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Obispado Castrense de Colombia. Capellán Dirección de Tránsito y Transporte

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Camino de contemplación a la Esperanza.

Adviento 2025, un camino de contemplación que conduce a creer en la Esperanza que no defrauda.

Cada 25 de diciembre la Iglesia celebra el misterio central de la Encarnación, donde el Hijo eterno del Padre asume la naturaleza humana para redimir a la humanidad caída. Para disponernos ante este acontecimiento trascendental, la madre Iglesia establece un tiempo litúrgico específico de preparación espiritual: el Adviento.

Es un tiempo de ascesis y vigilancia orientado a preparar la morada interior donde el Hijo de Dios nacerá. No se trata de una exigencia material o exterior, sino espiritual.

El alma es la cuna donde Dios quiere habitar. Por ello, esta preparación solo puede realizarse por la Gracia otorgada por el Espíritu Santo.

Ante la Encarnación, el cristiano debe preguntarse con sinceridad: ¿Creo verdaderamente que Dios se hizo carne para salvarme? Responder con sinceridad a esta pregunta implica recorrer un camino real de conversión y apertura a la Gracia.

No basta afirmar “sí, lo creo”, sino que es necesario contemplar este Misterio. A primera vista parece una “locura”, algo ilógico, el que Dios haya querido hacerse hombre por ti, pero lo hizo porque te ama y desea estar contigo por la Eternidad.

El Adviento es, por tanto, un entrenamiento del corazón para ejercitar un verbo propiamente cristiano: contemplar. Contemplar significa permitir que la gracia del Dios-Hombre penetre en tu realidad y, de este modo, ordene la vida hacia la plena felicidad, abriendo el corazón a la Verdad que ilumina y fortalece.

Esta contemplación transforma el modo de vivir: permite sonreír sin temores, mirar con esperanza, caminar con gallardía, amar verdaderamente, confiar como hijos del Eterno Padre y comprender el mundo como un lugar de misión.

Así, en medio de una cultura herida por el relativismo y la pérdida del sentido, el cristiano proclama ante la vida cotidiana: “Dios existe, se hizo hombre y lo hizo por amor”.

Que el Adviento 2025 no sea un año más de omisión o rutina, sino un tiempo de renovación profunda en el que, desde la fidelidad en lo cotidiano, nos dispongamos a la contemplación del Dios–Hombre que viene a salvarnos. Vivamos en la Verdad, aquella que el corazón humano tanto anhela y que, si no acoge el don de la Gracia, corre el riesgo de perderse eternamente.

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Escrito por

Diácono DAVID RODRÍGUEZ H

Obispado Castrense de Colombia. Capellán Dirección de Tránsito y Transporte

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