ESCUCHA LA MEDITACIÓN

SABER MIRAR

Saber mirar es aprender a vivir como Cristo. En este rato de oración nos detenemos ante el Evangelio del leproso para descubrir cómo la mirada de Jesús no juzga, no esquiva, no etiqueta, sino que ama, toca y devuelve dignidad. Un rato de oración para dejar que el Señor limpie nuestra mirada, sane prejuicios y nos enseñe a ver —en casa, en el trabajo, en los pobres y en los cercanos— con sus mismos ojos.

Señor mío y Dios mío, hoy quiero pedirte algo: “Enséñame a mirar”.  ¡Quiero saber mirar…!

Que buen desafío para este año que comienza.  Porque, al final, mi vida depende en gran parte de cómo miro; cómo miro a los demás, cómo me miro a mi mismo, cómo miro la realidad, sobre todo, cómo te miro a Ti, Señor.

Y para aprender a mirar el modelo eres Tú, Jesús. ¡Jesús nos enseña a mirar!

El Evangelio de hoy nos pone delante esta escena:

 

“En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:

«Quiero: queda limpio».

Y al instante —statim— la lepra se le quitó y quedó limpio.”

(Mc 1, 40-42)

 

Detengámonos un momento aquí. Antes de extender la mano, antes de tocar, antes de curar… Jesús mira.

Y no mira como miran los demás.

 

FUERA DE LAS MIRADAS

 

El leproso era alguien que no se debía mirar. Alguien del que había que apartar la vista. Alguien impuro, excluido, marginado, condenado a vivir fuera del pueblo, fuera de la vida, fuera de las miradas.

Y, sin embargo, Jesús se deja acercar, lo mira, y su mirada se llama “Amor”.

Ahora me acuerdo de una vez que me miro Benedicto XVI, lo voy a contar súper rápido: tuvimos un momento Litúrgico creo que en unas Vísperas con Benedicto XVI.

Fue en la Basílica de San Pedro, él ya estaba mayorcito, entonces lo llevaban en una banda móvil, caminando, yo tome de los primeros lugares, pero empezó a llegar la gente y todos pedían: ¡tómame una foto!

Pero yo dije:  ¡No, tómela usted! Yo, hoy solamente quiero mirar al Papa.

orden, saber mirar

Al final quedé como en cuarta o quinta línea, pero eso sí, no fui bobo y me paré en una silla.

Y cuando el Papa pasó por allí, ¿a quién miró? ¡Pues al que no tenía celular!

Yo estaba allí de pie, lo miro, el me mira, yo agacho un poquito la cabeza, él hace el mismo gesto.

Yo le quise decir con mi gesto: santo Padre, rezo por usted. Y el con el mismo gesto me dice:  yo también rezo por ti. Eso es lo que yo sentí en ese momento.

¡El santo Padre me miró! Duró la mirada unos segunditos, ¡fue espectacular, fue maravilloso!

Un amigo que estaba ahí, que ahora vive en la India, me tocó, me jaló el pantalón y me dice: – ¿oye, y tú por que conoces al Papa? Yo muy ufano solo le dije:  – pa que veas mijo, pa que veas.

 

UNA MIRADA QUE TOCA

 

Bueno, volvamos a la mirada de Jesús, no es una mirada rápida. No es una mirada de curiosidad. No es una mirada que juzga.

Es una mirada que reconoce a una persona. A un hijo. Una mirada que toca

Dice el Evangelio algo impresionante:

 

“Extendió la mano y lo tocó.”

 

Jesús no cura a distancia. Jesús no protege su pureza alejándose. Jesús toca la herida.

Pero todo comienza ahí: ¡en la mirada!

Señor, ¿cómo miro yo? ¿Miro personas o miro problemas? ¿Miro rostros o miro etiquetas? ¿Miro historias o sólo apariencias?

San Josemaría rezaba así:

 

«Que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma».

 

Qué petición tan profunda. Porque no se trata solo de mirar más, sino de mirar mejor.

