ESCUCHA LA MEDITACIÓN

QUÉDATE CON NOSOTROS

Todos, en algún momento, hemos caminado hacia “Emaús”. Ese lugar no aparece mucho en el Evangelio… pero representa algo muy concreto: el sitio al que vas cuando estás decepcionado.

El evangelio del día de hoy es el de los discípulos de Emaús. Cuentan que, dos de los discípulos iban a este pueblo que se llamaba Emaús, que estaba situado a unos diez kilómetros de Jerusalén y en el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Ahí aparece Jesús y les pregunta de qué hablan. Y ellos, con semblante triste, le van contando. Cleofás le pregunta:

«¿Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó estos días?»

Y le cuentan cómo ellos habían estado esperando a Jesús, el Mesías y éstos estaban muy tristes y reconocen que podía haber sido cierto lo que dicen las mujeres, que no encontraron el cuerpo cuando fueron esa mañana, pero luego dicen que a Jesús no lo vieron. 

Y Jesús, (que no se revela todavía como Jesús), les explica por qué era necesario que el Mesías soportara estos sufrimientos para entrar en su gloria.

Después, cuando se acercan al pueblo donde iban, Jesús hace como el ademán de irse y ellos le insisten:

«quédate con nosotros porque ya se acaba el día»

(Lc 24, 13-35).

Cuenta el texto del evangelio que se quedaron con Él y le reconocieron al partir el pan. 

HEMOS CAMINADO HACIA EMAÚS

Entonces ahí desaparece Jesús y los ojos de los discípulos se abrieron, le reconocen y se vuelven para decirles con alegría a los demás discípulos que habían visto también a Jesús y comparten esa frase

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Esto es cómo funciona el evangelio de hoy. 

Todos en algún momento hemos caminado hacia Emaús, ese lugar donde no aparece mucho en el evangelio, pero representa algo muy concreto que es el sitio al que vas cuando estás decepcionado, cuando algo no salió como esperabas, cuando una relación se rompió, cuando rezaste y Dios parecía que estaba en modo avión. 

Ese momento en el que uno piensa “Señor yo te hablaba, pero Tú parecías estar en silencio o en otro chat” y los discípulos de Emaús están así: están tristes, están confundidos, están desilusionados.

Lo más fuerte tal vez es esto: no se van porque odien a Jesús, se van porque esperaban más de Él. 

quédate

Dice el evangelio que se iban alejando de Jerusalén. Mira Jerusalén no es sólo un lugar, sino que es el lugar donde Dios actuó y ellos se alejan, caminando, hablando, pero sin esperanza. 

«Nosotros esperábamos»

dice el texto, esa frase es peligrosa porque no dicen: seguimos esperando, dicen: esperábamos. 

Y tal vez tú también has dicho eso: yo antes creía más, yo antes rezaba más, yo antes confiaba… y sin darte cuenta empiezas a alejarte poquito a poco sin hacer ruido, pero alejándote; te vas de Jerusalén, del sitio donde conociste a Jesús, de las personas que tal vez te llevaban con más fuerza a Él. 

JESÚS CAMINA CONTIGO

Pero lo increíble de este relato (gracias, Señor, porque Tú sales al encuentro, incluso cuando nosotros nos alejamos) es que Jesús no se queda en Jerusalén esperando a que vuelvan, sino que sale a buscarlos; Jesús camina con ellos, aunque ellos no lo reconocen. 

Esto es clave para nuestra vida, porque, aunque no lo sientas, Jesús está caminando contigo; aunque estés lejos, Él no se ha ido; aunque estés frío, Él sigue hablando a tu corazón. 

Gracias Señor porque Tú no nos abandonas, porque Tú, aunque nosotros nos distraigamos, sí te quedas con nosotros.

Es divertido como Jesús hace algo como curioso, se acerca a estos dos discípulos y les pregunta de qué hablan, como si no supiera. El Señor resucitado haciendo de curioso ahí. 

Pero es lógico porque no pregunta porque no sepa, pregunta para que le abran el corazón, para que tú le abras el corazón. 

Los discípulos estaban decepcionados porque Jesús no cumplió con lo que ellos esperaban, ellos esperaban un Mesías poderoso y encontraron una Cruz. 

DIOS SÍ ESTÁ

Aquí hay una clave muy práctica, porque muchas veces nos alejamos de Dios, no porque Él falle sino porque no hace lo que yo quería. Querías que se solucionara ese problema o que cambiara a esa persona o que enviara más vocaciones o que te evitara ese sufrimiento o que… tantas cosas que al final, no lo hizo. 

