ESCUCHA LA MEDITACIÓN

SI DIOS QUIERE

Que este rato de oración no sea para alimentar mi orgullo, sino para cimentar mi humildad. Que aprenda a decir con verdad y abandono: “Dios mediante”, reconociendo que sólo con tu gracia podré seguirte hasta la Cruz y participar de tu gloria.

Nos ponemos en presencia de Dios con esta oración que acabamos de hacer de inicio, en este Martes Santo a las puertas de tu Pasión, Señor, porque queremos que, igual que Pedro, que estuvo en el Cenáculo, nuestros corazones ardan con deseos de seguirte, sabiendo a la vez que nuestra voluntad es un poco quebradiza.

Te pido, Señor, que en estos minutos de meditación nos concedas la luz del Espíritu Santo para no mirar nuestra propia sombra, sino siempre mirar tu rostro. Ayúdanos a reconocer que nuestra seguridad no puede nacer de nuestros propósitos, sino de tu misericordia. 

“Señor, no te fíes de mí, yo sí me fío de Ti”

(San Josemaría, Camino 113). 

Quería comenzar así este rato de oración, porque es fuerte el evangelio que nos propone la Iglesia el día de hoy.

Voy a leer sólo la última parte, el Señor está en el Cenáculo. Ya había salido Judas, era de noche y cuando ya se va, Jesús dice:

«Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero Yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: “a donde Yo voy, ustedes no pueden venir”».

Y ahí salta Simón Pedro que le dice:

«Señor, ¿a dónde vas?»

Y Jesús que le dice:

«A donde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».

Pedro le responde con ese amor fuerte que tiene en ese instante:

«¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por Ti».

Seguramente es lo que sentía en ese instante, pero mira lo que le responde Jesús:

«Darás tu vida por mí. Te aseguro que no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces»

(Jn 13, 33-38).

SEGUROS COMO PEDRO ANTES DE LA PASIÓN

pasión

Nos imaginamos cómo se pondría en ese momento san Pedro que se había movido por un amor auténtico, pero todavía demasiado impulsivo,

«yo daré mi vida por Ti».

Podríamos decir que su error no es el deseo sino el fundamento. Pedro se apoya en su propia voluntad olvidando que sin la gracia no podemos dar un paso firme.

San Agustín comentaba este pasaje y decía que Pedro prometía, pero el Maestro sabía lo que Pedro ignoraba; él se creía capaz de morir por su Señor, pero aún no era capaz de vivir por Él, de vivir por Jesús. 

Tenemos que pensar cómo trabajamos nosotros, pensamos que trabajamos siempre con nuestra fuerza, si yo me propongo lo consigo.

También san Josemaría nos decía, ¿qué sería de mí si no me ayudaras? No te fíes de mí, apóyate en la filiación divina. Somos hijos de Dios. Esta es realmente la solución que tenemos que aplicar: Pensar que es el Señor el que hace por nosotros. 

La advertencia de Jesús sobre las negaciones no es un castigo, sino una lección de humildad. Nos enseña a sustituir el “yo puedo” por el “si Dios quiere” o “Dios mediante”.

Esa expresión tan arraigada en al menos la forma de hablar latinoamericana, que es una cosa de fe también. No es una muletita, sino una confesión de nuestra total dependencia del Padre. “Dios mediante podría hacer esto”. O “si Dios quiere, estaré ahí mañana”. 

Eso es lo que tenemos que intentar. No son, por así decirlo, los algoritmos o nuestra elocuencia los que nos convierten, sino la acción del Espíritu Santo, en la medida en que somos instrumentos dóciles, somos instrumentos de Dios.

A veces nos sentimos seguros, como Pedro antes de la Pasión. Y de pronto el gallo canta, pero no es para desesperar sino para darnos cuenta de que sólo Dios es la roca, de que sólo ahí tenemos nuestra fuerza para seguir adelante. 

UN LLAMADO A LA VIGILANCIA

Fíjate que este texto tiene una solución.

«Jesús le dice a Pedro: “Más adelante me seguirás”»

y Pedro no se queda con esas palabras, lo quiere ya todo ahora. 

