EL QUIJOTE
Si te has leído El Quijote, esa obra maestra de Cervantes, pues te darás cuenta de que recoge en realidad mucha sabiduría popular.
Hay muchos refranes, muchos dichos que se usan en el uso en el lenguaje común y entre tantos, tantos, tantos que se pueden encontrar allí, yo he seleccionado para el día de hoy uno que nos va a ayudar muchísimo a hacer esta adoración.
Probablemente lo has escuchado, porque dice: “De los desgraciados está lleno el infierno”.
Es decir, que el infierno está lleno de gente malagradecida y es tan radical esta afirmación, que obviamente lo que dice es que la ingratitud ha de ser considerada como el más infame de todos los vicios.
Porque vamos, si la ingratitud conduce al infierno, pues imagínate, hay que tenerle pánico ¿no? Claro, ¿qué significa esta frase?
Primero yo creo que debemos tener especial cuidado de pensar que esto es así, pero porque es como una especie de castigo divino, en el sentido de que Dios está como con el orgullo herido, porque resulta que la gente no le ha agradecido o alguien en particular no le ha agradecido por los bienes recibidos.
Es decir, cuidado con ver esto como si Dios mandara al infierno a los que causaron su ira por no ser suficientemente agradecidos.
EL PRINCIPITO
Claro, tú y yo no creemos en un dios que sólo nos ofrece ayuda porque quiere que le demos las gracias.
No creemos en un Dios que se indigna cuando alguien no le ha agradecido inmediatamente el favor recibido, porque eso no es lo que nosotros conocemos de Dios. Más bien sería como aquella caricatura que aparece en El Principito, que seguramente has leído, de aquel hombre que se encuentra en el segundo planeta. Es el hombre vanidoso, que intenta persuadir al principito de que golpee las manos y las separe.
Que aplauda y que lo reconozca a él como el hombre más bello, el mejor vestido, el más rico y el más inteligente de ese planeta, donde sólo vive el hombre vanidoso. O sea, que no era nada difícil ser el mejor en todo, pero aún así quería que alguien lo aplaudiera.
Y entonces, si Dios no es así, ¿por qué decimos que el infierno está lleno de desagradecidos?
Bueno, una respuesta la encontramos en el Evangelio de hoy, que pertenece a san Lucas.
Es un pasaje bastante bastante corto y de hecho lo podríamos leer y pasar de largo, pero tiene muchísimo para nuestra vida interior.
«En aquel tiempo Jesús iba caminando de ciudad en ciudad, [nada raro ¿no?] de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la buena noticia, [que para eso era que había venido a este mundo] del reino de Dios, acompañado por los doce y por algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades».
Y acto seguido el evangelista enumera los nombres de algunas de ellas, «María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que le servían con sus bienes».
SAN LUCAS
No nos llama la atención que sea san Lucas el que recoge este pasaje, porque el Evangelio de san Lucas ha sido identificado muchas veces como el evangelio de las mujeres, cosa que de hecho es bastante raro para la época y para las costumbres de aquellos tiempos.
Sin embargo, de lo que vamos a sacar provecho es precisamente que estas mujeres sirven al Señor y lo acompañan junto con los apóstoles, porque habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades.
Es decir, que estas mujeres están francamente agradecidas con el Señor y por eso es que lo acompañan y lo sirven con sus bienes.
Y esa es la lección que nos ayuda a entender ese refrán del Quijote, porque es que sin el agradecimiento es difícil seguir al Señor hasta el final.
De este grupo de apóstoles que menciona el evangelio sabemos que no todos van a perseverar hasta el final y muy probablemente algunos de los apóstoles, pero se le habrá olvidado que estar cerca del Señor es un privilegio.
No sé, capaz habrá puesto más el acento en las incomodidades del camino cuando se seguía al Señor y no había un horario de inicio, un horario de final, cuando había que pasar calor, había que pasar frío o no había un lugar donde dormir, que dependían bastante de la limosna de lo que las personas quisieran servir al Señor y a sus discípulos.
SER AGRADECIDOS
Capaz que puso el acento más en las renuncias que Dios le estaba pidiendo o tal vez en la mala suerte que veía que le pasaba, o al revés. Le daba como cierta envidia la buena suerte de otras personas que no eran tan buenas como él.
