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P. Rafael

7 min

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CORAZONES DESPIERTOS

Se dice que el acostumbramiento es el gran verdugo del amor. Y es un peligro, cuando nos hace perder la capacidad de asombro ante la grandeza de Dios.

Hace poco me conseguí con un dato inútil, pero interesante. Resulta que por allá, por el lejano 1964, un muchacho de 17 años, llamado Randy Garner, de Estados Unidos, obviamente, se sometió a una prueba, y esa prueba consistía en determinar cuánto podía aguantar una persona sin dormir. Y entonces, este hombre, este muchacho en su momento, posee el récord de la documentación científica de lo que el ser humano ha aguantado más tiempo sin dormirse, sin usar ningún tipo de estimulantes. 

Entonces, este muchacho se quedó despierto nada más y nada menos que 11 días yo ya con una noche que duerma menos de 6 horas ya estoy como un zombi al día siguiente pero bueno me parece increíble que alguien pueda durar 11 días 264 horas sin dormir y rompió el récord anterior que era de 260 horas que era una cosa también impresionante 

DESPIERTOS

Pero al parecer el récord no le duró mucho, porque pocos meses después, un hombre de Finlandia se mantuvo despierto ya no 11 días, sino 11 días y medio, en 276 horas. Es decir, lo superó por medio día más, por 12 horas más. ¿Y por qué cuento estas tonterías? Bueno, porque de algo va de eso va el Evangelio del día de hoy, porque pareciera que el Señor nos dice, hay que batir el record de horas sin dormir. 

Porque dice: 

“Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas. Sean como hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda para abrirle apenas llegue y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, encuentre en vela (es decir despiertos); yo les aseguro que se ceñirá, les hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles. Y si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, (es decir, despiertos, vigilantes), dichosos ellos”. 

Bueno, obviamente lo que el Señor nos pide aquí no es que pasemos días y días sin dormir. Dice el dicho popular que alma sana in corpore sano, es decir, poner los medios para estar de buena salud en la medida de lo posible; en cierto modo es echarle una mano a Dios, es facilitarle la tarea de que tengamos el alma más despierta, más tranquila, más sana para poder vivir como Dios nos pide. 

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ENERGÍA Y CARGA EN EL CORAZÓN

El Evangelio de hoy más bien nos hace una pregunta más profunda. ¿Cuál es el nivel de energía y el nivel de carga que tenemos en el corazón? Porque la invitación obviamente no es a quedarse despierto, sino a que el corazón esté despierto. Y despierto, por supuesto, en el amor de Dios. El Señor nos dice:

“Tengan la cintura ceñida y las lámparas encendidas”. 

Es decir, que no es solamente un tema de aguantar el sueño, de tomar mucho café o tomar bebidas energizantes o de tomar cualquier tipo de suplementos, sino sobre todo el tener una fe que no sea fe pasiva, de aguantar, de resistir, sino que sea una fe activa. 

El Señor nos está hablando aquí de fidelidad, pero de la fidelidad que no es resignación, sino todo lo contrario, esa aventura de mantener el corazón encendido en el amor incluso en medio de la noche. Cuando hablamos de fidelidad obviamente la imagen que nos viene a la mente es la del matrimonio; y a veces, sobre todo en las generaciones más jóvenes, pareciera que esta palabra es pecado mortal, la fidelidad. 

FIDELIDAD

Aunque hay un anhelo inscrito en el corazón de que alguien nos sea fiel a nosotros, notamos que cada vez más hay como un miedo al compromiso. Piensan que ser fiel sería más bien como aburrirse, sería una renuncia a la propia libertad o el aburrimiento de hacer siempre lo mismo. Pero la fidelidad cristiana no es para nada monotonía, no es como una piedra, es más bien la fidelidad como del fuego. Un fuego que sigue allí encendido y que permanece constante. 

Porque lo que el Señor quiere para nosotros es que permanezcamos fieles en el amor. Y es todo lo contrario a lo que uno puede pensar como lo rutinario. De hecho, se suele decir tantas veces que el acostumbramiento es el gran verdugo del amor. Es decir, que en medio de la fidelidad, aunque parezca que es siempre constante todo, hay algo que cambia, algo que se renueva, y eso es típico propio del auténtico amor. Aunque se haga exactamente lo mismo una y otra vez, el amor es el que hace nuevas todas las cosas. 