A pesar de la traición inminente, el Señor ya le está preparando para la restauración. La advertencia sobre las tres negaciones es un llamado a la vigilancia. No debemos tener miedo a nuestra debilidad, sino a nuestra soberbia. 

Por eso san Ambrosio señalaba que Pedro lloró porque su falta fue de presunción. No de malicia. Sus lágrimas fueron el inicio de una entrega, ya no basada en sí mismo, sino en el amor. 

¿Qué harías de mi vida, de mi apostolado? Estoy diciendo: ‘¿Yo lo haré’ o cuenta con eso? en lugar de ‘¿Señor, con tu ayuda lo haré’?

A veces podría pensar que es como una falta de decisión, pero en realidad es mucho más profundo. Sin Él no podemos hacer nada. 

Señor Jesús, hasta ser un buen amigo. A veces uno dice cosas que pueden afectar a los demás, tal vez por no pensarlas rápido o tal vez porque habría que decirlas de alguna forma y no sabemos cómo va a ser la actitud de los otros. 

Pero fíjate, Dios mediante todo se arregla, cuando Dios está en el medio todas estas cosas terminan por desaparecer, si es que hay una consecuencia práctica de volver a Dios, de ponerle a Él en el centro, por supuesto. 

Pasión

Por eso, qué importante es que sepamos reconocer nuestros problemas, nuestros errores, nuestras cosas que no funcionan bien, para que tengamos eso: “con tu ayuda Señor lo haré” y luego pedirle la ayuda. 

Cuando uno dice: “Dios mediante”, da la impresión de que ya le está pidiendo a Dios. No quiero cambiar la forma de hablar de los que nos escuchan, pero de que cada uno vaya buscando esas fórmulas que le sirvan también para tener presencia de Dios. A veces esa presencia de Dios que nos parece que es un poco difícil. 

CÓMO ACUDIR AL SEÑOR

Hablando con una señora me decía que se había ido a confesar y que el padrecito le había dicho que, para tener más presencia de Dios, ella se ponga alarmas en su teléfono.

Me pareció una buena idea, pero ella me decía: sí, pero tengo tantas alarmas por mi esposo que le tengo que dar pastillas cada cierto tiempo que ya no me entran más alarmas. También es cierto, pero por qué no, mientras escuchas la alarma y le das la pastilla a tu esposo, rezas algo o pides por las almas del Purgatorio o haces algo más. 

No es que tiene que ser algo específico de que sólo haya una alarma para esto, sino más bien pensar cómo acudo al Señor para sacar esas gracias, para no hacerlo todo solo; para las mismas cosas que hago que tengan más sentido de entrega al Señor.

Señor yo quiero entregarte todo, aunque a veces de la sensación de que no.

Porque esa es la única cosa real y buena en nuestras vidas: hay que tener esperanza incluso en la debilidad ese

«más adelante me seguirás»

es una promesa de la gracia que también perfecciona nuestra naturaleza herida. 

Gracias Jesús por esa advertencia que le hiciste a Pedro y que hoy me haces a mí. No permitas que me escude ni en mi cargo ni en mis talentos, en mis éxitos apostólicos para creer que soy inexpugnable.

Hazme un buen amigo y cuando el gallo de mis propias caídas cante y me recuerde mi fragilidad, no permitas que caiga en la desesperación de Judas, sino que busque, como el apóstol, tu mirada de perdón. 

Como Pedro que vio tu mirada, buscó tus ojos, aprenda a seguirte más adelante, que significa que cuando ya no confíe en mis fuerzas, sólo confíe en las tuyas.

Madre mía, Virgen de la Esperanza, enséñame a vivir bajo el amparo de la providencia, para que cada paso de mi vida sea un hágase constante, sabiendo que mi debilidad es el lugar donde mejor resplandece el poder de tu Hijo.


Citas Utilizadas

Is 49, 1-6

Sal 70

Jn 13, 21-33-38

San Josemaría, Camino 113

Reflexiones

Señor, yo quiero entregarte todo.

Predicado por:

P. Juan Carlos

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?