EN MEDIO DE LA TORMENTA
¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios en medio de la tormenta? Esa es la pregunta que muchos estarán haciendo en este momento. Obviamente es una pregunta que se repite con demasiada frecuencia en la historia de la humanidad, pero particularmente en las circunstancias dolorosísimas que estamos atravesando aquí en Venezuela que nos llevan a rezar y a pedir cada vez más la protección del Señor.
Es una pregunta que se repite con muchísima actualidad. ¿Dónde está Dios en medio de la tormenta? Y no sabría si decir que es por casualidad o si es que el Señor quiere darnos fortaleza, que seguramente eso es la opción, pero el Evangelio que escuchamos para el día de hoy, el capítulo VIII de san Mateo, precisamente nos plantea un escenario muy parecido.
Es una escena que aunque tuvo lugar hace muchísimos años, muchísimos siglos, dos mil años, y en un lugar muy lejano en el mar de Galilea, parece que narra los sucesos de la vida cotidiana.
Jesús está en la barca, sus discípulos le siguen. Es una imagen de nuestra vida, de ese estar cerca del Señor, intentar estar muy cerca de Él. Pero de pronto se desata una gran tormenta. Las olas cubren la barca, obviamente empieza el pánico, se mete el agua en la barca y el peligro de hundirse, de naufragar, no es imaginación, es real.
MIEDO, PÁNICO Y DESCONCIERTO
Y así, aquellos que momentos antes estaban muy seguros por la cercanía del Señor, ahora empiezan en medio del caos a dudar. Y no solamente es el temor por el instinto de supervivencia, sino a ese miedo, a ese pánico, se une también el desconcierto, porque el Señor está allí con ellos en la barca, pero en medio de todo aquello, duerme plácidamente.
Claro, esta escena es un reflejo también de nuestra vida tantas veces, porque en algún momento de nuestro caminar hemos incluso mirado al Señor con algo de duda…¿dónde está el Señor?
Cuando la enfermedad toca nuestra puerta, cuando la injusticia es tal que crea en nosotros esa frustración, esa indignación, cuando alguien que queremos mucho se va y se va sobre todo muchas veces de modo inesperado.
Eso que nos daba seguridad, las estructuras que poco a poco ya hemos ido forjando para tener cierta tranquilidad, resulta que se desmorona. Y sentimos que Dios está en silencio. Sentimos que Dios duerme y nuestra barca se hunde.
¿Dónde está Dios en medio de la tormenta? ¿Cómo es posible que el creador de tantas cosas que nos impresionan por la potencia, por el tamaño, por lo grandioso… ¿Dónde está el Dios creador de todas las cosas? Aquel que tiene poder sobre todos los elementos. Parece que está muy lejos, especialmente cuando más lo necesitamos.
CONFIANZA EN DIOS
Esta pregunta obviamente forma parte de nuestra condición humana, porque la vida, los designios de Dios, sí forman parte de un gran misterio. Pero el Evangelio nos ofrece una respuesta que transforma esa percepción nuestra del silencio, del sueño de Dios.
Porque lo que nos plantea el Evangelio es que, el seguir a Cristo no es una garantía de que las cosas van a ser perfectas. El seguir al Señor no es una garantía de ausencia de tormentas. Lo que sí es garantía es nuestra salvación.
Seguimos al Señor, en Él hemos puesto nuestra confianza. Y así, aunque hoy parecía que el Señor estaba durmiendo, no es indiferencia… ¡¿Cómo lo va a ser?! Este es el mismo Jesús que se va a entregar en la Cruz por cada uno de nosotros. La palabra indiferencia no tiene espacio en su corazón.
Lo de hoy en el Evangelio y también en nuestra vida es una prueba de esa confianza plena que debemos tener en Dios Padre. Y además es una oportunidad para que tu fe y la mía maduren, terminen de crecer.
Cuando los discípulos finalmente despiertan al Señor, le dicen con desesperación,
«Señor, sálvanos que perecemos».
Allí el primer paso, que también es uno que tenemos que hacer tantas veces en nuestra vida, es reconocer nuestra fragilidad. Sin la ayuda del Señor, nada podemos. Somos muy poca cosa.
ESTAMOS EN SU MANOS
Lo terrible de cuando sentimos este terremoto, estos terremotos en estos días aquí en Venezuela, es que precisamente lo que nos daba seguridad eran estas paredes, estos muros, estas columnas, estas vigas, todo se vuelve gelatina. No sabes ni siquiera hacia dónde ir. Es que de verdad, nunca se está tan claro de que estamos en las manos de Dios.
