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Ecuatoriana, esposa y madre de tres. Abogada. Especialista en negociaciones comerciales internacionales.

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TESTIGOS DE LA PASIÓN: LAS AUTORIDADES

Ser testigo de un hecho sangriento no es cualquier cosa. Cuando el hecho es el asesinato de un inocente, la actitud del testigo define su perfil y sella su destino. Atrevámonos a reflexionar sobre qué hubiéramos hecho nosotros, frente a un crimen que marcó la humanidad para siempre.

A partir de este blog abordaremos algunos de los personajes que estuvieron presentes en la Pasión de Nuestro Señor, tratando de visualizar a esos mismos personajes en la escena actual.

EL MOMENTO HISTÓRICO

Sería injusto iniciar este recorrido sin intentar situarnos mentalmente en el momento y lugar en los cuales vivió y murió nuestro Señor. Si algo recogen los libros, es que Jesús nació y creció en poblaciones consideradas irrelevantes para el Imperio Romano, que dominaba el mundo conocido hasta entonces.

Por lo cual, vale decir con todo el respeto que cabe, que Jesús era lo que hoy diríamos “un chico de pueblo”.

Visto así, resulta en cierta forma entendible, que su mensaje haya sido considerado un disparate,  proveniente de quien ni siquiera tenía la categoría de ciudadano romano, según la legislación de la época.

ENCONTRARNOS EN LA ESCENA

Partamos del hecho de que muchas cosas de la época de Jesús, hoy no se entienden.  En el camino de la evolución, muchos elementos nos resultan impensables; pero si hay algo que también debemos reconocer, es que lo único que parece no haber evolucionado, somos los seres humanos.

Y es ahí donde los invito a que hagamos – junto a las entregas de esta serie- un esfuerzo consciente para ubicarnos a nosotros mismos,  en cada una de las escenas y personajes, para acompañar a Jesús en este camino de Su Pasión, que a través de los siglos, sigue siendo igual de doloroso a causa de los mismos pecados. A causa de las mismas reacciones de los testigos, dentro de los cuales estamos nosotros también.

 

LAS AUTORIDADES DE LA ÉPOCA

Como hemos dicho, Jerusalén estaba sujeta a la ley romana. Pese al desprecio con que los romanos miraban a sus conquistados, su éxito político fue respetar las instituciones religiosas de las poblaciones que iban anexando; permitiendo que autoridades eclesiásticas locales, mantuvieran a la gente contenta con sus dioses; pero siempre sometidos al orden legal y control militar romano.

Se podría decir que compartían poder; por un parte,  los líderes religiosos de los diferentes pueblos eran la autoridad moral; y, por otra, los delegados de Roma,  mantenían el control y hacían cumplir sus leyes. De ahí la famosa discusión en la que Jesús, sabiamente resume la situación de su época: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 22:21)

Vale decir que al ser Judea, un territorio poco relevante para el imperio, los enviados para regirla, no siempre fueron los más brillantes, sino todo lo contrario. Mientras que suponemos que los líderes religiosos, sí constituían una especie de “raza” especial, respetada y temida por sus seguidores.

LOS LÍDERES RELIGIOSOS

Los evangelios nombran a varios personajes en esta categoría, presentes a lo largo de la Pasión: el Sanedrín, compuestos por ancianos y maestros de la ley; Caifás y Anás.

Siendo personajes que infundían respeto y hasta miedo, nadie se atrevía a cuestionarlos, sin ser castigado. Tal vez por eso,  el interrogatorio de Jesús, podríamos decir,  que se hizo violando todas las normas del debido proceso, pues en su ámbito, ellos no rendían cuentas a nadie. Los propios miembros del Sanedrín lo abofetean, lo humillan y se burlan de Él sin que pueda defenderse.

La sentencia fue redactada y anunciada de antemano por el mismo interrogador, Caifás: “…Ustedes no entienden nada. No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.” (Juan 11:49-50)

Esto que narramos, no dista mucho de lo que sucede en nuestros días. Somos como ellos cuando nos atrevemos a juzgar al ausente; a humillar al que no se defiende; a dictar sentencia sin conocer nada. Nos apropiamos de una autoridad invisible, que nos hace creernos superiores al resto.

LAS AUTORIDADES

LA  AUTORIDAD ROMANA

Ahora vamos a imaginar al prefecto de la provincia romana de Judea, un hombre a quien nadie- tal vez ni sus superiores- conocían por su nombre;  pero a quien le “jugó el número” de estar en el cargo,  cuando le llevaron a Jesús.

Poncio Pilato no era – como también observamos- de los mejores funcionarios del imperio.

Un día, le traen a un hombre que acusan de rebelde. De agitador. Pilato no puede darse el lujo de permitirle a nadie que le agite su territorio. Con astucia, encuentra una forma de evadir su responsabilidad, y supuestamente siguiendo la ley, se declara incompetente para resolver asuntos religiosos. Públicamente dice no encontrarlo culpable.

Entonces,  toma una decisión que marca su nombre para la posteridad. Su cobardía lo hace actuar en contra de lo que no piensa.  Aún creyendo que Aquel era inocente, se lava las manos y la conciencia. Lo hace azotar y lo devuelve para la responsabilidad sea de otros. Pero, como la crucifixión sólo podía ser ejecutada por el sistema penal romano, no logra librarse de la decisión.

Ciego ante la verdad. Cobarde ante la injusticia. Temeroso de los respetos humanos. No quiere hacerse cargo de sus decisiones.

Soy yo también algo de Pilato cuando juzgo al ausente, temo perder mis privilegios o no quiero enfrentar mis errores.

El final feliz de este relato es que Jesús miró a Pilato con compasión. Con la misma que nos espera en el confesionario, si nos atrevemos a buscarlo con sinceridad.

REFLEXIÓN FINAL:

Las injusticias que se cometieron en contra del Señor se siguen cometiendo hoy, tal vez con diferentes matices.

No importa con qué personajes o defectos nos hayamos identificado. El Señor siempre nos da la oportunidad de imitar Su forma de amar, haciendo lo correcto cuando llegue el momento.

No todo está perdido, si somos capaces de acercarnos con confianza a buscar Su Misericordia.


Escrito por

Marjorie Chedraui de Valverde.

Ecuatoriana, esposa y madre de tres. Abogada. Especialista en negociaciones comerciales internacionales.

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