Entonces piensas: Dios no está, Dios no me escucha, cuando en realidad Dios sí está, pero está actuando de otra manera. 

Fíjate como se acerca Jesús a estos dos discípulos que se alejan de Jerusalén, que se hace el encontradizo, que les pregunta de qué hablan y cuando ellos le explican empieza a explicarles Él las Escrituras. Empieza a demostrarles por qué el Mesías tenía que sufrir. 

Esa explicación debe ser tal vez una de las explicaciones más… qué pena no haber grabado Señor eso, porque yo he leído por lo menos dos o tres libros con la imaginación de varios autores que intentan hacer esa conversación, cuando les explicaste Señor a esos dos discípulos todo lo que había en las Escrituras, que se señalaba el Mesías y cómo tenía que sufrir. 

Y Tú haces eso Señor, empiezas a explicarles las Escrituras. Ahí algo empieza a cambiar. No ven, porque todavía no te reconocen, pero sienten, no entienden todo, de acuerdo, pero les arde el corazón. Dicen:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba?»

INVITAR A JESÚS A QUEDARSE

quédate

Tú y yo, que me escuchas este instante, tenemos una pista clarísima para nuestra vida espiritual. Podríamos decir: ¿cuándo podemos volver a escuchar a Dios? Cuando vuelves a rezar, cuando vuelves a abrir el corazón, porque ahí algo empieza a encenderse por dentro. 

No siempre va a ser espectacular, no va a ser una cosa que llame la atención, pero sí es una cosa real. Este es el momento decisivo, hay que aprender a vivir esto e invitar a Jesús a quedarse. 

¿Cómo continúa el evangelio? Que llegan al pueblo y Jesús hace como si sigue de largo. Porque Dios nunca se impone, pero ellos hacen algo clave, se dan cuenta que han aprendido tanto de ese “Forastero”, que no le reconocen, que está caminando con ellos, les ha explicado tan a profundidad que seguramente ya sentían, primero que les ardía el corazón, pero sentían como unos tontos haber dejado a Jesús y haber salido de Jerusalén de esa manera.

Por eso cuando ven que Jesucristo se está yendo hacen esa pregunta al “Forastero” (porque no le habían reconocido todavía como Jesús) le dicen:

«Quédate con nosotros Señor».

JESÚS SE DEJA ENCONTRAR

Y fíjate, esta es la oración que cambia todo:

«Quédate con nosotros Señor»,

quédate con nosotros. Y mira no es esta una oración perfecta, no es un discurso, sólo es una súplica: “Señor, quédate, quédate” y el Señor se queda. 

Fíjate, en la fracción del pan lo reconocen, se queda con ellos, hacen la fracción del pan igual que la hicieron el día de la Última Cena y ahí se abren sus ojos. 

Jesús se deja encontrar, especialmente en la Eucaristía y los discípulos hacen algo impresionante, vuelven a Jerusalén de noche, cansados pero transformados. Es el mismo camino, pero ahora un camino con sentido. 

Hoy Jesús te hace la misma pregunta: ¿por qué te has alejado? ¿Por qué te has decepcionado? ¿Por qué dejaste de esperar? Y también nos hace una invitación: “Déjame caminar contigo otra vez. Invítame a quedarme. Vuelve, aunque no tengas todo resuelto. 

Porque cuando Jesús entra en tu camino, el corazón vuelve a arder y la esperanza vuelve a empezar. “Señor, quédate conmigo porque sin Ti siempre termino yéndome”.

Vamos a poner estas, Intenciones en manos de nuestra madre la Virgen María: Señora ayúdanos a repetir con el corazón siempre, “quédate conmigo Señor” porque tú lo habrás dicho tantas veces también: “Jesús quédate conmigo” y tu Hijo te habrá respondido siempre con una sonrisa: “aquí estoy Mamá”. 

Si te ha gustado esta meditación te invito a que la envíes a alguien más para que lleguemos a más personas en este proyecto de Hablar con Jesús.

Y si te gustó, de verdad, escúchala varias veces, porque a mí me ha ayudado también a rezar primero a mí y luego quisiera que muchos le digan a Jesús también: “Quédate con nosotros, Señor”.


Citas Utilizadas

Hch 3, 1-10

Sal 104

Lc 24, 13-35

Reflexiones

Señor, quédate conmigo, porque sin Ti siempre termino yéndome.

Predicado por:

P. Juan Carlos

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?