ESCUCHA LA MEDITACIÓN

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO

Hoy celebra toda la Iglesia a uno de los Doce, Tomás, apodado el Mellizo, y conocido sobre todo por el episodio que protagoniza ocho días después del Domingo de Resurrección, tal como nos relata san Juan en el evangelio de la Misa del día. A causa de su incredulidad inicial para aceptar la resurrección conforme al testimonio de los demás.

UN MOMENTO DE INCREDULIDAD

«Señor mío y Dios mío».

Esas palabras que deletreamos con mucho amor las rezamos cada día cuando empezamos nuestro rato de oración y se la debemos especialmente a Tomás, uno de los doce, apodado el Mellizo, que celebramos hoy en la Iglesia. 

Resulta que ocho días después de la Resurrección de Jesús, tal como lo cuenta el Evangelio, ante esa incredulidad del apóstol, Jesús aparece y santo Tomás se lo dice con esas lindas palabras, con esas hermosas palabras, con ese deleite de amor,

«Señor mío y Dios mío».

De hecho lo nombra así también en la meditación para que también le sepamos meditar muchas veces en el día,

«Señor mío y Dios mío». 

Y cuando se lo nombra es una manera especial porque santo Tomás no era un incrédulo. Algunos piensan que claro no tenía fe, efectivamente no tuvo fe como también te puede pasar a vos y a mí. 

Fijate, santo Tomás había dejado todo para seguir a Jesús, había convivido con él durante años, pero después de la Cruz le costó un poco la confianza. 

A vos y a mí nos puede pasar lo mismo, no te voy a mentir, a veces dudamos, a veces nos cuesta las cosas, a veces nos cuesta rezar, a veces me cuesta levantarme, a veces me cuesta salir de la cama, porque efectivamente todos tenemos también nuestras debilidades.

Pero ese «Señor mío y Dios mío» que dice hoy santo Tomás, nos llena de paz, nos llena de confianza y nos pone en sus manos porque queremos también confiar en Él como cuando le tocó las llagas de Cristo, «Señor mío y Dios mío». 

¿ME DEJO TOCAR POR CRISTO?

Tomás pasó de exigir pruebas a entregarse, de querer tocar las llagas a dejarse tocar por Cristo. ¿Te dejas tocar por Cristo? ¿Que te pida más cosas? ¿Te entregas de verdad para seguir en el camino? No elimines todas las preguntas porque preguntas van a haber siempre y la fe nace también de esa respuesta que Jesús nos da, nace de esos encuentros con Él.

«Señor mío y Dios mío». Confiemos como confió Tomás, confiemos también porque es prudente a veces preguntarse las cosas, conviene también discernir las cosas con mayor paz y mayor detenimiento.

En el Evangelio de hoy nos lo narra muy bien, porque efectivamente Jesús ya se había presentado ante muchos más, pero Tomás tenía sus ciertas dudas. Tomás dudaba si era o no era el que había aparecido. Él era un lanzador, una persona que vivía cosas con pasión, la verdad que tenía también ese rasgo bastante humano si querés, que Jesús se fía de él y lo llama a seguirlo.

Pero cuando muere Jesús, muere en la Cruz, Tomás le falta algo, no confía, y duda. Y ante las noticias que se escuchan en los evangelios de estos días de la resurrección, sabemos que también a Tomás algo le pasó, hasta qué punto hizo mecha en su corazón esa muerte de Jesús.

No es que se fue como los discípulos de Emaús o no es que desapareció o falleció como en el caso de Judas, no. En el caso de él fue una duda que nos llevó a llevar a todos a querer más y más, «Señor mío y Dios mío».

Señor mío

TESTIMONIO DE FE

Sabemos que santo Tomás ni más ni menos, fue a predicar a la India, murió ahí efectivamente y está enterrado en esas tierras. Y la verdad es que durante siglos, ese fervor y ese amor se descubrió con el tiempo. Pero fue gracias a Santo Tomás, fue gracias a que él que también se dio esa ilusión, ese testimonio y ese amor que también descubrió cuando Jesús se le presentó y se le dijo así: «Señor mío y Dios mío».

El caso de San Pedro, en el Vaticano. Está enterrado ahí en la Basílica, en las catacumbas. Por ejemplo, el caso de Santiago Apóstol en Compostela, donde está enterrado también en una tumba muy bonita que te recomiendo ir a visitar también.

Pero me encantaría visitar ahí la iglesia Malankara, la iglesia donde están los restos de Santo Tomás en la India, quizás no son muy visitados, pero Marco Polo sí que lo descubrió.