Si pensamos en la vida de Jesús, ¿cómo miraría a los pobres? ¿cómo miraría a los enfermos, a los tullidos, a los leprosos, a los paralíticos, a los pecadores, a los que no cuentan?

Basta recordar algunos encuentros: la mirada a Zaqueo subido al árbol, la mirada a la viuda de Nain, la mirada a la adúltera, la mirada a Pedro después de la negación.

 

UNA PREGUNTA PROVOCADORA

 

Una mirada que no humilla. Una mirada que levanta, sostiene. Una mirada que devuelve dignidad.

He de reconocer que después de leer la Exhortación Apostólica del Papa León XIV, Dilexi Te, sobre el amor hacia los pobres, pensé: ¿Cuántas ONG’s fundó Jesús?

Alguna vez nos podemos preguntar: ¿qué hizo Jesús por los pobres?

Puede ser esta una pregunta provocadora:  Sí, Jesús. ¿Cuántas ONG`s fundaste? Ninguna.

Pero cambiaste el mundo, porque enseñaste a mirar de otra manera.

Jesús no empieza con estructuras, empieza con corazones. No comienza con programas, comienza con encuentros.

Y por eso la Iglesia, cuando es fiel a Cristo, no actúa sólo por filantropía, sino por amor.

La misión de tus hijos en la Iglesia: es aprender a mirar

Nos puede ayudar mucho lo que recuerda el Santo Padre León XIV en la exhortación Dilexi te, que por cierto es sobre el amor hacia los pobres. (Te sugiero que la leas. Así puedes conocer mejor al Papa León).

«Acoger, proteger, promover e integrar.

Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados».

 

COMIENZA CON LA MIRADA

el silencio, saber mirar

 

Y ahora Jesús me preguntó: ¿Por dónde empezar? Sí. Así es. Todo eso comienza con la mirada.

Porque no puedo acoger a quien no veo. No puedo proteger a quien ignoro. No puedo promover a quien considero inferior. No puedo integrar a quien excluyo en mi interior.

Y aquí meto a Jesús la cucharada. Puede ser un pequeño paréntesis en esta conversación.

¿Y qué tal si esto me pasa con alguna persona de mi casa? ¿O con alguien del trabajo? ¿Qué tal si al leproso que Tú quieres que mire está ahí mismito?

A los pobres los tenemos muchas veces a nuestro lado, y los tenemos que mirar con amor, con comprensión.

 

NUESTRO AMOR COMPRENSIVO

 

Pero sigamos con la mirada:

En la Exhortación Apostólica Dilexi Te, el Papa León XVI recoge las palabras de la Santa madre Teresa de Calcuta, en el Discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel de la Paz (Oslo, 10 de diciembre de 1979):

 

“Queremos proclamar la buena nueva a los pobres de que Dios les ama, de que nosotros les amamos, de que ellos son alguien para nosotros, de que ellos también han sido creados por la misma mano amorosa de Dios, para amar y ser amados. Nuestros pobres son grandes personas, son personas muy queribles, no necesitan nuestra lástima y simpatía, necesitan nuestro amor comprensivo. Necesitan nuestro respeto, necesitan que les tratemos con dignidad”.

 

¡Qué fuerte esta afirmación!

No necesitan lástima. Necesitan amor comprensivo. ¿Cómo miraba la madre Teresa?: “Como, Tu, Jesús”.

Quiero aprender a mirar como Cristo. A detenerme, a mirar, a no pasar de largo.

Jesús, Tú miraste al leproso y lo devolviste la salud, lo devolviste a la vida.

Mírame también a mí. Límpiame la mirada. Sana mis prejuicios. Enséñame a ver con tus ojos.

Cristo mío, Jesús de mi alma, que este año 2026 sea un año en el que aprenda a mirar mejor, a amar mejor, a parecerme más a Ti.


Citas Utilizadas

Za 12, 10-11; 13, 6-7
Sal 68
Jn 19, 28-37

Reflexiones

¡Ayúdanos Señor, a ver como Tú miras, a verte a Ti en todas las personas que me rodean!

Predicado por:

P. Santiago

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