Me pongo en tu presencia, Señor. Sé que estás aquí, que me ves, que me escuchas, me conoces, cuentas conmigo y hoy quiero meditar el pasaje del Evangelio que nos propone la Misa de hoy, y me impresiona, Señor, tu modo de actuar.
Subes a Jerusalén, cuenta san Juan que lo haces a escondidas, primero suben tus amigos, sabemos quiénes son, suben tus hermanos, sabemos quiénes son.
Marchan a la fiesta y Tú subes a escondidas, pero cuando llegas al templo, cuando llegas a Jerusalén, empieza la gente a decir: ¿Pero no es este el que intentan matar?
Mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?
Ahí está Jesús, ahí estás Tú, Señor, hablando, subes a escondidas porque no quieres protagonismo. Es verdad, te están buscando para matarte.
Sería más fácil ocultarte del todo, quedarte encerrado, pero no puedes, no puedes callar. ¡Te puede más el deseo de hablar, de dar a conocer la Buena Nueva!
Es como si dentro de Ti hubiera algo más fuerte que el miedo, por supuesto, algo más fuerte que la prudencia humana y es la necesidad de hablar de tu Padre.
EL VERDADERO
Dice san Juan:
“Entonces Jesús mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, Yo no vengo por mi cuenta; sino que el verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis. Yo lo conozco, porque procedo de Él y Él me ha enviado.» (Jn 7, 28-29)
¿De quién hablas? «De tu Padre.» ¿Y cómo hablas de Él? Es curioso, pero yo no recordaba que en el Evangelio te referías a tu Padre como “el verdadero”. “El que me envía es el verdadero”.
Qué palabra tan misteriosa: el “verdadero”.
Tú en algún momento dijiste de Tú eras la verdad:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Jn 14, 6)
Y es el primer punto que medito. Si tu Padre es el verdadero y Tú eres la verdad; pues todo tiene origen en el verdadero y todo tiene origen en la verdad.
Y todo lo que se aleja de lo verdadero y de la verdad, entonces, ¿qué es? Se desdibuja.
ÉXITOS QUE NO SACIAN
Es fuerte, pero es real. La vida sin Dios termina siendo una apariencia, termina siendo un brillo, que puede prometer mucho, pero luego se apaga, un fuego fatuo que ilusiona, pero que no llena. Así es la vida fuera de Ti, Señor.
Y cuántas veces lo he comprobado. Cuántas veces hay cosas que parecen como imprescindibles, pero luego, no sé, comienzan, por ejemplo, a aburrir.
Éxitos que no sacian, afectos que se quedan cortos, cosas de este mundo que no alcanzan, ni al verdadero ni a la verdad.
Pero cuando Tú estás en mi vida, Señor, y estás en toda mi vida, todo adquiere un matiz de verdad, de verdadero, por pequeño que sea.
El trabajo, las relaciones sociales, el descanso, el deporte, la vida contigo, Jesús, es muy distinta y todo habla de Dios, todo habla de lo verdadero, de la verdad.
Y quien quiere mostrar con su vida lo verdadero, al verdadero y a la verdad, no tiene miedo de nada.
Es libre, no tiene respetos humanos, no está pensando qué pensará la gente de nada. :
El dolor, el cansancio, la muerte, todo eso cobra también sentido de verdad. Y cuando nos unimos a la verdad, comenzamos a vivir de verdad.
Bien, Señor, ¿a qué subes a Jerusalén?: A hablar. Y el segundo punto que quiero meditar en este ratico de oración es: el apostolado.
¡No hacemos apostolado, somos apóstoles! Somos hijos tuyos y somos apóstoles por el bautismo, por los sacramentos. ¡Somos apóstoles! Tenemos esa tarea de ser apóstoles también.
NO PODER CALLAR
Y el apostolado no es una estrategia, no es una técnica, no es, no sé, tener un discurso ya aprendido de memoria, no, no, no, no.
Ser apóstol es no poder callar lo que uno lleva dentro. San Josemaría decía que el apostolado es la superabundancia de la vida para dentro. Es lo que se tiene adentro, es lo que se tiene en el corazón.
Si, Tú, subes a escondidas, pero no aguantas, empiezas a hablar. No puedes quedarte en silencio.
Bueno, pues vamos a pensar en este ratico de oración; Señor, yo tengo el deseo de hablar de Ti en mi casa, a mi familia, a mis amigos, en la universidad, en el trabajo, pero hay veces me callo, hay veces me escondo.
¿Qué ocasiones se presentan en mi vida para ser apostolado? ¿Tengo oportunidades reales? ¿Las dejo pasar? ¿Me da miedo?