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PON AMOR Y ENCONTRARÁS AMOR

Por eso, qué tal si le pides ahora al Señor que, aunque te esté pidiendo hacer lo mismo una vez y otra vez y siempre, que encuentres la novedad de hacer las cosas nuevas porque hay cada vez más amor. Nos acordamos ahora de esa afirmación de San Juan de la Cruz: 

“Pon amor donde no hay amor y encontrarás amor”. 

Es decir, que en medio de las cosas más rutinarias, en las de siempre, en las que parece que no tienen especial brillo o que no hay mucha diferencia con lo de ayer o lo de la semana pasada o lo de hace meses, si ponemos amor, encontraremos la novedad del amor. 

Vamos a poner un par de ejemplos; por ejemplo, renovar con el amor lo que se repite siempre. El ejemplo más claro me parece, por supuesto, la Santa Misa. La Iglesia, en su gran sabiduría de madre, nos propone asistir a misa al menos una vez a la semana, los domingos, que es el Día del Señor. Y uno puede decir, bueno, otra misa más, otra semana más, otra vez haciendo malabares para poder hacer las cosas que están pendientes el fin de semana y asistir a misa. Otra vez este mismo sacerdote, la misma gente, la misma música del coro, el mismo lugar. 

TENER LA LÁMPARA ENCENDIDA

Y sin embargo cuando ponemos amor en esos detalles como asistir a la santa misa un domingo, por supuesto que si perseveramos conseguiremos también el amor de Dios. O no te digo ya de el amor en la oración, como estamos haciendo ahora. Si tienes tiempo escuchándonos aquí, Hablar con Jesús, seguramente alguna vez habrás dicho hoy, otra vez el padre fulano. Otra vez su misma historia, su mismo chiste, sus mismas anécdotas, su misma voz. Y sin embargo, también en esto puedes poner amor y encontrarte con facilidad con el amor de Dios. 

Y cuando hagas tu oración con un libro de lectura espiritual, o cuando vuelvas a leer ese pasaje del Evangelio que prácticamente te lo sabes de memoria, cuando tengas otra vez que hacer malabares para buscar tiempo, para estar a solas con Dios, pon amor y encontrarás amor. Cuando venga la sequía espiritual, que a veces viene por culpa nuestra y a veces es también una prueba de Dios. En todo caso, también en eso los santos nos han dado ejemplo de lo que significa la fidelidad en el amor. Tener esa lámpara encendida. 

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RENOVAR EL AMOR

Además, cuando el Señor nos dice

“que estemos despiertos en la segunda vigilia y en la tercera”,

esas son las horas más oscuras y las más frías de la noche, es el momento del cansancio, cuando los ojos parece que tienen plomo, se cierran solos y como que dar la batalla cuesta el doble o el triple.

  Bueno, muchas veces en nuestra vida llegan esos momentos de las últimas vigilias. Son momentos de duda espiritual, momentos de sequedad en la oración, momentos en los que parece que vamos a contracorriente, que tenemos que luchar contra la propia mediocridad, la presencia de los fracasos personales, las decepciones, el dolor a veces en la familia. 

Es muy fácil ser fiel cuando todo va bien, cuando todo es fiesta, cuando todo va a pedir de boca. Pero la auténtica fidelidad en el amor es como se dice en el ritual para el matrimonio, “en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza”. Es la elección que se hace no tanto por sentimiento, que también lo hay, sino por amor. Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a renovar todos los días de nuestra vida ese amor a Él en las cosas de siempre. 

 NO CAER EN LA MONOTONÍA

Que si se nos hace fácil hacer la oración, ir a misa, sonreír a la gente, tener detalles de servicio, si se nos hace fácil la paciencia con las personas, si nos va muy bien en el trabajo económicamente, si estamos de salud como un roble, obviamente será más fácil amar al Señor. 

Pero si todo eso falla, no hay problema, Señor, pondremos amor y conseguiremos ese amor tuyo. Además, recuerda que cuando el Señor nos está pidiendo todo esto, es porque Él mismo nos ha demostrado cuánto nos ama, y así es más fácil. 

Señor, te pedimos que no nos dejes caer en la monotonía, y no porque las cosas no se repitan, sino porque nos olvidemos de que siempre, en absolutamente todo, podemos poner más amor.


Citas Utilizadas

Ef 2, 12-22

Sal 84

Lc 12, 35-38

Reflexiones

Señor, te pedimos que no nos dejes caer en la monotonía, que  no nos olvidemos de que siempre, en absolutamente todo, podemos poner más amor.

Predicado por:

P. Rafael

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