“La lámpara del cuerpo es el ojo, si tu ojo está sano todo tu cuerpo estará iluminado”
(Mt 6, 22)
nos dice Jesús en el evangelio que la Iglesia nos propone el día de hoy.
Señor Jesús hoy quiero detenerme en estas palabras tuyas que parecen sencillas pero que esconden una enorme profundidad lo primero es que Tú no dices que la lámpara del cuerpo será la inteligencia, no dices que será el corazón, no dices que serán las manos; dices que la lámpara del cuerpo es el ojo porque los dos ojos son la puerta por donde entra la luz o entra la oscuridad y todo comienza por la mirada.
Dime qué miras y te diré hacia dónde camina tu alma y es que vivimos en una cultura que está saturada de imágenes, nunca antes el ser humano ha visto tanto pantallas, vídeos, publicidades, redes sociales, noticias, entretenimiento, magos e ilusionistas.
LO QUE MIRAMOS TERMINA MODELANDO NUESTRA VIDA
Es increíble nuestros ojos están constantemente recibiendo información, pero Jesús nos advierte que la cuestión no es cuánto vemos sino cómo miramos, porque la mirada no es un acto neutro, lo que miramos termina modelando lo que pensamos, lo que pensamos termina modelando lo que deseamos y lo que deseamos termina modelando nuestra vida.
Por eso Jesús afirma que
«si el ojo está sano, todo el cuerpo está iluminado».
LA LUZ O LA OSCURIDAD ENTRAN PRIMERO POR LA MIRADA

La luz o la oscuridad entran primero por la mirada.
Por eso hay una mirada dispersa que oscurece el corazón y una mirada limpia que le ayuda a estar más encendido.
Una mirada, digamos, dispersa es la parecida a una mariposa, que va de flor en flor incapaz de detenerse verdaderamente en nada; esa mirada vive buscando estímulos nuevos, emociones nuevas, curiosidades nuevas, algo que le haga reír o distraerse.
Oye y no has pensado que es muchas veces esto lo que nos sucede, por ejemplo, cuando cogemos el teléfono para mirar algo concreto y cinco minutos después estamos viendo algo completamente distinto. Saltamos de imagen a imagen, de video en video, de noticia en noticia y terminamos sin saber siquiera qué estábamos buscando al inicio.
Nuestros ojos se llenan de cosas pero el corazón queda vacío, esa dispersión termina creando una inquietud interior.
Aquí aparece una primera pregunta para que nos hagamos en nuestra oración: ¿Mi mirada me está acercando a Dios o me está dispersando? Señor Jesús, te pedimos que nos ayudes a quitar esa dispersión a no querer saberlo todo no el famoso: “fomo”: fear of missing something, algo que se nos pierda, que no lleguemos, que no nos enteremos, pues no.
Que estemos con la mirada realmente en lo importante porque la pureza comienza en los ojos.
PUREZA
A veces cuando escuchamos la palabra pureza muchas veces pensamos únicamente en la sexualidad, pero el evangelio en realidad va mucho más allá, la pureza es la capacidad de mirar las cosas como Dios las mira.
Es tener una mirada limpia, una mirada libre, una mirada que no utiliza, que no posee, que no consume, al contrario, que contempla.
La persona casta tiene una mirada agradecida, no posesiva, deja ser al otro, no lo convierte en algo suyo, solo para mí, “My precious” o algo que no puede compartir, al contrario.
DESCUBRIR LA PRESENCIA DE DIOS

