Hoy la iglesia celebra la fiesta de Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo que vivió de 1225 a 1274 y escribió esa gran obra, la Suma Teológica, donde supo unir la filosofía de Aristóteles con la teología cristiana. Es doctor de la Iglesia y patrón de los estudiantes. Su obra contribuyó a dar más claridad a la doctrina cristiana.
El evangelio de hoy cae como anillo al dedo porque hace referencia a la recepción de la doctrina. La Iglesia tiene la misión de predicar la doctrina cristiana, que es transmitir lo que Dios nos ha revelado. Dios nos revela lo que es necesario para nuestra salvación. Para salvarnos necesitamos conocer a Dios. Es por eso que Dios Padre envía a su Hijo Jesucristo a la tierra y Jesucristo dice,
«Yo soy el camino, la verdad y la vida».
Tenemos que escuchar a Jesucristo que nos transmite con su vida la verdad que necesitamos conocer para tener Vida con mayúscula, la vida que lleva al Cielo. El evangelio de hoy nos habla del pastor que va echando las semillas en el campo. La Iglesia está echando constantemente la semilla. Esa semilla, si cae en tierra, buena, produce una buena cosecha, una cosecha abundante.
LA VERDAD QUE NECESITAMOS CONOCER
¿Pero qué ocurre? Que la semilla no cae siempre en tierra buena. Eso pasa habitualmente. Algunas semillas caen al borde del camino y vienen los pájaros y se la comen, como dice el evangelio. El Señor nos quiere hacer ver que existe el diablo que se mete para que esa semilla no produzca fruto e impide que las personas mejoren. Y eso ocurre cuando no se recibe bien la semilla. Cuando uno no valora lo suficiente lo que Dios le alcanza. Cuando uno vive distraído con tantas cosas que aparecen en el camino y no está atento a lo que Dios le quiere decir, y entonces vive como si Dios no hubiera dicho nada. Distraído, ahí vive, sigue su trabajo, se va con sus amigos, come, duerme y así todos los días en una rutina continua sin tener en cuenta a Dios.
Dice el evangelio que otras semillas cayeron en terreno pedregoso y como no había agua se secaron. Son las dificultades de la vida, muchas personas no saben saltarse los obstáculos y se detienen, les da miedo, piensan que no pueden, que no tienen fuerza y se van para atrás y se quedan rezagadas. Es la cobardía del que no quiere poner esfuerzo.
EN QUÉ TERRENO CAE NUESTRA SEMILLA
San Josemaría nos recordaba con unas palabras de Job, decía,
«La vida en la tierra, como dice Job, es milicia. Y él agregaba además, hay comodones que no se han dado cuenta».
No se han dado cuenta que la vida es milicia, la vida es sacrificio, hay que combatir en la vida, hay que ganar las batallas. En la tierra estamos para luchar, la vida es una carrera de obstáculos y los obstáculos se saltan. Uno no se detiene frente a los obstáculos, sino los obstáculos hay que saltarlos, resolver los problemas, preguntar, consultar, para poder resolver bien los problemas que podamos tener. Y siempre para adelante, siempre saltando los obstáculos con espíritu y sacrificio.
Otra semilla cayó entre abrojos y se ahogó, dice el evangelio. Son los que escuchan, pero no le dan importancia porque tienen otros afanes en la vida. Y esos otros afanes son las riquezas, el dinero, los apegos, las cosas materiales. Muchos viven embotados, llenos de cosas, y van por la vida llevando esos pesos inútiles que son como piedras. No es lo mismo llevar en una mochila oro que llevar un montón de piedras. Y muchos llevan un montón de piedras y están allí que no pueden, jadeantes, no jalan, no pueden ir para adelante.
EL BUEN TERRENO
Muchos viven como si Dios no existiera, viven ciegos, cargados de cosas materiales o preocupaciones angustiosas que deterioran la salud. En un estrés que a veces se hace extenso y no hay manera de evitarlo y continúa un día y otro el estrés, personas que viven en un estado de nerviosismo continuo y otras que lamentablemente caen en estados de depresión y viven así.
Los sacerdotes que atendemos a las almas en los confesionarios nos damos cuenta del alto nivel de personas con estrés que viven con un grado de preocupación demasiado elevado y buscan en el sacerdote un consuelo, una salida de sus estados de presión o de esclavitud que viven porque son víctimas de un maltrato de otra persona en los ámbitos laborales o incluso en el mismo hogar. Se sienten maltratados por un familiar que tiene una conducta invasiva, otras veces tóxica y algunas veces tenemos que decirle a esas personas que necesitan ir a un especialista, a un psicólogo o quizá a un psiquiatra para que les ayude a salir de esos estados depresivos, de angustia que los atormenta.
AUTÉNTICA VIDA CRISTIANA
Los sacerdotes rezamos para que la semilla, que es la palabra de Dios, caiga siempre en buen terreno. ¿Y cómo se consigue el buen terreno? El buen terreno se consigue con la educación, con la formación de la conciencia, que se debe dar en las casas, en los hogares, cuando la familia funciona, cuando los padres se dedican con mucho amor a los hijos, cuando en el colegio los profesores ayudan a los padres en la formación de la conciencia de los hijos.
Y en la Iglesia, a través del catecismo, de las prédicas y del acompañamiento espiritual de los sacerdotes a la gente joven, para formar bien su conciencia y para que tengan esa disposición buena de recibir la palabra de Dios y hacer caso a Dios. Ese es el buen terreno. El buen terreno es la buena disposición y es fruto de una auténtica vida cristiana.
Cuando se acude con frecuencia a los sacramentos, y eso se aprende, se aprende en la casa, se aprende en el colegio, cuando invitan al niño a ir al sacerdote para confesarse, cuando nos enseñan a centrar nuestra vida en la vida de Cristo y se aprende, cuando se va a misa con devoción y se recibe al Señor en la comunión para llevarlo dentro de nosotros, por todas partes, con esa fe grande que estamos con Dios y Dios está con nosotros.
A JESÚS SE VA Y SE VUELVE POR MARÍA
La Iglesia reza por la conversión de los pecadores. La Iglesia reza por la conversión del mundo. El mundo hay que cambiarlo. Hay que darle la vuelta a las cosas para que todos puedan encontrarse con Cristo. Cristo que es el camino, la verdad y la vida. Que todos podamos caminar con Cristo. Cristo nos libera del pecado y nos lleva al cielo.
Qué ayuda más grande tenemos en la Virgen María, nuestra Madre, que está siempre pendiente de nosotros que somos sus hijos, para que estemos cerca de Jesús. A Jesús se va y se vuelve por María. Y necesitamos de nuestra Madre que nos llame, que nos aconseje, que nos empuje también hacia Jesús y que Ella nos consiga, porque Ella es medianera de todas las gracias, las gracias del cielo que necesitamos para ser fuertes y poder caminar bien y llegar a la meta, a la meta que es el cielo, ahí donde Jesús, donde Dios nos espera para hacernos felices toda la eternidad.





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