EDUCAR LA VISTA
«Bienaventurados, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».
Es el Evangelio de hoy, un versículo donde vemos cómo Dios nos ha dado una vista para ver, y ¡cuántas cosas maravillosas podemos ver!
Pero para poder ver las mejores cosas, para ver lo que nos hace felices, es necesario educar la vista. La vista necesita ejercitarse y fortalecerse para poder ver lo que vale la pena ver. El premio mayor que recibe una persona humana que se porta bien en la tierra es el premio que se da en el cielo, se llama la visión beatífica, que es poder ver a Dios cara a cara.
Al final de nuestra vida, si llegamos al cielo, ese es el premio, ver a Dios. Jesucristo en el sermón de la montaña dice,
«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
Con esas palabras del Señor tenemos un criterio muy claro, la urgencia de tener el corazón limpio.
Lo primero que tenemos que cuidar es la limpieza del corazón, que esté limpio, para amar a Dios con todo el corazón. Cuando lo podemos hacer, somos más libres que nunca. Y la libertad es más capacidad de la persona para hacer el bien.
Somos libres cuando amamos bien y cuando se ama bien, se elige el bien. Entonces siempre elegimos lo que vemos. Vemos para elegir lo que es bueno.
CAER EN TIBIEZA
Cuando no se ama bien, se cae en una situación de tibieza y se producen descuidos y distracciones y entonces la vista se va a donde sea. Y como el diablo no se toma vacaciones y está al acecho, nos presenta toda una escenografía llena de engaños, que son las tentaciones. Y nos pide que miremos lo que no debemos ver, lo que ensucia el corazón y lo envilece.
O nos pide que seamos curiosos para meternos con la vista en la vida íntima de otras personas, otras situaciones en las que no tenemos por qué estar. ¿Cuántas personas caen por descuidar la vista? Cuando nuestra lucha es buena, ponemos la vista en lo que nos edifica. Una buena lectura, una buena película que valga la pena.
Y en el trato con las personas, mirar siempre con buena intención, con el propósito de hacer muy feliz a cada persona que tratamos. Siempre con una sonrisa, con un gesto de amabilidad, con comprensión. ¿Cuánto ayuda una buena cara que tiene una mirada de aceptación y de cariño?
San Josemaría decía que la sonrisa era la mejor mortificación. Es que se trata de hacer agradable la vida a los demás. Y para hacer la vida agradable a los demás, tenemos que esforzarnos, sacrificarnos, dejar muchas cosas para ser felices a los demás. Las miradas que tenemos de comprensión frente a sucesos, cosas, problemas que puedan tener los demás, las miradas llenas de cariño, valen oro.
La vista ayuda mucho a la piedad en el trato con Dios. Cuando contemplamos, por ejemplo, al Señor expuesto en la custodia, lo contemplamos, lo miramos. Estamos ahí pendientes sin quitar la vista, mirando con cariño, con adoración.
UNA LUZ QUE ILUMINA
O cuando lo visitamos en el Sagrario y también estamos pendientes del Sagrario, mirándolo con mucha delicadeza, con mucha fe. Cuando miramos con devoción un crucifijo o una imagen de la Virgen, cuando nuestros ojos miran los ojos de Jesús o de la Virgen, en imágenes que nos dan gran devoción, la vista de una persona piadosa es serena, recogida, llena de amor, llena de cariño. Se puede conocer el amor de una persona al ver cómo mira.
También el Evangelio de San Mateo nos dice que,
«la lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas».
Si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Hay una luz. Una luz que ilumina y que es grata para quien mira. Pero si tu ojo es malicioso, tu cuerpo estará en tinieblas.
A nadie le gusta mirar los ojos de una persona enfadada. Y peor si es que mira con un modo agresivo, de violencia, con odio. Es horrible mirar a una persona que está terrible con odio.
El odio es antiestético. Tampoco resulta grato mirar los ojos de la persona que se está burlando de otro. La persona que se expresa con una ironía hiriente. Está fastidiando, hiriendo, burlándose de otra persona.
Tampoco nos gusta mirar los ojos de una persona triste, caída, deprimida, desanimada. O los ojos de una persona que está en la luna, que mira lo infinito, que está perdida, no presta atención, está ido.
PERSONAS BUENAS
Mirar con atención y con cariño es tan tonificante para el que mira como para el que es mirado. Ahí hay una comunicación a través de los ojos. Cuando vemos los ojos de la Virgen que nos mira con cariño, percibimos el amor de Madre que penetra en nuestro corazón.
Si hemos ido por buen camino, cuántas cosas buenas hemos visto en la vida. Y estamos agradecidos de la cantidad de cosas que el Señor nos ha enseñado. Y si nos estamos proyectando en el futuro por el camino correcto, ¿cuántas cosas buenas vamos a ver en el futuro?
Hay que tener esperanza. Vendrán tiempos mejores porque Dios está y porque estamos andando por el camino que Dios nos dice. Entonces vamos a ver muchas cosas muy bonitas.
Es gratísimo ver personas buenas, alegres, personas trabajadoras, optimistas, que saben comprender y perdonar. Que saben dar oportunidades a otras personas. Personas que saben salir de las dificultades sin hacer aspaviento, sin hacer lío.
Personas que abren caminos, que son ejemplo y testimonio de vida cristiana. Personas que no se ahogan en un vaso de agua, que saben decir que sí a lo que es bueno y noble.
Acompañar a las personas buenas, las obras que hacen esas personas, que son también muy gratas de ver. Es maravilloso cuando vemos las obras buenas de las personas. ¿Cuántas iniciativas de promoción humana hay en el mundo? ¿Cuánta gente dedicada a servir a los demás? ¿Cuántos trabajos de ayuda social y de formación humana existen en todo el mundo? Y cuando entramos en esos ambientes como que nos quitamos el sombrero.
¡CUÁNTA GENEROSIDAD!
¡Qué maravilla que haya tanta generosidad, tanta humanidad, tanto cariño, tanto amor! Es muy grato todo eso. Es muy grato ver el ejemplo que nos han dado los santos con sus obras. Que han quedado para la historia y que todos agradecemos.
Y al final, pues, si somos buenos, nos espera la visión beatífica en el cielo. Ver a Dios cara a cara. ¡Qué maravilla ver a Dios cara a cara!
Poder ver a la Virgen, encontrarnos con María. Ver a los santos que están allí, nuestros seres queridos que están allí en el cielo. Cuando llegue ese día, pues, ¡qué alegría! Vamos a recordar tantas cosas de aquí en la Tierra. Y estaremos felices, felices ya, Dios mediante, ojalá, y para toda la eternidad.

