Estamos ya en la quinta semana de Pascua y claro aprovechamos esta circunstancia para ganar en perspectiva del tiempo, que siempre es una cosa que ayuda muchísimo, porque ya pasó la cuaresma, ya también pasaron los sucesos del Gólgota.
Llevamos ya cinco semanas desde que celebramos la Resurrección del Señor y de hecho y ahora se acercan más bien las solemnidades, las grandes solemnidades de este tiempo; la Ascensión, Pentecostés, Santísima Trinidad, etcétera, Corpus Christi por ejemplo también.
Y claro el acento está puesto sobre todo en la Gloria; la liturgia tiene más bien un tono de esperanza, de optimismo, de agradecimiento y de alabanza a Dios.
Claro y te hablaba del tema de la perspectiva porque efectivamente pasado mucho tiempo desde ese momento en el que la iglesia quiso que contempláramos de modo más especial la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de hecho es tan así, que bueno ahora como te decía el tono es diferente y se nota sobre todo en los evangelios.
Por ejemplo, hoy en el capítulo 14 de San Juan que es el que corresponde a la misa de hoy el Señor en su discurso nos hace unas promesas muy interesantes: “la paz os dejo mi paz os doy no os la doy como la da el mundo, no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”.
TIEMPO DE PASCUA
Claro, uno dice bueno ahorita mismo estamos en tiempo litúrgico de paz, de esperanza, de agradecimiento, de lo que estamos comentando y uno puede decir bueno capaz esto me hubiese servido más para el tiempo de cuaresma, pero resulta que no, la iglesia que es sabia, que es madre, pues nos pide que vivamos este tiempo de Pascua precisamente con esta expectativa, este deseo de la paz.
También el Señor por eso nos dice: “La paz les dejo, mi paz les doy” eso es una cosa que tenemos que pedir con frecuencia, con insistencia, pero hay una cosa interesante aquí que obviamente es lo que el Señor también nos promete: “no les doy la paz como se las da el mundo”.
LA PAZ
Es decir que eso que Tú nos prometes Señor en este evangelio de hoy, es diferente, es algo propio del cristiano, es la paz que solamente nos puede ofrecer Dios.
De hecho cada vez que vamos a misa, cada vez que estamos a punto de comulgar, también la liturgia nos propone precisamente en recordar eso; le pedimos al Señor “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad, ten piedad” y la tercera vez: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz” y lo decimos con toda la iglesia, no solamente con la comunidad que asiste a esa misa, sino con la Iglesia universal, con el cuerpo místico de Cristo: Señor danos la paz.
Obviamente lo pedimos con fe, pero sería bueno preguntarnos qué clase de paz estamos esperando cuando hacemos esa petición al Señor.
Por ejemplo, probablemente estemos pensando en la paz del mundo, te decimos Cordero de Dios danos la paz, sobre todo en estos momentos en los que hay guerras tan crueles en todo el mundo, quisiéramos que cesarán esas guerras, o capaz estamos pidiendo la paz para nuestro propio país, para que termine de una buena vez por todas la violencia de tantos tipos, que a veces hay.
PAZ FAMILIAR
La paz en nuestras sociedades, o alguien puede estar pidiendo en ese momento concreto “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo concédeme la paz en mi familia, para que haya más concordia, para que no haya más discusiones, para que sepamos pasar por alto esas típicas batallas o roces de la convivencia diaria, para que podamos pasar página a las susceptibilidades, a las divisiones, etcétera”
PAZ ECONOMICA
Bueno también me parece lógico que uno cuando le pide paz al Señor, le estoy pidiendo también por ejemplo, paz económica, es decir, Señor dame paz, para no tener preocupaciones de deudas, preocupaciones de cosas que tengo que pagar o capaz es una paz sencillamente así muy general: Señor concédeme vivir sin angustia, sin ansiedades.
PEDIMOS LA PAZ
Por supuesto, que nos atrevemos a pedirle al Señor todo esto, porque nos vendría muy bien, distintos tipos de paz o distintas manifestaciones de paz, cada uno tiene una necesidad concreta o más específica muy personal Señor y está muy bien pedir porque Tú Señor nos dices que te pidamos con mucha fe.
