Jesús, hoy vengo a ponerme delante de Ti; acabamos de celebrar ayer la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz y casi de inmediato la Iglesia nos pone delante de los ojos el dolor de tu Madre, la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores.
Dos fiestas que van en realidad muy unidas de la mano, porque donde Tú estás clavado, ahí está ella de pie y quiero meterme con la imaginación en esa tarde del viernes santo, en el Gólgota.
Hace poco, compartiendo con unos misioneros en Costa Rica, nos mostraron una escena que me dejó pensando mucho.
Quiero hoy traer a mi oración contigo Señor, es justamente una escena de la cruz en donde ya han terminado Señor de crucificarte, donde están todos esos fariseos que ven desde lejos y justamente está tu Madre cerca de Ti con San Juan y María Magdalena y en eso llegan dos que vienen tarde, son Nicodemo y José de Arimatea.
Estos dos, llegan tarde porque claro ya estaba Cristo y cuando ellos están llegando intentan hacer algo, pero claro ya está crucificado el Señor y se muestra como José de Arimatea con la angustia en el pecho. con esa desesperación que nos da cuando sentimos que pudimos haber evitado una tragedia, tal vez quiso apresurarse, intervenir, como reclamar a los soldados o intentar hacer algo.
VER Y ADORAR
Pero Nicodemo que es el mayor y es el sabio, lo toma del brazo, lo frena con suavidad, con firmeza y le dice: “silencio, no ahora lo único que tenemos que hacer es ver y adorar.
Ver y adorar y claro, Nicodemo se da cuenta que en ese instante se está haciendo la redención y se da cuenta que se cumplen unas palabras de Cristo cuando sea levantado sobre la Tierra todo lo atraeré hacia mí.
Nicodemo, aquel hombre sabio de la ley que acudió en la noche a ver a Jesucristo al inicio de su ministerio, ha comprendido todo, recuerda esa conversación nocturna que tuvo contigo Jesús, cuando le dijiste esas palabras de
“así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado al Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna”.
Claro Nicodemo entendió que en esa aparente derrota humana estaba consumándose el misterio más grande de la historia. Nuestra redención, no era el momento de la agitación humana, era el momento del silencio, del asombro y de la adoración.
NUESTRA MADRE AL PIE DE LA CRUZ
Y al levantar la mirada, ¿A quien ve ahí haciendo justamente esto?, pues a la Virgen María. Ahí estaba la Virgen María haciendo justamente eso mientras otros lloraban desconsolados y no sabían qué hacer.
La Virgen estaba.. Hay un himno milenario de la Iglesia, se llama el “Stabat Mater” y la iglesia lo canta con tanta belleza.
Dice dice “Stabat Mater dolorosa juxta crucha en lacrimosa dum depende bad filiu” estaba la Madre Dolorosa al pie de la cruz, llorosa mientras colgaba su Hijo.
La Virgen estaba ahí de pie.
Stabat es mantenerse de pie y ella no se desmorona, no grita pidiendo que los soldados se detengan, o no busca culpables, o no busca correr a pedir auxilio a las autoridades.
EL DOLOR DE MARÍA SE UNE AL DE JESÚS
Ella sabe que ahí en tu carne desgarrada Jesús, se está cumpliendo la redención del mundo y su dolor es inmenso, el más grande que el corazón de madre haya soportado jamás, pero es un dolor que adora, un dolor que se une por entero al Tuyo.
Y Señor, cuántas veces yo me parezco a José de Arimatea, que llegan los dolores de mi vida, las noticias que no esperaba, las cosas que no me gustan, los planes que se rompen y primera reacción es la queja, el activismo desesperado, el enojo, el querer arreglarlo todo con mis solas fuerzas.
Jesús, qué difícil me resulta a veces detenerme y decir: aquí estás Tú, no entiendo todo lo que me pasa, pero me detengo a verte y adorarte.
HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO
El Papa Francisco, comentando precisamente este día de los dolores de la Virgen, nos recordaba que la fe de María, no fue nunca una fe cómoda o anestesiada, sino que nos regaló tres luces que hoy me gustaría compartir contigo.
Nos decía primero, que la fe de María es una fe en camino, las típicas cosas que al Papa Francisco le gustaban, porque nunca María se quedó quieta contemplándose a sí misma o revolcándose entre las cuatro paredes, sino que salió siempre y salió primero deprisa a servir a Isabel cuando recibió la noticia y toda su vida fue igual, un camino detrás de Ti, su hijo Jesús, como la primera discípula, hasta llegar a los pies del Calvario.
Su fe no era una rutina tranquila, era el riesgo de amar.
Segunda idea, que es una fe profética.
El Papa nos decía algo muy fuerte, no se puede reducir la fe a un azúcar que endulza la vida.
Tu Jesús viniste como signo de contradicción, y tu Cruz separa la luz de las tinieblas y nos pide decidirnos.
No podemos vivir con una fe tibia, acomodada con un pie en dos zapatos pues.
UNA ESPADA ATRAVESARÁ TU ALMA
María aceptó ser atravesada por esa espada que le cruzó el alma, porque así lo había ya profetizado en el momento que fue a presentar al Niño en el templo y estaba dispuesta porque su fidelidad era total.
Y la última es que la fe de María es compasión, porque el Papa Francisco también lo decía con unas palabras que se me han quedado grabadas en el corazón: “María dolorosa al pie de la cruz simplemente permanece, no escapa, no intenta salvarse a sí misma, no usa artificios humanos, ni anestésicos espirituales para huir del dolor”
QUE ABRACE LA CRUZ
Madre mía, cuántas veces yo huyo, cuántas veces la cruz se me hace pesada y busco cualquier pantalla, cualquier distracción, cualquier evasión para no sentir, para no abrazar el madero.
Y tú Madre, estuviste allí con el rostro surcado por las lágrimas, con la certeza de que la cruz de Jesús, transforma todo en amor y vence a la muerte.
Enséñame Señora, a no huir de las cruces cotidianas, enséñame a ver en esas cruces no una contrariedad, no una molestia, sino el altar donde unirme más a tu Hijo.
Y es que mi fe no se quede en ideas bonitas, sino que se haga compasión real con los que sufren, con los que cargan cruces pesadisimas a mi alrededor.
Jesús, que hoy ante cualquier cosa que me cueste me acuerde de Nicodemo y de tu Madre y que sea capaz de decir en mi interior: Aquí Tú estás salvándome, yo te veo y te adoro.
MADRE DOLOROSA
Esta es la realidad de la fiesta y Señora quisiera pedirte también la gracia de amar a Jesús con ese corazón tuyo, que fue traspasado por las espadas de dolor, que fueron también precio de nuestro rescate, porque Tu Señora estuviste siempre cerca de tu Hijo en las buenas y en las malas.
Sabiendo que las malas iban a llegar y nosotros también tendremos que hacer lo mismo.
Yo tengo en mi oficina un cuadro de la Virgen Dolorosa al que estoy viendo en este instante, a Ella le pido que todos los que escuchamos esta meditación nos sirva para unirnos más a la Virgen y adorar a Cristo en silencio, cuando vengan los problemas, cuando vengan las dificultades, cuando aparezca la cruz.