Y esto pasa cuando, efectivamente, dejamos de pensar en lo agradecidos que hemos de estar con el Señor. Porque del agradecimiento se salta más fácilmente a la generosidad.
Y así, quien no ha tenido una experiencia de la bondad de Dios, quien no se siente merecedor o se siente objeto de la paciencia de Dios, quien no ha sido sujeto de esa misericordia del Señor, que es una misericordia impresionante, sin ir más lejos lo que el Señor nos demuestra con su misericordia en cada confesión, quien tiene muy poca memoria de los cuidados que Dios le ha dado.
Hay otro refrán popular que dice que: “Dios aprieta pero no ahorca”. Y todos también tenemos experiencia de que esto es así. O quien no tiene certeza de ese amor de Dios que se manifiesta de modos muy concretos pero es que uno puede estar tan distraído que captar ese amor de Dios no es cosa de todos los días.
En cambio, quien sí ha experimentado todo esto, obviamente no se puede quedar tranquilo, no hay espacio para la pasividad, no puede quedarse quieto porque el auténtico agradecimiento se traduce en entrega. En entrega de tiempo y de los propios bienes como escuchamos aquí en el evangelio. Entrega de la propia presencia.
EL BIEN DEL SEÑOR
Señor, ¿cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?… Y por eso, aprovechamos este evangelio para preguntarnos: ¿quizás si yo tuviera que tatuarme una frase en la pupila del ojo para no olvidar nunca esa frase (que es una verdad fundamental de mi vida), capaz tendría que tatuarme allí algún suceso de mi vida del que yo tenga que estar en un eterno agradecimiento a Dios? (…)
¿Algo que me haga recordar las 24 horas del día la enorme deuda de amor que tengo con Dios? Así porque así paso del agradecimiento a la generosidad y después es más fácil traducir aquello en demostraciones concretas de agradecimiento? (…)
¿Cómo le demuestro yo concretamente cada día al Señor qué bueno eres, qué bueno ha sido conmigo? ¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?
O un recordatorio de que cada día yo puedo alzar la vara de la propia generosidad con Dios. O de la generosidad con el prójimo cada día…
Y claro, con este Evangelio ahora entendemos mejor qué es lo que significa ese refrán del Quijote. De nuevo, no es que Dios sea vengativo, rencoroso, resentido o que sea un interesado, no.
Porque es que le interesa nuestro aplauso. Y para eso es que nos hace cosas buenas para que nosotros rindamos gloria a Él y Él pueda echarse flores.
También nos recuerda que el Cielo es un lugar al que se llega por un camino que nos muestra Jesús. Es decir, que el Cielo es para aquellos que sigan muy de cerca al maestro. Que no den espacio al egoísmo, al propio pecado, a las propias miserias.
Pero para seguir de cerca al Maestro sin el agradecimiento, es sumamente complicado.
QUE TODOS LE SIGAN
Es lo que nos dice el Evangelio del día de hoy:
«El Señor quiere que todos le acompañen».
El Señor quiere que todos le sigan.
Y por eso vamos a decirle: “Señor ayúdame a ser profundamente agradecido, que mira que siempre hay cosas de las que me puedo quejar, siempre me puedo quejar de algo”. Podemos ser como la historia de la princesa y el guisante.
Algo de lo que nos podemos quejar y a veces la exageración. Pero más cierto que eso, es que siempre hay mucho más que agradecer. Y con el agradecimiento que fácil es seguir al Señor.
Vamos a encomendarnos a nuestra Madre la Santísima Virgen María. Porque incluso cuando el Señor le presenta una responsabilidad o una carga muy grande, ella lo que hace es decir: «Mi alma magnifica al Señor. Mi alma alaba al Señor».
Está profundamente agradecida porque reconoce con humildad ese regalo que ha hecho a su sierva.
Bueno, cómo no pedir a nuestra Madre que cuando nos encontremos más bien frustrados… Cuando venga la angustia o cuando venga la tentación de sumirnos en el propio egoísmo, que ella nos eleve la mirada para fijarnos en eso que sí tenemos. En eso que Dios si nos da. En lo que demuestra que Dios está a nuestro lado y que prácticamente no hace más nada que pensar en nosotros.
Y que de allí agradecimiento, nos movamos a la generosidad y a no dejar de seguir muy de cerca al Señor, cueste lo que cueste.