Pero el Señor en el Evangelio de hoy los reprende y les dice,
«¿Por qué tienen miedo hombres de poca fe?»
Tú y yo este Evangelio lo conocemos y sabemos qué es lo que va a pasar después, pero antes de calmar el mar, el Señor se toma el tiempo, la tranquilidad, de increparles, de reprenderlos por la falta de fe.
Porque sí, ese miedo es todavía una señal de la fe inmadura. No es que sea pecado, porque el miedo es un mecanismo de defensa que tenemos todos, pero sí es un recordatorio de que nuestra confianza está puesta en el Señor.
Y el Señor finalmente toma las cartas en el asunto, viene la gran calma, se calman el viento y el mar, y nos enseña, este Evangelio, eso que tantas veces le gustaba decir a san Josemaría, citando la Carta a los Romanos, «omnia in bonum», todo coopera para el bien de los que aman a Dios, para quien tiene vida interior, para quien tiene un corazón limpio, para quien sabe dónde ha puesto su confianza y no quedará defraudado.
Dios a veces tiene que actuar con esa violencia, entre comillas violencia, que es amor, para que nuestro corazón se purifique cada vez más, para que nos soltemos de esas inseguridades que de entrada no son malas, no necesariamente tienen que serlo, pero sí muchas veces son un recordatorio de que nuestra confianza ha de estar puesta siempre en el Señor.
NUNCA NOS ABANDONA
La pregunta sigue siendo, en medio de la tormenta, ¿dónde está Dios? Con mayor razón en estos momentos que estamos atravesando.
Y la respuesta es, Dios está aquí, Dios está en esta barca, en tu barca, en la mia. Dios no es indiferente a nuestros dolores, tanto así que es el Dios que en el silencio de la Cruz está allí cargando con nuestros dolores. Dios está aquí también cuando Él toma nuestro lugar en el momento del castigo.
Dios está aquí cuando con su mirada amorosísima desde la Cruz, cuando la gente le grita para decirle que si de verdad es el Hijo de Dios que baje ahora de la Cruz, el Señor no se baja, porque quiere llegar hasta el extremo del dolor por amor a ti y por mí.
¿Dónde está Dios? La respuesta es que Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte, sino que Él ha tomado nuestra suerte sobre sus hombros. Dios camina contigo y conmigo.
Perdonen por la referencia personal, pero es evidente que lo que me preocupa ahora mismo es la situación en Venezuela. Y esta pregunta que me ha surgido a mí también, ¿dónde está Dios en estos momentos tan complicados? Pues yo he encontrado respuesta en tantas historias bonitas que circulan, tantos milagros de personas que se han salvado por muy poco.
Pero también he visto a Dios en tantas personas que han vivido la generosidad hasta el grado heroico todos estos días. Esas personas que no han dormido, las personas que han trabajado hasta con las uñas, las personas que han conseguido recaudar cantidades impresionantes de insumos, de dinero, de comida, de recursos.
PRESENTE EN CADA PERSONA
Está Dios presente en cada persona que ha vivido con un corazón generoso estos días viviendo la caridad por los demás.
Por eso, cuando alguien pregunte ¿dónde está Dios? Dios está aquí. Pero muchas veces Dios quiere estar también a través de cada uno de nosotros.
¿Qué dataría entonces de nuestra parte? ¿Cómo podemos hacer para que ya nadie pueda decir que Dios no está? Porque tú y yo seamos en este mundo los brazos de Dios, la palabra de Dios, los recursos de Dios.
Tú y yo tenemos que ser ‘Alter Cristus’, ‘Ipse Cristus’, tenemos que ser la cercanía de Dios, la mirada amorosísima de Dios, la mente de Dios.
Vamos a pedir a nuestra Madre del Cielo que especialmente en estos días nos ayude a confiar plenamente en esa voluntad amabilísima de nuestro Señor. Así como lo hizo ella al pie de la Cruz, atravesada de dolor.
No entendía del todo seguramente lo que estaba pasando, pero sabía que allí estaba Dios con ella. Dios es su Hijo, Dios no se quiso apartar de ella, ella tampoco pudo apartarse de Dios.
Que este Hijo suyo que calma las tempestades, calme también todas nuestras necesidades, especialmente de esta patria tan grande de Venezuela y de tantas almas que en todo el mundo se están acordando de rezar unidos por todos nosotros.
Señor, por intercesión de nuestra Madre, danos más fe, esa fe necesaria para reconocerte en tantos detalles, especialmente en estos días.
La fe para reconocerte en el silencio, aunque nos parezca que la barca se nos está hundiendo. Tú Señor, eres para nosotros el Señor de la historia y el Salvador de nuestras almas.





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