Esto significa que la pureza de los ojos no consiste solamente en evitar imágenes malas, consiste en aprender a ver bien, a mirar correctamente, a reconocer la dignidad de las personas, a descubrir la presencia de Dios en la realidad.
Por eso el problema no es solo mirar el mal, es dejar de ver el bien.
Quizás aquí alguno de los aspectos más profundos de este evangelio, que muchas personas piensan que la pureza consiste únicamente en no mirar ciertas cosas, que es importante, de acuerdo, pero Jesús no se limita a eso, Él quiere mucho más.
Quiere que nuestros ojos aprendan a descubrir la belleza auténtica, porque el corazón humano está hecho para la contemplación, está hecho para admirar, está hecho para reconocer la presencia de Dios.
Por eso la castidad es algo más que decir no, es una afirmación gozosa del amor.
Me contaba una persona, en mis años de estudio en Roma que cuando salía a la calle se encontraba normalmente con algunas chicas que eran muy guapas, muy guapas y que él había aprendido siempre a que cuando veía una chica especialmente guapa daba gracias a Dios. ¡Gracias Señor por tus criaturas!
DAR GRACIAS A DIOS
Pero luego no se permitía el mismo tener una segunda mirada o ver si le estaba viendo ella también y tal, esta persona de la que hablo vivía el celibato apostólico, pero no es que venía todo malo, no, sino que al contrario daba gracias a Dios y eso es lo que me parece que tenemos que hacer todos dar gracias a Dios.
Porque cuando todo es malo, cuando todo es negativo, entonces claro las cosas se van complicando, una persona verdaderamente pura no vive obsesionada con evitar el pecado, no al contrario, es una persona que vive fascinada por algo más grande.
Vive atraída por la belleza de Cristo, por eso la castidad nunca es decir no, sino que es una afirmación gozosa del amor.
Jesús no dice si tu ojo ve cosas buenas, dice
“si tu ojo está sano”,
es decir, el problema no está solamente fuera, está dentro, si tu ojo está sano.
Dos personas pueden contemplar la misma realidad y ver cosas completamente distintas, uno mira a una persona, otro, con malos ojos ve un objeto, uno con mirada casta mira la misma persona y ve un hijo de Dios y otro con una mirada enturbiada ve una dificultad, ve una desgracia.
Uno mira la misma dificultad y descubre una oportunidad para amar, otro mira y ve que todo es negativo, uno contempla una puesta de sol y sigue pensando en sí mismo y el otro en cambio, puede contemplar la misma puesta de sol y termina alabando a Dios.
LA DIFERENCIA ESTÁ EN EL ALMA Y EL CORAZÓN

La diferencia no está en lo que mira, la diferencia está en el ojo, en el corazón y en el alma.
Por eso hay una conexión maravillosa entre este evangelio y las bienaventuranzas cuando Jesús dice:
“Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”
(Mt 5, 8)
y Jesús quiere decir que los limpios de corazón son capaces de descubrir a Dios, donde otros no ven nada.
Por eso los santos tenían esa capacidad de ver a Dios en una flor, en un enfermo, en una dificultad, en una conversación, en una jornada ordinaria, no porque Dios estuviera más presente en ellos, sino porque sus ojos estaban más limpios, su ojo estaba sano, su mirada estaba iluminada.
Por eso podríamos ir viendo en esta meditación, ¿Cómo cuidar la pureza de los ojos? bueno yo diría primero, vigilar lo que entra por los ojos, todo lo que aparece delante de nosotros merece entrar en nuestro corazón.
LA PUREZA EMPIEZA CON DECISIONES SENCILLAS
La pureza muchas veces comienza con decisiones sencillas, apagar algo, cambiar el canal, cerrar una página, salirse de un chat, apartar la mirada, no por miedo, sino por amor, porque queremos proteger la luz interior.
Y luego yo diría segundo pedir un corazón puro, igual que David rezaba ¡Oh Dios crea en mí un corazón puro! yo creo que el corazón puro que vibra con lo valioso y no con lo superficial, que tiene ese ojo que ha quitado las cosas malas antes, ha hecho de filtro eso no lo podemos hacer solos.
Eso es una gracia hay que pedirla y por eso el mismo rey David rezaba esto ¡oh Dios crea en mí un corazón puro!
Señor Jesús Tú qué dijiste que la lámpara del cuerpo es el ojo, purifica mis ojos, purifica mi manera de mirar, que mis ojos no se acostumbren a la oscuridad, que no busquen lo superficial, que no se queden atrapados en lo efímero.
Dame una mirada limpia, una mirada contemplativa, una mirada capaz de descubrirte en todas las cosas, porque cuando el ojo está sano todo el cuerpo se llena de luz.
Madre mía te pedimos que nos ayudes a hacer mejores hijos de Dios.



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