ESCUCHA LA MEDITACIÓN

RECUERDA, CONFÍA, SORPRÉNDETE

Nos preparamos para la fiesta de la Epifanía, adelantándonos en el timeline de la vida de Cristo ya adulto.

NO ES UNA EQUIVOCACIÓN

Llevamos casi dos semanas de este tiempo litúrgico de Navidad y da tal impresión de que, quien se encargó de asignar o de clasificar las lecturas para estos días de fiesta de Navidad, todavía tiene algo de resaca… 

Porque si no, ¿cómo podemos explicar estos grandes saltos temporales que vemos en las Lecturas de estos días? 

Por ejemplo, nos preparamos para celebrar mañana la fiesta de la Epifanía de Jesús, y lo vamos a contemplar mañana otra vez allí envuelto en pañales, en el pesebre, visitado por los magos.

Pero en el Evangelio de hoy, se nos presenta a Jesús ya adulto, al inicio de su vida pública.

Y sí, hay un salto temporal hacia atrás. Pero esto no es una equivocación y no es que el encargado de las lecturas esté todo borracho, sino que es a propósito. 

Esto es un excelente modo que tiene la Iglesia de prepararnos para la Fiesta de mañana. 

Porque en sí, en el Evangelio de hoy encontramos a Jesús que llama, le ofrece el don de la vocación, a Felipe para que le siga. Entonces tú y yo somos testigos de ese auténtico apostolado.

Porque dice el adagio latino que, ‘el bien de por sí es difusivo’. ‘Bonum est diffusivum sui’. Es decir, que el bien, cuando es auténtico se propaga, tiende a difundirse.

COMPARTIR LO BUENO

Y entonces Felipe, comparte ese bien que acaba de encontrar, el bien máximo, se acaba de encontrar con el Señor, y lo quiere compartir con alguien a quien estima muchísimo, que es su amigo Natanael. 

Así, a ti a mí nos sirve muchísimo esto, porque si tú de verdad has encontrado a Dios, que es el máximo bien, sería absurdo no compartirlo con quien más quieres. Y mucho más si no lo compartes por miedo, por comodidad o por simples respetos humanos. 

Pero bueno, de este diálogo entre Felipe y Natanael, que es una muestra de cómo se hace el apostolado, nos encontramos con la respuesta de Natanael.

«¿De Nazaret puede salir algo bueno?» 

Claro, a ti a mí que conocemos la historia de Jesús, la Anunciación del Ángel a la Virgen María, el nacimiento en Belén, la huida a Egipto, el regreso, no a Judea sino a Galilea, a Nazaret por temor al rey Arquelao. A ti, a mí, nos parece que esta respuesta de Natanael es muy injusta, o por lo menos poco afortunada. 

Porque de Nazaret no sólo puede venir algo bueno, sino la bondad máxima. ¡De Nazaret nos viene nada más y nada menos que el Emmanuel, Dios con nosotros!

Y por eso, este Evangelio nos da al menos dos grandes enseñanzas. Primero. Por una parte Dios puede sacar bienes de donde sea, incluso de Nazaret, sí Nazaret fuese tan mala, ¿no? 

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LA OMNIPOTENCIA DE DIOS

¿Acaso Dios no hizo brotar agua de la roca en Meribá, en el desierto para que su pueblo no muriera de sed? ¿Acaso Dios no hizo llover maná del Cielo cuando más lo necesitaban los Israelitas? 

¿O acaso tú y yo no tenemos una larga lista de experiencias, en las que estamos segurísimos de que hubo ayuda divina, cuando parecía que no había nada que hacer? Por supuesto que sí, tenemos muchísimas experiencias de ese estilo. 

Por eso este Evangelio nos ayuda a preparar esa fiesta de mañana, porque nos recuerda la Omnipotencia de Dios.

Que tantas veces se manifiesta más que en los milagros, que también son muestras de omnipotencia. Nos demuestra más esa omnipotencia de Dios en la capacidad que tiene Él, de sacar bienes a partir de males.

Porque mañana vamos a contemplar este Niño visitado por los Magos, reconocido como rey por el oro, reconocido como Dios por el incienso, pero también reconocido como víctima por la Mirra, que era usada antiguamente para embalsamar a los muertos. 

Y así, vamos preparados para mañana, también recordando que la Omnipotencia de Dios es capaz de sacar nuestro máximo bien, que es el hecho de que podamos ahora llegar al cielo libre de la esclavitud del pecado y eso a partir del peor de los males, que es que los hombres hayamos preferido matar a Jesús. 

SACAR EL BIEN

Así este niño que contemplamos en el portal de Belén, es el sumo bien, el máximo bien, pero es un bien inesperado para los magos, también para los pastores y quiere serlo también para nosotros.

Vamos a pedirle entonces a Dios, que flexibilice esa rigidez que solemos tener en nuestros esquemas, en nuestros criterios, para que así podamos asombrarnos de esa capacidad que Dios tiene de sacar el bien, incluso de donde parece que no hay sino males, tragedias. 

