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P. Federico

7 min

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CONFIANZA COMO UN PEQUEÑO

Jesús nos anima a no tener miedo. Saber abandonarnos es lo más lógico del mundo, pero tal vez también de las cosas más difíciles. Pidámosle nos ayude a través de la Letanía de la espera.

NO TENGAN MIEDO

confianza

“Jesús, hoy intentaré atesorar esas palabras tuyas:

 A ustedes, amigos míos, les digo: no tengan miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más.

 Les enseñaré a quién tienen que temer: teman al que después de dar muerte tiene potestad para arrojar en el infierno. Sí, les digo: teman a éste. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno solo de ellos queda olvidado ante Dios. Aún más, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. No tengan miedo: valen más que muchos pajarillos.

(Lc 12, 4-7)

Intentaré, porque cómo cuesta…

Miedos. Por todos lados, con muchos temas, reales y ficticios. 

Ficticios porque el futuro no existe y me lo invento en mi cabeza; cuando el futuro llega ya es presente. Y siempre es distinto a cómo me lo imaginaba.

¡Pero qué ganas de controlar el presente y el futuro! ¡Qué ganas de controlar lo que no puedo controlar!”

“Vas a sufrir un ataque de ansiedad; o, quizás, lo estás sufriendo ya. ¿Cómo se te ocurrió sentarte en el asiento del conductor, si eres un niño? 

No logras hacerte con el control del vehículo, no llegas con el pie al pedal del freno, cada curva te provoca taquicardia y todos los vehículos que circulan a tu lado te parecen enemigos. ¡Si ni siquiera sabes a dónde vas! Sal cuanto antes del asiento de Dios.

(…) ¿Por qué quieres controlarlo todo, si no eres Dios, sino una pobre criatura? ¿No te das cuenta de que no puedes?

El propio Hijo de Dios, cuando subió a aquella barca con los apóstoles y se desató la tormenta sobre el lago, iba dormido en el asiento de atrás, como los niños. 

¿Quién conducía la barca? ¿Los apóstoles? ¡Qué va, ellos estaban como tú! 

Dios conducía la barca, las olas y los vientos. Jesús, como un niño pequeño, dormía.

Vuélvete al asiento de atrás, a la sillita del bebé. Y deja que Dios conduzca tu vida y te lleve por donde le plazca, que Él sabe. Tú descansa” 

(Evangelio 2026, José-Fernando Rey Ballesteros).

MEJOR CONTIGO, SEÑOR

Señor,“¡Que estrés querer llevar yo el timón del mundo Dios mío!”

¡Soy un pequeño! ¡Un pequeñajo! Un bebé…

En palabras de un poeta: 

“El que está en mi mano como el bastón en mano del viajero, ese sí me es agradable, dice Dios. 

El que se apoya en mi brazo como un bebé que se ríe, 

y que no se ocupa de nada, y que ve el mundo en los ojos de su madre, y de su ama, 

y que no lo ve y no lo mira más que allí,

ese me es agradable, dice Dios.

Pero el que hace cálculos en su interior,

en su cabeza, para mañana,

trabaja como un mercenario.

Trabaja horriblemente como un esclavo que gira una rueda eterna…”

(Ch. Péguy).

“Jesús, no quiero ser un mercenario. O, por poner una imagen más cercana, un hámster en su rueda infinita, en su rueda eterna. Eso es agotador. Además, me preocupo por las cosas que matan el cuerpo y no el alma. Es más, me preocupo por los cabellos de mi cabeza… Aunque a mí ya se me vayan cayendo bastantes, y no sé ni decirte el número…”

SOY PEQUEÑO

PARA RECIBIR... PEDIR

 

Soy pequeño. Me lo tengo que repetir… Aunque sea calvo, soy pequeño…

“Apoyado en su brazo, el hijo de Dios es como un bebé que se ríe, porque no tiene preocupaciones y se siente totalmente seguro. Se ríe sobre todo de sí mismo, de sus deseos de ser mayor, de sus defectos y miserias. Nada de eso le importa, porque sabe que su Padre le perdona, y sigue adelante con la ilusión de hacer lo que a Él le agrada. Como un bebé que se ríe: el abandono es también el secreto del buen humor” (Dios te quiere, y tú no lo sabes, Tomás Trigo).

Y Dios te dice, me dice:

“Cuando te abandonas en mí, hijo mío, me gusta. 

Cuando no te abandonas, cuando desconfías, no me gusta. 

Es así de sencillo. 

Cuando te abandonas, en realidad no te abandonas, porque yo me encargo de ti. 

Cuando no te abandonas, te abandonas, porque escapas de mi mano cariñosa”

(Ch. Péguy).

NO ME QUIERO ESCAPAR DE TU MANO

CONFIAR EN DIOS

No me quiero escapar de tu mano, 

“¿Será que me falta confianza, Señor? ¿Será que me falta fe? No sé. Yo creo que las dos cosas… Tengo que aprender a soltar. Ayúdame a soltar, a confiar como un pequeño confía en sus padres.”

“Hay que abandonarse totalmente. Abandonarse a medias, sería de tontos.

Era una vez un campesino. Caminaba penosamente con un saco de patatas al hombro. Otro campesino, vecino suyo, conduciendo un carro de caballos, se puso a su altura. 

–Sube –le invitó.

El que cargaba con el saco de patatas le dio las gracias y subió al carro por la parte de atrás.

