ESCUCHA LA MEDITACIÓN

REINAR SIRVIENDO

Hablar con Jesús, que también aquí está bien representado. Bueno, todas estas cosas me han enseñado que la Iglesia es una y que la misión que tenemos todos en la Iglesia es el servicio, que así es como reina la Virgen y así es como el Señor quiere que también ayudemos al Reino de los Cielos.
Así que, Señora, hoy terminamos este rato de oración acudiendo a ti, Madre, Virgen, Reina, Madre del Rey que gobierna el Cielo y tierra, te pedimos que nos ayudes a reinar siempre sirviendo, como te gusta a ti y como le gusta a tu Hijo.

Jesús, hoy la Iglesia se viste de fiesta para celebrar a tu Madre como Reina. Y al ponerme delante de ti en este rato de oración, me viene a la cabeza esa consideración tan llena de fe de san Josemaría que se lee en Forja

“Es justo que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo coronen a la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado. Aprovéchate de este poder y con atrevimiento filial, únete a esta fiesta del cielo”. 

Qué descanso da saber que Nuestra Reina es ante todo Nuestra Madre. Pero al asomarnos al Evangelio que la liturgia nos propone para este día, no encontramos un salón de palacio ni una ceremonia deslumbrante con coronas de oro, encontramos la escena de la Anunciación. Y lo recordamos muy bien, dice: 

«El sexto mes fue enviado el Ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galileas llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la Casa de David. La virgen se llamaba María». 

MARÍA LLENA DE GRACIA

Esta es la primera vez que nos encontramos así en esta fiesta de la Virgen con el nombre suyo, María, quien encontró el Ángel, entró donde ella estaba y le dijo: 

«Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo» 

Y sorprende cómo es la reacción de Nuestra Madre. Ella se turbó al oír estas palabras y consideraba que podía significar este saludo y el Ángel le dijo: 

«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». 

Señor, qué contraste tan luminoso para coronar a la Reina del Universo. Tú no fuiste a buscarla en las grandes capitales del Imperio Romano, ni entre las familias influyentes de Jerusalén, ni en ningún otro sitio que tal vez podría llamar la atención. Tu mirada se posa en Nazaret en una aldea perdida, perdida en en todos los mapas. Y en una muchacha sencilla que pasaba el día ocupada en sus labores ordinarias; moliendo trigo, trayendo agua del pozo, rezando en silencio. Ahí comenzó su reinado en la fidelidad escondida de la vida corriente. 

FIDELIDAD EN LA VIDA ORDINARIA

Y esto nos tiene que interpelar a ti y a mi. A ti que me escuchas en este Hablar con Jesús y a mí, que predico hoy desde un país distinto al mío. Porque a veces caemos en la trampa de pensar que para agradar a Dios o para dejar una huella auténtica, necesitamos grandes escenarios, aplausos, cargos importantes o una visibilidad constante en las redes. Nos preocupan los números, el reconocimiento, el qué dirán. Y tú, Jesús, nos recuerdas hoy que la verdadera grandeza se forja lejos de los focos. 

La realeza de un cristiano se vive en ese informe de trabajo que terminas con perfección profesional, aunque nadie te felicite, en la paciencia con la que atiendes a un cliente difícil, en recoger la cocina a última hora de la noche con una sonrisa cuando estás ya cansado. En cuidar de los tuyos sin pasar factura, y ahí en lo que nadie ve, pero que Dios contempla con ternura. Ahí se construyen las obras que duran para la eternidad. 

DEJARSE SORPRENDER POR DIOS

Por eso, si contemplamos la escena, dice: 

«María le dijo al Ángel: —¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?».

Y responde el Ángel: 

«—El Espíritu Santo descenderá sobre ti y por eso el que nacerá de ti serás llamado Hijo de Dios».

Y le da luego el ejemplo:

«—Ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que daban estéril ya está en su sexto mes, porque para Dios nada hay imposible».

Y aquí vienen esas palabras fabulosas que nos ha dejado Nuestra Madre: 

«—He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según su palabra. 

Y el Ángel se retiró de su presencia».

