ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡SÍGUEME!

Dice el evangelio: “y le dijo Sígueme”. La llamada de Dios.

En este sábado después del miércoles de ceniza vamos a oír en el evangelio las siguientes palabras:

“En aquel tiempo vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: ¡Sígueme!”

(Lc 5, 27)

quizás ustedes también se acuerden de que San Josemaría comentaba este evangelio fijándose en que Tú Jesús has llamado a este señor Levi en su trabajo profesional, en su ocupación, en lo que era su labor de cada día. 

Era un trabajador cobraba impuestos y estaba sentado en el mostrador de los impuestos, haciendo su trabajo y lo has llamado, le has dado la vocación, que muy probablemente no le quita ese oficio, sino que se lo ilumina y le lleva a encontrarte Señor, él a Tí, precisamente ahí en el mostrador de los impuestos, es una maravilla.

NOS LLAMAS A SERVIRTE

Entonces efectivamente ese comentario a todos nos lleva a reflexionar como Tú Jesús cuentas, con nuestra ocupación, sea la que sea, aquí pues es muy importante lo que cada uno de nosotros hacemos.

Para Ti es muy importante y para nosotros también, de eso vivimos, pero que nos puedas llamar  en ese contexto a servirte, que nos digas a cada uno de nosotros Sígueme, pues es espectacular.

EN MEDIO DE NUESTRAS OCUPACIONES

Y efectivamente pues se trata de que cada uno sí que oigamos al Señor, que nos está diciendo ahí en ese lugar y momento, en ese espacio en donde pasamos tantas horas, sea en nuestro escritorio, sea pues en el carro si estamos mucho rato ahí manejando, sea no sé en el mercado, sea en una cafetería, sea en la cocina, en donde sea.

Tú Señor me invitas a seguirte y así a todos y en la medida en que te sigamos no vamos a dejar, ya digo necesariamente, ese mostrador de los impuestos, esa ocupación, ese quehacer, porque no necesariamente.

Sí lo que sí vamos a hacer es seguirte en ese contexto y entonces seguirte en ese contexto pues supone hacer lo que Tú harías si estuvieras en esa circunstancia.

¡Qué bonito! que durante el día muchas veces, quizás al comenzar nuestro trabajo pero cuando haya pasado una hora o dos que te preguntemos Señor:

¿A dónde quieres que te siga?

¿Qué quieres hoy de mí?

¿Qué esperas de este rato de estudio?

¿Qué esperas de esta clase?

¿Qué esperas de esta atención a esta persona?

¿Qué esperas de este rato con mi hijo haciendo las tareas?

¿Qué esperas ahora que voy a llevar a mi hija a una fiesta?

¿Qué esperas de mí que voy a la fiesta?

¿Qué quieres que yo haga Señor?

¿A dónde me invitas a seguirte? 

¿QUÉ HARÍA EL SEÑOR SI ESTUVIERA EN MI LUGAR?

Y entonces se abre toda una posibilidad muy grande de realmente cultivar virtudes, por lo que dije antes, ¿Qué haría el Señor si estuviera en mi lugar? ¿Cómo se presentaría? ¿Con qué aspecto? su porte externo, su manera de presentarse, de ir aseado, de ir pulcro, limpio y después sus modales, su trato a la gente, todo esto es seguirte Señor.

El orden, la puntualidad, el hacer las cosas bien, el aprovechar el tiempo, a veces ayuda mucho silenciar las notificaciones,  para no estar siendo asaltado porque llegó un nuevo correo, porque llegó un nuevo mensaje de WhatsApp.

Bueno a veces sí que es parte de nuestro trabajo contestar eso, pero otra vez esas cositas que se pueden hacer al comienzo o al final de el rato de estudio y después uno puede descansar porque se concentra en lo que está haciendo.

Pero además dice el evangelio: “Él dejándolo todo, se levantó y lo siguió” ahí la posibilidad de que Tú Señor, sí que pidas que todo eso se deje y de por vida; puede ser el caso de una monja  que ha entrado a vivir en su un convento y ha dejado todo.

Pero también puede ser el caso de un esposo que deja todo lo que tiene pendiente por un rato y se va a estar contigo, porque dice el evangelio: “Él dejándolo todo se levantó y lo siguió”.

SEGUIRTE, CONOCERTE Y APRENDER DE TÍ

También puede ser Señor que nos llames a una pausa y a estar contigo,  a conocerte más, a comentar el día contigo, a recibir tus orientaciones, indicaciones, consejos, sugerencias, a aprender de Ti.

Entonces creo que es también sano que todos sepamos defender esos espacios para dejarlo todo levantarnos y estar con Dios, es lo que llamamos  los ratos de oración, lo que llamamos el plan de vida, estar contigo Jesús, conocerte y escucharte y que Tú nos escuches.

Bueno y finalmente dice el evangelio:

“Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros”,

(Lc 5,29)

esto me recuerda los festejos de las primeras comuniones, es efectivamente así, que cuando el niño o la niña ha recibido por primera vez Tu cuerpo, Señor, la familia suele organizar si es que puede, una reunión familiar, donde hay cosas ricas, especialmente una torta, que suele estar bañada de blanco y entonces hay un festejo.

QUE NO ME ACOSTUMBRE A RECIBIRTE 

LO MÁS PEQUEÑO ES LO MÁS GRANDE: LA EUCARISTÍA

 “Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa” 

Yo no me quiero acostumbrar a comulgar Jesús, quiero hoy recibirte de manera que Tú te sientas acogido y de alguna manera festejado,  celebrado, que no sea nunca mi comunión un acto del que no me doy completa cuenta, que pasa sin más, que realmente Señor marques mi vida como le pasó a Levi, que efectivamente organiza una fiesta, porque está contigo.

Entonces  me parece que el ánimo festivo es parte del cristianismo.

Vamos a ser agradecidos, vamos a ser disfrutadores, vamos a cultivar el asombro.

San Juan Pablo II hablaba del asombro eucarístico, pensar y asombrarnos de Tu presencia Señor en ese trocito de pan consagrado, que es cada Hostia.

Pero asombró no se queda simplemente en algo externo, sino que realmente me mueve a tratarte mejor, a cuidar mejor también mi alma y después a confiar en Ti tantas cosas que me puedes ayudar a sacar adelante con tu fuerza. 

 

 


Citas Utilizadas

Isaías 58, 9-14

Salmo 85

Lucas 5, 27-32

 

Reflexiones

Señor, que no pierda la capacidad de asombro de que me llamas a seguirte, de que puedo recibirte en mi alma.

 

Predicado por:

P. Luis Andrés

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