¿Me da vergüenza? ¿Me dan respetos humanos? Tú hablas en un ambiente hostil, querían matarte.
Yo tengo que decirlo, que en el lugar donde vivo, gracias a Dios, para nada es hostil hablar de Ti. Es muy fácil hablar de Ti.
Es muy fácil hacer apostolado, muy fácil porque es una sociedad cristiana, gracias a Dios.
Y el amor necesita decirse. Por eso, Señor, enséñame ese amor apostólico. Enséñame esa urgencia serena de hablar de Ti.
LA AMISTAD
Es urgente hablar de Ti. Pero no se trata de gritar, también lo podemos decir y lo podemos hablar contigo en este ratico de oración.
No se trata simplemente de gritar, no. Hay que vivir el apostolado con un orden, ¿Cómo se hace apostolado, Señor? ¿Cómo puedo hacer apostolado en mi vida?
Entonces, yo te propongo tres cosas: Primero: “el ejemplo”. Después: “la palabra” y por último y no menos importante y muy eficaz: “la amistad”.
El ejemplo, el ejemplo es la sal. La sal que no se ve, pero se nota. Lo conversamos hace unos meses. Esa coherencia silenciosa que da sabor a todo.
Cuando no decidimos, no sé, entrar en críticas, o cuando no llevamos cuentas, o cuando luchamos por vivir una vida limpia, o cuando vamos rectificando en la vida.
Cuando nos equivocamos y pedimos perdón, cuando trabajamos bien, cuando tratamos bien a la gente, con amabilidad, ahí somos sal y damos ejemplo y el ejemplo arrastra.
El ejemplo transmite una fuerza que llevamos dentro y las personas se pueden preguntar: «Oye, a este, ¿qué le pasa?”
Siempre está contento, no se queja, o casi no se queja, mira como es de amable con las personas, tiene como un deseo de servir.
Bueno, y eso arrastra, eso habla de Ti, Señor, sin necesidad de gritar tu nombre, hablamos de Ti.
Segundo: “la palabra”, el ejemplo prepara, pero la palabra muchas veces enciende. ¿Cuántas veces basta, no sé, una frase, un comentario sencillo? Una referencia natural de Ti, Señor, una referencia natural de Dios.
HABLAR DE TI
En esta Cuaresma, por ejemplo, es que tenemos toda la autoridad del momento, de la Iglesia, de hablar de Ti.
Momento de cambio, de conversión, momento fuerte de penitencia, un momento para hablar de Ti.
Es muy fácil, en esta época hacer apostolado, por ejemplo; invitar a los amigos a la confesión.
Decir, por ejemplo: -oye, estamos en cuaresma, te propongo para prepararte bien para la Semana Santa, ven, acompáñame a confesarme.
Bueno, a veces es muy fácil simplemente decirle a alguien: «Acompañame a confesarme, no le estamos diciendo que se confiese, pero de pronto se anima.» Bueno, usar “la palabra”, sin rareza, sin forzar y sabiendo imitar a Jesús, que conversaba con todos, que dejaba esa garra de Dios.
Tú te dejabas encontrar, te hacías el encontradizo, al Señor le gustaba la calle.
Señor, quítame el miedo a hablar de Ti y que me salga con naturalidad, como se habla de lo que se quiere, del amor y que sea producto de una vida interior, de un quererte, de un tratarte a Ti, Señor.
Y finalmente: “la amistad”. La amistad, que es quizá lo más importante, es quizá lo más eficaz, la amistad.
Tenemos que hacernos amigos para ser los amigos de Jesús. Y eso propone una revolución sencilla.
LLEGAR A MUCHOS
Llegar a muchos quizá no sea la estrategia, pero sí llegar con amistad verdadera, a algunos, a pocos, y después podemos llegar a más.
Pero cuidar a los amigos, interesarse por los amigos, escuchar a los amigos, acompañarlos sin agenda, sin prisa y saber que el Señor es el que actúa en esos amigos.
El apostolado con los amigos se vuelve vida. San Josemaría también da un ejemplo: como esa piedra que cae en el lago y va haciendo círculos y más círculos y cada vez más círculos.
Pues así comenzamos el apostolado, llegando a uno y a otro, y eso va haciendo círculos, un gesto, una palabra de amistad y Tú, Señor, haces el resto.
Aquí estoy disfrutando de tu presencia, Señor. Gracias. Ayúdame a no callarme, a mostrar lo que tengo en el corazón con mucha naturalidad y acercar a muchas almas a Dios con mi ejemplo, con mi palabra, pero sobre todo con mi amistad.



Deja una respuesta