María se deja sorprender por Dios y sus planes humanos quedan desbordados en un instante. No se repliega sobre ella misma, no pone condiciones, no calcula los riesgos. Sólo confía y sabe que cuando Dios pide algo es porque quiere darlo todo. Y Señor, cuánto nos cuesta a nosotros dejarnos sorprender por ti. Nos gusta tener la vida milimétricamente controlada, la agenda, los proyectos, la economía, el tiempo de descanso. 

REINAR SIRVIENDO

SEÑOR EN TI CONFÍO

Y de repente, tú, permites que algo rompa nuestros esquemas; un atasco imprevisto que arruina la mañana o una llamada urgente que interrumpe nuestro descanso. Una enfermedad en la familia, un revés laboral o una conversación que no sale como esperábamos. Y nuestra primera reacción suele ser la queja o el mal humor, la frustración. Y a veces les hacemos pagar por esto a los que más queremos. Sin embargo, hoy podemos pedirle a Nuestra Madre que nos enseñe a pronunciar su mismo Fiat, su “hágase”.

Aprender a decir por dentro en medio de la contrariedad, Señor, no entiendo del todo esto que me pasa, pero confío en ti y sé que me estás pidiendo en este momento que reaccione bien. Me estás pidiendo más paciencia, más caridad, más abandono en tus manos, que no me esconda en mi carácter, sino que luche contra mi falta de carácter. Y es que la realeza de María nos enseña una verdad liberadora que reinar no es dominar. Que reinar es servir. 

SERVIR, AYUDAR Y AMAR

El Papa Benedicto lo explicaba con mucha fuerza en una de las fiestas que predicó María Reina, que decía: “Hay una vulgar idea común de reina, que sería una persona con poder y riqueza. Pero este no es el tipo de realeza de Jesús y de María. Pensemos en el Señor, la Realeza y el ser Rey de Cristo está entretejido de humildad, de servicio, de amor. Es sobre todo servir, ayudar, amar”. 

Vamos a pedirle a Nuestra Madre que sepamos hacer lo mismo. Que sepamos servir, ayudar, amar. ¿Y cómo podemos reinar nosotros desde este punto en este sábado? Pues muy sencillo, vamos a hacerlo sirviendo a los que tenemos más cerca. Porque reinas en tu casa cuando eres la primera en levantarte a servir a los demás en la mesa o reinas en tu casa cuando cedes en tus gustos para ver la película que prefieren los otros. O reinas en tu casa cuando tienes un detalle de cariño con quien ha tenido una semana dura. 

Reinas en tu casa cuando vuelves a escuchar esa historia que has escuchado ya diez veces de tu madre mayor y no le pones mala cara. Y reinas en tu entorno cuando sabes escuchar con paciencia y respeto a quien piensa diferente a ti, buscando puentes, comprensión en lugar de discusiones que muchas veces son estériles. Servir, servir sin hacerse notar. Ese creo que es el modo más divino de reinar. 

NUESTRA MISIÓN ES EL SERVICIO

Estos días he estado participando junto con otras personas, de Hablar con Jesús en un congreso de Evangelizadores Digitales en la ciudad de San José de Costa Rica. Y realmente ha sido una cosa muy bonita, ver  primero tantas espiritualidades tan distintas a la mía en concreto, y cosas que no había visto  o experimentado o convivido más que nada. Y ha sido muy bonito ver el servicio de todos. Porque cada uno es distinto, cada uno tiene sus formas de actuar, evangelizar, pero el servicio se nota en todos. 

Hasta los más grandes influencers que tienen miles, cientos y miles de seguidores, hasta los chichiguas son los chiquitos, incluso el proyecto de Hablar con Jesús, que también aquí está bien representado. Bueno, todas estas cosas me han enseñado que la Iglesia es una y que la misión que tenemos todos en la Iglesia es el servicio, que así es como reina la Virgen y así es como el Señor quiere que también ayudemos al Reino de los Cielos. 

Así que, Señora, hoy terminamos este rato de oración acudiendo a ti, Madre, Virgen, Reina, Madre del Rey que gobierna el Cielo y tierra,  te pedimos que nos ayudes a reinar siempre sirviendo, como te gusta a ti y como le gusta a tu Hijo.


Citas Utilizadas

Ez 43, 1-7ª

Sal 84

Mt 23, 1-12

Reflexiones

Madre Nuestra, te pedimos que nos ayudes a reinar siempre sirviendo, como te gusta a ti y como le gusta a tu Hijo.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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