¿Y vos querés también dar ese testimonio de fe? ¿Necesitas más pruebas que Jesús le mostró a Santo Tomás en este día? ¿Necesitas que haga algo especial? Porque efectivamente, a veces dudamos o no creemos que Jesús ha resucitado. Y la verdad es que Él está con nosotros, y está para que sepamos descubrirlo más y más y no dudemos de Él.

¿Vos querés al Señor? ¿Lo amás de verdad? ¿Sabés darle ese todo? ¿Querés enterarte de lo que también el Señor te está pidiendo? (…)

CREER SIN HABER VISTO

Y si tenemos fe, pongamos las obras, si tenemos obras pongamos ese amor y renovamos también nuestra fe miremos a Santo Tomás, miremos su ejemplo, su audacia, su fe, porque de fe tenía y tenía un montón y lo manifiesta también cuando Jesús se resucita.

Es resucitado y exclama esas palabras tan bonitas, hoy las proclamamos con más detenimiento, con más amor, Jesús ha resucitado y dijo:

«Bienaventurados los que crean sin haber visto»,

porque en el caso de Santo Tomás él lo vio, pero también Jesús te pide que vos creas en él aunque no lo hayas visto.

A veces, al pensar en las palabras de Santo Tomás resultan muy fáciles, pero es algo para renovarlo continuamente, es un motivo fundamental de nuestra fe y así como lo hizo Santo Tomás también nosotros podemos renovar esa ocasión de buscar más y más lo que Jesús quiere mostrarnos. Él ha resucitado. Él quiere que también creamos y que seamos bienaventurados, incluso cuando no veamos. 

En estos días de más fútbol o de más Mundial, podríamos decir, algunos ya empiezan con especulaciones, a veces empiezan, los que tienen más devoción a un jugador, o más esperanza en un equipo, y me hizo gracia también como argentino, ahora que juega la selección contra el equipo de Cabo Verde, que Cabo Verde tiene un personaje muy querido en estas tierras que se llama el Negrito Manuel.

Quizás sabes la historia, pero el Negrito Manuel fue el que cuidó la imagen de la Virgen de Luján, un esclavo traído de África que llevó a estas tierras y cuando la Virgen se quiso quedar ahí donde está ahora la Basílica. Y descubrió que su amor a la Virgen era lo que le llenaba, “soy de la Virgen” nomás decía él. Un poco así como también Santo Tomás, “Señor mío y Dios mío”.

RENOVAR LA FE

Bueno, vamos a pedirle también hoy en este rato de oración a Santo Tomás que nos ayuda a creer como pasó también con el Negrito Manuel, que sepamos dar la vida por Jesús, que no tengamos miedo a mostrar a Cristo en nuestra vida. Que renovemos también nuestra afán para sabernos muy queridos por María, por Jesús. Y como dice el Evangelio de hoy, también renovar nuestra fe.

Acá estoy Señor, no necesito más muestras, no voy a ir a veces sí, a veces no, con la ayuda de Dios buscaré ese Resucitado que es lo único que me llena el alma.

Buscaré a Jesús resucitado que renueve nuestra fe, que ayuda también a mis obras y que también me ayuda a mostrar más mi fe.

Vos tenés dudas como tuvo también Tomás en su momento, y te repito, no es que solamente Tomás tuvo dudas, también a mí y a vos, nos puede pasar alguna vez, pero lo importante es que sepamos agarrarnos mucho de Jesús.

Señor mío y Dios mío, no tengas miedo y confía en Él. No tengas miedo. No te mientas porque a veces el demonio aprovecha para generar más dudas o generar una especie de agujero negro en nuestra vida.

Dale ese espacio a Jesús, dale esa oportunidad para ir hacia Él, empujar hacia Él. No quedarse lejos o no quedarse o que te dejes llevar por el agujero negro como te decía, el Negrito Manuel. El personaje de Cabo Verde como te decía, al que Argentina va a enfrentar en estos días.

Y me hizo pensar de vuelta también en ése “soy de María nomás”. Vamos a pedirle a la Virgen también acá, y a la Virgen de Luján, que sepamos confiar en nuestra Madre.

Que sepamos confiar en Jesús y confiemos en esas palabras del Santo Tomás que lo llevaron a decir Señor mío y Dios mío.

Sin duda y seguramente Tomás después de eso fue una explosión apostólica y de hecho llegó hasta la India como te decía. También nosotros podemos renovar nuestra afán y nuestra fe y nuestra esperanza,


Citas Utilizadas

Ef 2, 19-22

Sal 116

Jn 20, 24-29

Reflexiones

Confiemos en la voluntad de Dios, confiemos en las promesas que nos ha hecho y sobre todo dejemos que actúe su voluntad en nuestra vida y digámosle: Señor mío y Dios mío…

 

Predicado por:

P. Juan Manuel

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