Como Job, que supo reconocer incluso en su tragedia la fidelidad y la bondad de Dios, porque llegó a decir, a mí siempre me ayuda muchísimo esto:

«Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo nos vamos a aceptar también los males?» (Cf.)

Pero más fuerte todavía incluso que lo que dice Job, es lo que dice san Pablo en la Carta de los Romanos, que nos recuerda que

«Todo, absolutamente todo coopera para bien de los que aman a Dios»,

(Cf. Rm 8,28). 

El famoso “Omnia in bonum, todo coopera para el bien de los que aman a Dios”

Por eso pareciera que esta pregunta de Natanel que escuchamos en el Evangelio de hoy pareciera que se olvida de que si Dios quisiera incluso de Nazaret, suponiendo que sea el peor de los lugares del universo, podría sacar cosas buenas, porque Dios es verdaderamente Omnipotente.

DE NAZARET

Y una segunda enseñanza del Evangelio de hoy, es esto que nos recuerda una verdad muy absoluta. Y es que, en las cosas de Dios, nuestra perspectiva muchas veces se equivoca.

Porque lo que responde con su pregunta hoy Natanel es verdad, tiene muchísima lógica.

«¿De Nazaret puede salir algo bueno?» 

Claro, aquí tu y yo suponemos que Natanel tendrá datos suficientes para emitir ese juicio. 

Y es verdad, para la época de Jesús, Nazaret era una población con muy poca relevancia, no aparece mencionada ni una sola vez en el Antiguo Testamento, ni en los grandes historiadores.

Es decir, que tal vez allí viene ese comentario un poco con rintintin, despectivo, de parte de Natanel. 

Y algo de razón tendría, así consideramos al menos la historia de Israel. Pero, aunque este juicio de Natanel sea totalmente lógico, aunque tenga algo de lógica, le faltan datos.

Si él supiera que en realidad Jesús no viene de Nazaret, sino que es de Belén de Judea. Pero bueno, tuvo que ir a Egipto y regresó a Nazaret, como ya sabemos. Si él lo supiera, probablemente no hubiese lanzado este comentario.

Porque Belén, en cambio, sí que aparece en el Antiguo Testamento. En el libro del Génesis aparece allí como “el lugar donde muere y donde entierran a Raquel, la esposa de Jacob”. 

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EMITIMOS JUICIOS

También es mencionada por el profeta Miqueas, en esa profecía que hemos escuchado en estos días de Navidad.

«Pero tú, Belén de Ephrata, aunque eres pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá para mí, uno que será gobernante de Israel». 

Es decir, que Belén sí que era importante. Y si Natanel hubiese tenido este dato, de que Jesús nació en Belén, tal vez su juicio, a menos de primeras, habría sido diferente.

Pero tú y yo, esto sí que lo sabemos. Sabemos quién es este niño que mañana van a visitar los magos. 

Sabemos de dónde viene. Sabemos en dónde crecerá.

«Sabemos que crecerá en sabiduría, en estatura y gracia delante de Dios y de los hombres»,

como dice san Lucas. 

Sabemos lo que hará. Sabemos lo que dirá cuando sea adulto, lo que harán con él, los que no quisieron recibir su mensaje de salvación. 

También sabemos que después de su muerte, Dios nos ha ganado la Redención. Pero, sobre todo, sabemos que Dios permitió todo esto por un motivo. Y que todo tiene sentido. Pero eso lo sabemos por la perspectiva que dan los años. 

VER NUESTRA HISTORIA

En cambio, de nuestro presente y de nuestro futuro, todavía nos faltan datos.

Podemos hacer juicios, sí, pero hay que reconocer que todavía nos faltan datos, como a Natanael. 

Y así es muy fácil que nos equivoquemos en esos juicios que podemos hacer ahora. Sólo Dios puede ver por completo nuestro panorama.

Por eso, este Evangelio también nos ayuda a preparar la fiesta de mañana, pero también nos ayuda a crecer en esa confianza en la Providencia Divina. 

Los Reyes Magos, se dejaron también sorprender. A pesar de las muchas dificultades que encontraron, resulta que se sorprendieron al llegar a ese portal, y ver lo que vieron.

Es verdad que a ellos también les faltaban datos. Pero tenían lo mínimo para confiar en la guía del Cielo en ese camino que estaban recorriendo y seguir andando. 

Y así también tú y yo hemos de pedir, aprovechando lo que consideramos hoy, con muchísima humildad, confianza en la Providencia Divina: El tiempo siempre le da la razón a Dios. 

Y aunque nuestros pensamientos y nuestros criterios tengan toda la lógica del mundo, lo más inteligente que podemos hacer es confiar en aquel que ve toda nuestra historia como en un presente continuo. 

Pero que además, es nuestro Padre Providente y de Él siempre podremos esperar bienes inesperados.


Citas Utilizadas

1 Jn 3, 22-4. 6

Sal 2

Mt 4, 12-17. 23-25

Reflexiones

Señor, confío en TI, que sabes mi historia y mi futuro completo. 

Confío en qué, lo que me viene es con lo que puedo porque estoy preparada, y Tú así lo quieres.

Predicado por:

P. Rafael

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