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Panameña, Educadora, embajadora HcJ Panamá.

5 min

El don del discernimiento

El discernimiento, desde la visión del Catecismo y la doctrina católica es el don del Espíritu Santo y el proceso prudente para reconocer la voluntad de Dios en los movimientos interiores y decisiones cotidianas.

A pocos días de haber vivido la celebración más importante del cristianismo, (la Resurrección de Jesús) esperamos que hayas renovado tus promesas bautismales, dado el paso de las tinieblas a la luz y que hayas incluido en tu decisión de conversión la petición del don del discernimiento.

Todos necesitamos un cambio en nuestra manera de actuar. Necesitamos mudar nuestro carácter de groseros a amables; de egoístas a generosos; de indiferentes a comprensivos; de incrédulos a creyentes y devotos; de agoreros en alegres y decididos; en personas que confiemos más en Dios sin ajetrearse pensando en el porvenir.

Estos cambios se logran de manera increíble con el don del discernimiento, que nos permite ver más allá de lo trivial.  Ora, incansablemente al Espíritu Santo, clama por discernimiento. Te aseguro que es uno de los dones más necesarios en nuestro diario vivir.

Lo puedes leer en Isaías 55:7 “Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé que tendrá compasión de él a nuestro Dios, que será grande en perdonar”.

Recuerda que invocar al Espíritu Santo no es un ritual religioso, es una acción diaria: amar el bien, detestar el mal: “Busquen el bien, no el mal, para que vivan, y que esté así con ustedes Yahvé… Aborrezcan el mal, amen el bien”. (Amós 5, 14-15).

Hata el fin
The Last Supper, Jesus breaks the bread.

La presencia de Dios se encuentra en la rectitud moral no en la religiosidad superficial.

Necesitamos cambiar nuestra manera de actuar, lo alcanzaremos por medio del Espíritu Santo, nunca podremos hacerlo solo. Intentaremos miles de veces transformar nuestra vida, los conflictos del hogar, del ambiente, pero todos los esfuerzos serán inútiles. Invitemos al Espíritu Santo y todo será distinto. “Entonces se le abrieron los ojos y le reconocieron” (Lucas 24,31). Hoy, el Espíritu Santo sigue iluminando nuestro entendimiento para que comprendamos la Palabra del Señor.

En 1980, Juan Pablo II reveló a un grupo de carismáticos su devoción por el espíritu Santo como fuerza y guía transformadora: “Yo desde pequeño aprendí a rezarle al Espíritu Santo…Mi padre me mostró en un librito el himno “Ven Creador Espíritu”, y me dijo: Rézola y verás que Él te ayuda a comprender. Llevo más de cuarenta años rezando este himno todos los días y he sabido lo mucho que ayuda el Divino Espíritu”.

Nuestra fe y piedad ferviente hacia Dios y hacia nuestros semejantes sólo la   alcanzaremos con la ayuda y presencia del don del discernimiento, Él nos dará hacia el Señor y nuestros hermanos los mismos sentimientos que tuvo Cristo.

No nos creamos autónomos y seguros, que no necesitamos de Dios ni de nuestros hermanos cuando tratan de corregirlos. Recuerda, el Señor respeta nuestras decisiones que, a veces, no son las más acertadas. No te ocurra como aquel Rey que por su habilidad para el comercio y el deseo de acumular oro aumentó su orgullo y provocó que se corrompe: “Fuiste perfecto en tu conducta desde el día de tu creación, hasta el día que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado.

Y yo te he degradado del monte de Dios”. Ezequiel 28,14-15. pidamos el don del discernimiento y así, saber lo que más nos conviene para no perder la gracia de nuestro Señor.

Salomón pide a Dios entendimiento para discernir entre el bien y el mal, y para gobernar. “Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo para discernir entre el bien y el mal. Cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan grande? Agradeció al señor esta súplica de Salomón. Entonces le dijo Dios: “Por haber pedido esto…obrará según tu palabra. (1 Reyes 3,9-12).

Por soberbios o incrédulos no pedimos frecuentemente al Espíritu Santo, sus luces, somos débiles y fácilmente caemos en pecado. Es una lucha frecuente entre amor y resentimiento, entre la fidelidad y la tentación y esta se presenta cuando menos te lo esperas.

Todos tenemos luchas íntimas que ni al Sacerdote nos atrevemos revelarlas, pero sí a Dios. Recuerda, tenemos al Espíritu Santo quien con su don de discernimiento nos ayudará, nos iluminará para que salgamos de esa oscuridad y así tomar las decisiones correctas.

Esto les pasó a los apóstoles después de la Resurrección de Jesucristo, el Espíritu Santo con su don de discernimiento les hizo entender todo lo que Jesús les había enseñado.

Ventanuco

El discernimiento de San Agustín

San Agustín, por medio del don del discernimiento logró descubrir maravillosas enseñanzas de la Biblia (que antes no había logrado, a pesar de que la leía y leía).

San Pablo aborda el don del discernimiento en varias de sus cartas y hace énfasis en la necesidad de la sabiduría espiritual para entender la voluntad de Dios y distinguir lo bueno de lo malo.

Busca la Biblia, invoca con fe al Espíritu del discernimiento, quizá no sea de inmediato, pero la práctica constante te ayudará a comprender y sacar valores fundamentales de vida y conversión. Si lees el Libro Sagrado con fe y concentración no dudes en que recibirás en tu corazón el mensaje del Espíritu. Jesús dijo: “Si, pues, ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!” (Luc. 11:13)

Aquí te comparto el nombre de algunos santos que coinciden en que el discernimiento es intelecto, una gracia que une la razón con el don del consejo y el amor de Dios: San José de Cupertino, san Bernardo de Claraval, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Padre Pío, San Agustín.

No vivas como si Dios no existiera, no lo dejes de lado. Si piensas que dedicar minutos para hablar con Dios o escucharlo es una pérdida de tiempo, entonces, nunca lograrás recibir el Espíritu Santo.

Comienza ya, te aseguro que llegará el momento en que sentirás ansias de Él, serás tú quien querrá hablar, orar, visitarlo todos los días, cantarle, pensarlo constantemente, llorarás de gozo cuando lo recibas en la comunión, le agradecerás hasta el cansancio, lo verás en todo lo que te rodea, querrás que todos lo conozcan.

Hoy te pregunto:
¿Estás dispuesto a vivir esta Pascua con la esperanza de que, al invocar el Espíritu del discernimiento algo nuevo renazca en tu interior?


Escrito por

Iris Contreras

Panameña, Educadora, embajadora HcJ Panamá.

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