Pero en todo caso la pregunta sigue siendo: Señor, ¿Cuál es esa paz que Tú me estás ofreciendo y si acaso es la paz que yo te estoy pidiendo, no solamente en ese momento de la Santa Misa sino en tantos momentos de nuestra oración personal.
¿Qué clase de paz es esta Señor que tú me prometes? que por venir de Ti debe ser muy superior incluso a cualquiera de estas manifestaciones que acabamos de nombrar ahora, debe ser una paz superior, es una paz que no se tambalea, es decir, que no se pierde con facilidad, una paz que no se derrumba, es decir, una paz que es la paz cristiana que el cristiano es capaz de vivir, en cualquier circunstancia de la vida, tanto en los momentos buenos.
Por ejemplo, cuando nos ganamos unas vacaciones a la playa y a la montaña donde sea donde prefieras y resulta que no hay ningún tipo de distracción, ahí solamente se disfruta con una bebida fría en la mano ,si es el caso de la playa o una bebida caliente si es en la montaña, pero en todo caso no solamente en esos momentos de tranquilidad en que parece que todo va perfecto, que no hay nada de qué preocuparse al menos por un instante, sino también esa paz que tiene el cristiano de permanecer también con optimismo y con esperanza en los momentos malos.
Claro Señor, si esto es lo que Tú nos prometes, este don de no perder nunca la paz pase lo que pase, hasta el punto que cuesta casi igual pedir cualquier otra cosa.
Bueno Señor, ¿Donde firmo? dónde tengo que firmar para una paz así.
SANTA CATALINA DE SIENA
Hay una use una anécdota aparece tragicómica de la vida de Santa Catalina de Siena, por qué se cuenta que ella cuando caía en éxtasis, resulta que también caía un estado de insensibilidad y de rigidez, tanto así, que incluso se le podía hacer daño a la santa y mientras duraba el éxtasis resulta que a ella no le dolía. Hay un caso muy curioso que es el de ciertas mujeres que tenían mucha curiosidad por los éxtasis de Santa Catalina y después también algo de envidia y entonces se cuenta que una algunas de ellas se divertían pellizcando y pinchando a Santa Catalina durante sus éxtasis y hay un caso famoso de una mujer llamada Elisa de Turena que era mujer del sobrino del Papa y entonces ella llegó a hacerle tanto daño a Santa Catalina que una vez atravesó su pie con una aguja, pero lo hizo de tal modo que a la santa efectivamente durante el éxtasis no le dolió, pero una vez que salió del éxtasis, se dice que Santa Catalina pasó varios días sin poder apoyar ese pie en el suelo y había sido tanto el dolor una vez que volvió del éxtasis.
Y claro la tentación un poco es pensar eso que la paz que Tú Señor nos ofreces es una paz como no me duele nada, no me pasa nada, no sufro por nada.
SANTA TERESA DE ÁVILA
Pero es más bien esa paz de la que nos habla más bien Santa Teresa de Ávila el famoso:
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza”
y aquí viene lo más importante la clave de todo:
“Quien a Dios tiene nada le falta solo Dios basta”
Esa es la promesa que Tú nos haces Señor, el ofrecimiento de esta paz que nos da el mundo, a esta es la paz a la que debemos aspirar, la que te pedimos también este rato de oración, Señor.
Una paz que se fundamenta en las certeza de que Dios está junto a mí, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta y bueno también para considerar está el hecho de que no solamente le pedimos esta paz a Dios, sino que también tenemos que ser nosotros donantes de esta misma paz a los demás.
Estar primero nosotros muy cerca del Señor de modo que hasta se pueda decir que la gente nos tiene hasta santa envidia de cómo nos mantenemos en paz, a pesar de las circunstancias.
Como le gustaba mucho repetir a San Josemaría utilizando una cita de la carta a los romanos: Omnia in bonum; todo lo que me pasa, todo coopera para el bien de los que aman a Dios.
Vamos a pedirle también a Nuestra Madre, la Santísima Virgen ahora que estamos en el mes de mayo, que ella también nos conceda por su intercesión esta paz que su Hijo nos ofrece, no la paz que nada me duele, como a Santa Catalina de Siena durante el éxtasis, sino que es la paz de que aunque tenga una vida normal, una vida con momentos buenos, momentos malos mi fundamento está en la cercanía de Dios.
Quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios basta.

