AMARNOS UNOS A OTROS
Hoy se cumple un año de la elección del queridísimo Papa León, nuestro Papa, así que vamos a pedir por él en esta oración. “Te pedimos Señor que lo bendigas, que lo cuides y también por la eficacia de su ministerio en la cabeza de la Iglesia; en concreto nos unimos a sus intenciones para pedir por la paz, por todo lo que el Papa tenga en la cabeza y en el corazón”.
Nuestra oración de hoy, Señor, mirando al Evangelio que escuchamos comenzar y terminar de una manera muy parecida; nos decís que nos amemos unos a otros como Vos nos amaste.
«Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado»
(Jn 15, 12).
Terminará el Evangelio de manera muy similar:
«Esto es lo que os mando: que se amen unos a otros»
(Jn 15, 17).
Y en el medio nos hablas Señor de que nadie ama tanto como quien da la vida por los amigos, que es lo que hiciste Vos por nosotros: dar la vida. Además, nos decís que nos llamás amigos porque no nos tratas como siervos, sino que nos diste a conocer todo lo que oíste del Padre.
Me viene a la cabeza, Señor, que nos diste a conocer lo que oíste del Padre, que es lo que escuchaste cuando fuiste bautizado por Juan o en el Monte Tabor:
“Este es mi hijo, el amado»
(Mt 3, 17).
Que sos el amado, eso nos lo diste a conocer y querés que también nosotros descubramos esa realidad que somos amados del Padre. Y por nuestra parte, si queremos ser amigos tuyos, nos decís bien qué tenemos que hacer:
«Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando»
(Jn 15, 14).
PEDIR LA GRACIA DEL ESPIRITU PARA AMAR
Y lo que nos mandas, una y otra vez nos lo decís, es que nos amemos unos a otros. Lo decís también al final y para consuelo, porque no podría pensar, Señor, cómo nos vamos a amar como Vos nos amaste –porque es una medida muy alta, no sólo porque das la vida sino por el corazón que tenés,por la profundidad de ese amor, la incondicionalidad; porque Vos sos Dios, sos verdadero hombre, pero sos Dios.
Y decía lo que nos decís al final nos puede dar consuelo y ánimo porque también nos decís que nos elegiste para que demos fruto y que lo que pidamos al Padre a través tuyo, Señor, se nos va a conceder. O sea que no es tanto a través de nuestras fuerzas.
Nomás que podremos amarnos unos a otros como Vos nos amaste, sino pidiéndolo, pidiendo la gracia en el fondo con ese mismo amor con que Vos amás. Es el Espíritu Santo que viene en nuestro auxilio para que podamos realmente querernos así.
AMISTAD DE IDA Y VUELTA
Pensaba en el ejemplo de algunos santos que han conseguido amar a los demás como Vos, Señor, nos amaste, y por tanto consiguieron hacer lo que nos mandás y ser tus amigos y podremos decir y conseguir así que Vos dieras la vida por tus amigos. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos porque la amistad es algo de ida y vuelta y aunque Vos nos ofrezcas tu amistad y nos trates como amigos y nos dejes conocer todo lo que el Padre te dio a conocer a Vos, si no hay una respuesta no hay una verdadera amistad.
Nosotros queremos Señor que ese amor tuyo sea el más grande, ser tus amigos y para eso ser lo que nos mandas: querer a los demás como Vos nos querés.
VER A CRISTO EN LOS DEMÁS
Te decía en estos ejemplos, algunos de personas santas. Santa Teresa de Calcuta en alguna ocasión recorriendo las calles encontraron una persona muy enferma con las heridas, con gusanos y mal olor, y una situación muy penosa que a otras personas daba rechazo solo acercarse porque les costaba, causaba repulsión la visión de ese hombre. Ella lo curó con sus manos, le sanó las heridas, le empezó a quitar esos gusanos con unas pinzas y le decía: “eres Cristo, eres Cristo” mientras hacía lo que podía por ese hombre.
En el fondo en todo este mandato tuyo Señor nos estás pidiendo que logremos amar como Vos amás y descubrirte a Vos al final en el otro. Amar con tu amor y amarte en los demás. Es lo que nos decís en otra parte del Evangelio que
«En cuanto lo hiciste con el más pequeño, conmigo lo hiciste»
(Mt 25, 40).
También en el caso de san Martín de Turce,aquella anécdota famosa de que en un frío invierno encuentra a un mendigo tiritando de frío, siendo él soldado romano –todavía ni siquiera había sido bautizado– y tuvo esa reacción de partir a la mitad de su capa para abrigarlo y después soñó con Vos,Jesús que le decías: Martín me ha cubierto con su capa.
Y QUERERTE
Ese es el desafío que tenemos Señor: verte en los demás, quererte en los demás, amar con el amor de Dios que es el Espíritu Santo que viene en nuestra ayuda. Podemos hoy, al hacer nuestra oración, pensar: ¿Jesús, a mí en quién te me iras a aparecer? Te le apareciste como una persona muy enferma y herida a la madre Teresa, te le apareciste como un mendigo muerto de frío a san Martín de Turce….
Cuento otra anécdota, a san Francisco de Asís que tenía mucha repulsión por los leprosos y un día, venciendo esa reacción natural, se le acercó y le abrazó, le dio un beso a un leproso y cuando se iba y se dio vuelta ya no estaba e interpretó y descubrió que era el mismo Cristo a quien había tratado así.
SER COMPRENSIVOS
¿Con qué cara te me vas a aparecer Señor? Quizá en mi familia, en mi trabajo, las personas que voy a cruzar hoy y que puede ser que no necesiten algo tan heroico de mi parte, que la mitad de mi abrigo, que venza así un rechazo visceral… ¡no! Por ahí es escuchar, por ahí es tratar de ser más comprensivo, por ahí es dar un pequeño servicio, así este amor Señor que viniste a traer a la tierra se verifica y vive y existe ese amarse unos a otros como Vos nos mandaste en cosas del día a día, no es algo para una ocasión muy especial.
Ayúdanos Señor a descubrirte en el prójimo, a no negarte ese cariño que con la ayuda del Espíritu Santo podemos dar, danos la luz para ver y también el corazón, la fuerza para querer, para querer quererte que muchas veces es una elección que se apoya en la fe, no en lo que es justo, en si se lo merece o no se lo merece, si puedo o no puedo… se apoya más en la fe de que Dios nos asiste.
Vamos a acudir a nuestra Madre que a todos nos mira como hijos. Hoy en Argentina celebramos a nuestra patrona la Virgen de Luján, así que a Ella especialmente también nos encomendamos.

