegamos antes que otro, Jesús no nos pregunta: «A ver, ¿usted después de quién llegó?» ¿Llegó primero? ¿Llegó antes? ¿Llegó después? ¡No!
Señor, Tú nos invitas a ser fieles, a perseverar, a amar y no podemos vivir comparándonos con el que tiene mejores notas, o con el que consiguió primero un trabajo o con el que gana más dinero o con el que tiene más éxito.
No, no, no, no. A veces se nos olvida que Tú no nos has pedido vivir la vida de los demás, nos has pedido santificar la propia vida.
ESTÁS EN MEDIO DEL ESFUERZO
Y el Señor conoce nuestras circunstancias, el Señor sabe lo que nos cuesta, sabe cuáles son nuestras posibilidades, conoce nuestras luchas y nos pide: “fidelidad”, fidelidad en lo pequeño, en las cosas normales de cada día.
Es muy bonito también, Señor, pensar que esos 10,000 ciclistas, personas de todo tipo, de todas las condiciones, pues estaban ahí pedaleando y estaban dirigiéndose hacia la meta cada uno con sus cosas, con sus circunstancias.
“Y eso es la santidad”. La santidad se busca en medio de las ocupaciones ordinarias.
También eso lo pensé en ese ratico de oración, ese domingo pedaleando, Tú estabas allí, Señor. Tú estabas en medio de aquella multitud, en medio del esfuerzo, en medio de la carretera.
Salía mucha gente a gritarnos, a animarnos y eso también me dio por pensar que podemos también hacerle barra a las almas del purgatorio, que están ahí pedaleando y esperando llegar también a la meta, llegar al Cielo.
Vamos a pedir por las almas del purgatorio. Vamos a pedir que ellas también alcancen la meta. ¡La van a alcanzar! ¡Ya lo saben!
Jesús, que nos preguntemos por estar desprendidos, si estamos desprendidos de nuestras posesiones, si vamos ligeritos, es muy difícil pedalear, es muy difícil subir una cuesta si uno tiene mucho peso.
Hay que ir ligeros, hay que ir muy livianos, las bicicletas son ligeras, son livianas, no pueden ser tampoco muy pesadas.
SIEMPRE ESTÁS A MI LADO
Que también vayamos por este mundo ligeros de equipaje, que no tengamos peso en el corazón, en la conciencia, que vayamos con esa libertad de movimiento.
Señor, gracias, gracias porque siempre estás conmigo, siempre estás a mi lado y siempre esperas en las circunstancias en las que esté, que te dedique un ratico de conversación, que podamos conversar estos 10 minutos.
Alguna vez se podrá hacer así, con calma, en una salita o en un Oratorio, mirando la imagen de la Virgen, como lo estoy haciendo en este momento, con un día soleado y otras veces, Señor, pues sobre una bicicleta, espero que no sean muchas.
La próxima vez, Señor, de pronto madrugo 20 minuticos o 15 minuticos antes y hago un ratico de oración antes de montarme a la bicicleta. Quizá ese es un buen propósito también.
Acudimos a nuestra madre, Santa María, madre mía, tú sabes cuánto nos cuesta a veces pedalear porque se nos hace difícil.
Cuánto nos cuesta también estar apegados a las cosas de este mundo, ayúdanos a vivir con los ojos puestos en el Cielo, pero los pies puestos en la tierra o en la bicicleta, porque hay que seguir pedaleando.
Que sepamos aprovechar cada día para amar y que cuando llegue el final de nuestro camino podamos encontrarnos para siempre con Jesús, con tu Hijo.
Jesús, no sé cuántos kilómetros me quedan, pero algo sí sé: que quiero recorrerlos contigo.

