En el evangelio de hoy se plantea toda una intriga, una duda acerca de la identidad tuya, Jesús. Porque se ve que hay gente común, normal, del pueblo empezaba a decir: ¿Este es el profeta o este es el Mesías?
Seguramente buscaban como una confirmación los líderes religiosos y los fariseos y estos indignados decían:
“maldita esta gente que desconoce la ley.”
(cfr. Jn 7, 49).
Su argumento principal era que el Mesías tenía que venir de Belén y no de Galilea.
“Por eso descartaban la posibilidad de que vos pudieras ser, Señor, el Mesías. Se enojan con la gente porque te seguían.” Podemos ver en estas dudas, en estas intrigas que habían, que al final llegan los que se supone que deberían saber, y se encuentran en el error; y en lugar de esclarecer y poder guiar al pueblo, son los que los disuaden de encontrarse con la verdad o casi se lo impiden.
“¿Y por qué? Porque les faltaba algún dato; porque no sabían, Señor, que vos habías nacido en Belén y que no hacías más que —también en eso— cumplir las Escrituras, habiendo nacido providencialmente en Belén, aunque te habías criado en Nazaret, donde vivían tus padres, la Virgen y san José.”
Les faltaba ese dato. No sé qué tan fácil o difícil podía haber sido, en ese momento, averiguarlo. No parece que se lo hayan planteado.
Pensaba si, a veces, Señor, nosotros también podemos mantenernos un poco alejados de la verdad y que esta no nos termine como de ayudar en nuestra conducta, por un poco de ligereza y por no darnos el trabajo de averiguar. Sobre todo en aquellas cosas que pueden tener que ver con nuestra salvación, con acercarnos a la verdad de la fe o lo que tiene que ver con las enseñanzas de la Iglesia…
PROFUNDIZAR EN LA FE

Si bien, quizá, uno recibió una formación de chiquito para recibir la comunión o la confirmación, qué bueno es no conformarse con eso y querer profundizar en nuestro conocimiento de la fe, que es tan rica. Por las cosas que nos has revelado, Señor, a través de los evangelios que la Iglesia ha custodiado y que se nos ha transmitido por generaciones en la Tradición, pero también por lo que el Magisterio y los teólogos han podido indagar, profundizar, llegar a consecuencias.
Bueno, eso podemos conocerlo porque la Iglesia es madre y maestra, y lo enseña. Es una responsabilidad conocer, por ejemplo en el ámbito de la moral, qué está bien y qué está mal.
En el ejercicio de la propia profesión puede requerir que uno se informe más. Si uno tiene que trabajar con cuestiones de bioética, por ejemplo, es importante tomar decisiones no dudosas, sino enterarse bien qué puede ir contra la dignidad de la persona, la defensa de la vida y cuál es el camino que la Iglesia nos enseña para obrar rectamente y también para ayudar a otro.
En los distintos ámbitos profesionales, quizá a uno le toca averiguar un poco más, conocer también las cuestiones que tienen más que ver con la práctica de nuestra fe.
En estos días, por ejemplo, me preguntaban: ¿Se puede comer carne el viernes? ¿Se puede cambiar por otra cosa? ¿Desde qué edad hay que hacer el ayuno?…
Son cosas que las podemos averiguar, sacarnos la duda si la tenemos. ¿Cómo prepararse para comulgar? ¿Qué días son precepto? Está bien saberlo, porque son cuestiones que están definidas por la Iglesia.
No es igual en cada Conferencia Episcopal y por eso tienen que averiguar para su país, por ejemplo, cuáles son los días de precepto. O cómo se vive la penitencia los viernes puede cambiar según la Conferencia Episcopal: si se puede sustituir por otro sacrificio o con una obra de caridad, o no.
BUSCAR FUENTES CONFIABLES
De hecho, pienso que hoy en día, que hay tanta información disponible, es incluso bastante fácil sacarse una duda, por supuesto, procurando ir a fuentes confiables. Hay incluso un chat de Inteligencia Artificial que se llama Magisterium AI al que uno le pregunta cosas y va a las fuentes del Magisterio para darte una respuesta.
Entonces uno puede saber de dónde sale la información ya que cita de qué documento de la Iglesia sale la información. Otras veces habrá que ir a preguntar a un sacerdote, alguien que sepa, para quitarnos alguna duda que podemos tener.
Qué bueno si tenemos también como un ansia de conocer más nuestra fe, toda esa riqueza sobre: la historia de la Iglesia, los sacramentos, la moral —decía antes— y la dogmática. También uno puede tener interés y querer profundizar y no quedarse solo con lo que aprendió por ahí en la catequesis de chico.
En eso nos puede ayudar, por ejemplo, leer los documentos magisteriales o una Carta Apostólica, una Encíclica que el Papa promulgue. También es muy accesible hoy en día ir a la página del Vaticano y leerlo de ahí. Eso implica, sí, un poco de orden y de tiempo, ¿no?
Hoy en día hay tantos recursos; quizá podemos buscar a alguien en algún video que nos explica ese documento…
Pero qué bueno que busquemos cómo nutrir esa sed de verdad que todos tenemos, para alimentar nuestra fe, para que eso después alimente también nuestra piedad. Y después poder ser sal y luz para otros; no actuar así de oído: esto me suena que… Sino, poder decir las cosas con un fundamento.
LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES

Así como lo diría… no sé, imaginémonos… En una obra de construcción, acá donde vivo, este año estaban construyendo unos locales comerciales y, en un segundo piso, estaban haciendo la losa para seguir construyendo y se derrumbó, se vino abajo.
¡Qué pena! Por suerte, nadie murió, pero esa obra quedó parada ahí. ¿Cuándo va a reactivarse? Porque, quizá, incluye cuestiones de seguridad, legales y hasta penales. ¿Y por qué ocurrió? Quizá porque no se calculó bien el encofrado ni lo que tenía que resistir el hormigón cuando hicieron la descarga.
Bueno, eso requiere que alguien lo piense bien y lo calcule bien. Bueno, sí. Lógicamente, para cosas así, humanas, se especializa, se averigua. También en lo que se refiere a nuestra vida interior y a nuestra fe podemos profundizar.
Cada uno tendrá sus necesidades, sus intereses, pero vale la pena —habiendo tantos medios— que nos formemos y que conozcamos.
También hago publicidad… La página web del Opus Dei tiene toda una serie de clases sobre la doctrina básica y sobre la fe cristiana. Puedes conocer más sobre el Credo, los mandamientos, la oración, qué tenemos que hacer…
Podemos también acudir a eso como fuente, o a tantas otras, pero lo importante es que nos quitemos las dudas, para llegar a la verdad: que la verdad nos hará libres. Ojalá así hubieran hecho los fariseos: averiguar antes de decir que Jesús venía de Galilea; saber bien dónde nació, por ahí les hubiera dado una pista.
Vamos a pedirle a Nuestra Madre que nos ayude en esta vida a conocer mucho de su Hijo, de nuestra fe y a poder también transmitirlo.



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