En el evangelio de hoy escuchamos, Señor, que nos decís:
“Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo”.
No es como uno podría pensar, aquella afirmación que le dijiste a Pedro refiriéndote al perdón de los pecados. Esa potestad que recibe san Pedro, los obispos y los sacerdotes colaborando con la confesión. Sino que les estás hablando de otra cosa.
“Si tu hermano peca repréndelo a solas, entre los dos. Y si te hace caso, has salvado a tu hermano”.
Impresionante Señor, que si nosotros, esos nudos, pensaban que a veces nos atan porque no permiten una relación fraterna con otro, los podemos desatar y eso tiene consecuencias hasta el cielo, quedará desatado en el cielo. Qué significará eso, que uno pueda de alguna manera solucionar problemas, enemistades, amigarse, perdonar o ayudar al otro. Y que eso desate algo en el cielo como para siempre.
EJERCITAR EL DIÁLOGO
Quizá esto que por ahí lo sabemos pero no lo pensamos tanto, que nuestra vida, nuestras acciones pueden tener consecuencias más allá de lo que se ve también para la eternidad. Y por supuesto, la salvación, y acá nos hablas, Señor, de ayudar a otros porque si uno peca y uno a solas le puede hablar, lo puede ayudar a encaminarse. Es como lo contrario al escándalo, al que hace pecado, ayudarlo a que no peque, a que se encamine hacia el cielo. ¿Y de qué manera? Una manera es conversando a solas. Podemos desatar esos nudos para que queden desatados en el cielo acudiendo al diálogo. Y es una de las cosas que el Papa en la encíclica que nos escribió, Magnífica Humanitas, hacia el final nos aconseja cosas prácticas para que podamos vivir un poco las enseñanzas de la encíclica, construir la paz.
Uno de los consejos que nos da es relanzar el diálogo. Dice así el Santo Padre: “Para construir la civilización del amor debemos ejercitar el diálogo. Este es el principal instrumento de la convivencia entre las personas y entre los pueblos. Es la alternativa al conflicto abierto.
DIMENSIÓN ORDINARIA
El diálogo es una dimensión ordinaria de la vida humana. Y no se refiere únicamente a las relaciones entre los Estados, se trata de adquirir una actitud de construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos.
Porque si experimentamos el encuentro auténtico con el otro, el diferente, el extranjero, el inmigrante, se vuelve incluso mucho más difícil siquiera imaginar la guerra”.
El Papa ahí no se anima, no sólo como recurso ante un conflicto internacional, el diálogo para no caer en esa lacra que es la guerra. También entre las personas, con los demás. A veces por ahí no es lo más fácil. Por un lado, por sobre todo si uno tiene un problema, si alguien me ofendió, quizá más fácil es evitarlo, criticarlo.
SALIR AL ENCUENTRO
Pero el Papa nos anima acá al diálogo, vos también Jesús. Ve y reprende las olas. Instrumento principal de convivencia entre las personas y los pueblos. Hoy pareciera que está como más amenazado, que es más difícil el diálogo, escuchar a otro, hablar con otro. Porque tenemos ahí siempre la tentación de las pantallas. La otra vez veía en una entrevista, uno que decía que si hay gente que habla más con la IA que con otras personas.
A quién le consulta, a quién le habla, a nada, a un sistema, a la inteligencia artificial. Puede ser un peligro para la caridad, para la relación entre las personas, los vínculos, la amistad. Por eso acá qué bueno que vos Jesús en primer lugar y el Papa en la encíclica, nos anime al diálogo.
Recordaba, preparando este rato de oración, aquella anécdota del Papa León Magno, León I, en el siglo V. Cuando estaba avanzando Atila con los Hunos vienen arrasando Europa. Sale al encuentro, solo con un par de consejeros, de este hombre que era temido con su ejército. Tienen un diálogo que no quedó registrado, no se sabe bien qué fue lo que habló el Papa con Atila, pero el caso es que se pegó la vuelta y en lugar de invadir y saquear Roma, ya volvió a su patria.
CORRECCIÓN FRATERNA
Podría haber sido más fácil para ese Papa mantenerse escondido, huir; no tenía los ejércitos para defenderse, por las armas no les iba a ir bien en Roma y fue a buscar el diálogo. También san Francisco de Asís, en la época de las cruzadas que había esas luchas entre cristianos y musulmanes, fue a hablar con el Jeque árabe y quedó sorprendido de la sencillez de este hombre y de la valentía también. No se convirtió, pero si le dio un salvoconducto para volver. Gracias a los franciscanos, después tantos lugares santos pudieron ser lugares católicos.
Señor, querrás que hagamos nosotros de tender puentes, de evitar peleas. Porque uno se anime a acercarse a hablar tan sencillamente, incluso con quienes por ahí no me dan ganas. Incluso cuando tengo que salir de mi comodidad o tomar con humildad el primer paso yo. Cuando nos cuesta corregir esta corrección fraterna a la que nos animas en el evangelio de hoy Señor, cuesta.
CONSTRUIR LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
Probablemente primero uno tenga que rezar y pedir luces al Señor para decir las cosas de manera que el otro le anime, se sienta que lo queremos, que uno lo hace no por descargo o porque me moleste que seas así, sino para ayudarte, rezar. Pensar cómo vivo yo eso, si yo también puedo mejorar aquello en lo que corrijo. Y ponernos en el lugar a los demás, siempre para el diálogo.
Cómo ayuda ponerse en el lugar del otro para comprender, para tener empatía es una cosa tan buena. Así se caen los muchos prejuicios y en ese diálogo se abre la oportunidad de eso de la comprensión mutua, del ver al otro de otra manera sobre lo negativo. Y bueno es el camino para la amistad, para no quedarse aislados ni en la crítica, sino, pues, verdaderamente ayudar. Y como dice el Papa, esto que es tan lindo, tan esperanzador, construir la civilización del amor.
Vamos a pedirle a la Virgen, pensaba yo también en esa advocación que aunque tiene su origen en Alemania, la difundió el Papa Francisco, que era la Virgen desatanudos. Que si hay algún nudo en la relación con los demás encomendarle a Ella que nos ayude a desatarlo a través de ese acercarse, a través de la palabra, a través de ese diálogo sincero y bien intencionado.





Deja una respuesta