El dueño del carro azuzó al caballo para que siguiera adelante, y pensó con satisfacción que le había hecho un buen favor a su vecino, que iría sentado, descansando y disfrutando del paisaje… 

Pero cuando el rostro volvió… se quedó de una pieza al verlo de pie, con el saco de patatas al hombro y haciendo equilibrios para no caerse.

–¿Tú eres tonto o qué? –lo increpó–. ¡Deja el saco en el suelo y siéntate!” (Dios te quiere, y tú no lo sabes, Tomás Trigo).

CONFIAR EN DIOS PARA NO LLENARNOS DE MIEDOS Y TEMORES

Hay que aceptar que así somos muchas veces…

Tú nos dices: no tengan miedo. Pero es difícil…

“Si no confiamos en Dios, nos llenamos de miedos y temores.

Miedo a que nos suceda algo malo, que venga de repente una enfermedad pequeña o grande a romper nuestra inestable felicidad.

Miedo horrible al fracaso profesional, a convertirnos en “perdedores”.

Miedo a que le pase algo malo a un miembro de nuestra familia, que nos convierte a veces en agobiantes controladores.

Miedo al tirano del qué dirán, a no ser apreciados y aprobados por los demás.

Miedo a la vida, que algunos pretenden superar huyendo de la realidad, enajenándose con cualquier ocupación o por medio del sexo, el alcohol y la droga. 

Miedo a que vengan más hijos, porque pondrán en peligro el bienestar.

Miedo a entregarnos del todo a Cristo, miedo a la Cruz.

Hasta sentimos un cierto temor cuando todo va bien, porque pensamos: ya hace demasiado tiempo que todo marcha sin grandes problemas; esto quiere decir que pronto llegarán las contrariedades… 

El miedo lleva al enfado, a la tristeza y a la ansiedad.

Sentir temor es humano, pero un hijo de Dios no puede dejarse dominar por él” (Dios te quiere, y tú no lo sabes, Tomás Trigo).

Ayúdame a no dejarme dominar por el miedo…

¿Cómo te lo puedo pedir? No sé. Aunque te lo digo con una oración que descubrí hace poco. Tal vez repetirla muchas veces me ayudará, a tí que me escuchas te lo recomiendo, tal vez nos pasemos de los 10 minutos.

Se llama la Letanía de la espera, y dice así:

LETANÍA DE LA ESPERA

Imagen: Sábado Santo, de Eugene Burnand

Oración escrita por la Hna. Josephine Garrett, CSFN

Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.

Del miedo a esperar, líbrame, Jesús.

Del miedo a la incertidumbre, líbrame, Jesús.

Del miedo al fracaso, líbrame, Jesús.

Del miedo al cambio, líbrame, Jesús.

Del miedo a que Tus promesas no se cumplan, líbrame, Jesús.

Del miedo a que mi sufrimiento no tenga sentido, líbrame, Jesús.

Del miedo a que mi sufrimiento no dé fruto, líbrame, Jesús.

Del miedo a mi debilidad, líbrame, Jesús.

Del miedo a que Tu gracia no sea suficiente, líbrame, Jesús.

Del miedo a que Tu voluntad no sea para mi bien, líbrame, Jesús.

Del miedo a que Tus planes no cumplan los deseos de mi corazón, líbrame, Jesús.

 

De la creencia de que espero solo, líbrame, Jesús.

De la creencia de que espero porque he hecho algo malo, líbrame, Jesús.

De la creencia de que esperaré para siempre sin una resolución, líbrame, Jesús.

De la creencia de que espero porque Tú nunca responderás, líbrame, Jesús.

De la creencia de que Tú me has abandonado en mi espera, líbrame, Jesús.

De las burlas de la tentación y del desánimo que me susurran mientras espero, líbrame, Jesús.

 

Cuando es difícil esperar con alegría, Jesús, esperaré contigo.

Cuando mis oraciones parecen no ser escuchadas, Jesús, esperaré contigo.

Cuando mis luchas me abruman, Jesús, esperaré contigo.

En mis alegrías, Jesús, esperaré contigo.

En mis penas, Jesús, esperaré contigo.

En los acontecimientos ordinarios de la vida diaria, Jesús, esperaré contigo.

En los tiempos de celebración, Jesús, esperaré contigo.

Cuando me siento estancado, Jesús, esperaré contigo.

Cuando discierno grandes decisiones, Jesús, esperaré contigo.

Cuando estoy cansado, Jesús, esperaré contigo.

Cuando estoy enfermo, Jesús, esperaré contigo.

Cuando estoy inseguro, Jesús, esperaré contigo.

Cuando nadie más quiere esperar conmigo, Jesús, esperaré contigo.

Durante la peregrinación de mi vida, Jesús, esperaré contigo.

Hijo de Dios, Emmanuel, Tú eres mi esperanza. En toda circunstancia, ayúdame a esperar contigo, en Ti, y por medio de Ti. Amén.

Tarjetas de oración de Totus Tuus Treasures. 

 

 


Citas Utilizadas

Efesios 1, 11-14

Salmo 32

Lucas 12, 1-7.

Evangelio 2026, José-Fernando Rey Ballesteros

Ch. Péguy

Dios te quiere, y tú no lo sabes, Tomás Trigo

 

Reflexiones

Jesús en tí confío, en toda circunstancia, ayúdame a esperar contigo, en Ti y por medio de Ti.

 

Predicado por:

P. Federico

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