TE ADORO DIOS MÍO
Te acabamos de decir Jesús que te adoramos; te adoro con profunda reverencia y esa adoración implica un gran respeto y un gran estar a favor de Ti porque Tú eres bueno eres omnipotente, Tú nos quieres, nos lo has demostrado de muchísimas maneras y aunque no te vemos creemos en Ti.
Creo, adoro, espero y te amo, como dice esa oración que enseñó el Ángel de La Paz a los pastorcitos de Fátima: Dios mío yo creo y que se sigue de ese de ese creer pues la adoración, porque sé que eres magnífico eres superior a cualquier perfección visible que vemos aquí en la Tierra.
Tú eres el origen de todas las cosas buenas, por lo tanto te adoro, creo, adoro espero y te amo y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
HABLAS CON AUTORIDAD
Y pensaba en esto Señor porque hoy en el evangelio, vemos un diálogo un poco raro entre Tú y los ancianos y los sumos sacerdotes y escribas que se acercan a Ti.
“En aquel tiempo Jesús y sus discípulos llegaron de nuevo a Jerusalén”
se acercan estas personas y se encaran contigo,
“¿con qué autoridad haces todo esto? y ¿quién te ha dado autoridad para actuar así?”
(Mc 11, 28-33)
y es que es continuidad del evangelio de ayer, en el que Tu Señor llegas al templo y arrojas a los vendedores que están ahí en el templo, con gran autoridad los arrojas y ellos salen.
Pero lo hiciste con mucha autoridad porque si no tuvieras esa autoridad, esa fuerza, pues se habrían puesto contra Ti y te habrían vencido.
Pero Tú con esa gran autoridad, con esa presencia, con esa fuerza los arrojas a todos el templo y el día siguiente que vuelves ellos se acercan a Ti y te preguntan:
“¿Con qué autoridad haces estas cosas?”
y Tú les respondes con una pregunta:
“les voy a hacer una pregunta, si me contestan yo les diré con qué autoridad hago todo esto, ¿el bautismo de Juan era cosa de Dios o de los hombres?”
(Mc 11, 33)
contéstenme, yo les respondo pero ustedes respondan el primero, que ¿de dónde es el bautismo de Juan de Dios o de los hombres?
Y ellos no te responden y entre ellos discuten un poco, si le decimos que de Dios nos dirá entonces porque no le creyeron y si le decimos que de los hombres, pero como le tenían miedo a la multitud pues todos consideraban a Juan como verdadero profeta, le respondieron a Jesús:
“no lo sabemos, entonces Jesús le replicó pues tampoco yo les diré con qué autoridad hago todo esto”.
EL MIEDO COARTA LA LIBERTAD
Podemos ver en estas palabras que estas personas no creían que el bautismo de Juan fuera de Dios, si le decimos que de los hombres pues le tienen miedo la multitud, actúan por miedo, realmente no son libres.
Una persona que actúa por miedo no es libre y estos hombres por miedo a la multitud no le dicen a Jesús que ellos no creían que el bautismo de Juan fuera de Dios, como que no quieren unirse a lo que la gente cree y no sólo eso, sino que también ayer leíamos en el evangelio como toda la gente se admiraba de Jesús.
“Los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de esto y buscaban la forma de matarlo, pero le tenían miedo porque todo el mundo estaba asombrado de sus enseñanzas”
Otra vez el miedo de estos hombres, quieren matar a Jesús pero como todo mundo estaba asombrado de sus enseñanzas, tenían miedo a la multitud, pero por qué vamos un poco más atrás, porque ustedes no se asombran de las enseñanzas de Jesús, porque no se asombran de la evidencia de su poder sobrenatural, al hacer los milagros, porque no se asombran de su sabiduría divina al responderles, al plantear las parábolas.
TENER EL CORAZÓN DISPUESTO
No tienen un corazón dispuesto y aunque Tu Señor, haces cosas muy evidentes que muestran tu divinidad a fin de cuentas nos pides fe, que queramos creer, que queramos aceptarte como Dios hecho hombre, como nuestro Salvador.
Tú no nos arroyas, digamos, siempre respetas nuestra libertad por eso podemos no creer en Ti y por eso mucha gente que no cree en Ti.
Claro no todos los que no creen en Ti han tenido la misma oportunidad o la misma formación, Tu conoces los corazones y sabes que hay dentro de cada uno.
TENEMOS UN MARAVILLOSO DESTINO
Señor te pedimos por los que no creen en Ti, porque que duro no tener esta seguridad de que somos hijos de Dios, somos amados incondicionalmente por Dios, tenemos un destino más allá de esta vida que pasa y un destino maravilloso donde todo el amor de Dios se va a volcar en nosotros, donde podremos ver la belleza increada de Dios vamos a recibir vida de Él y eso para siempre, en una eternidad que no tiene que ver con el tiempo, o sea no es un estar un día y otro y un día y otro frente a Dios, sino que es entrar en su eternidad que es la perfección total y plena.
EL CIELO
Realmente no nos vamos a aburrir nunca estar ahí contemplando la maravilla de Dios, es como las cosas buenas aquí de la vida que difícilmente nos aburren, lo que pasa es que pues no las podemos tener siempre, pues todas las cosas buenas y maravillosas aquí son una probadita de lo que es Dios y en el cielo tendremos con esa seguridad de que lo tenemos siempre.
Eso es lo que nos da la fe y la fe nos da la esperanza, la fe nos ayuda a desprendernos de aquí de los bienes que hay en la tierra y que muchas veces se nos escapan de las manos pero pues no nos importa, porque nos queda Dios qué es lo más importante.
Señor te pedimos por los que no creen en Ti y que yo pueda de alguna manera ayudarles a creer con mi amistad, con mi cariño, porque muchas veces los razonamientos, los diálogos, si no hay una buena disposición inicial pues no llegan a nada. Porque siempre habrá razones en contra, débiles, ciertamente ya son las razones para creer en Dios son más fuertes.
Hay razones para creer y los filósofos han demostrado de muchas maneras con algunos argumentos más válidos, o más universales, o más evidentes que otros, pero hay muchos argumentos para creer.
DIOS TE CAMBIA LA VIDA
Pero, ¿tú quieres creer? ¿Estás abierto a que Dios te exija? a que Dios te cambie la vida, porque si yo te acepto Señor, Tú me pides y me pruebas un poquito, pero siempre me das fuerza para salir adelante.
Si no creo en Ti de todos modos la vida tiene sus pruebas y si no te tengo, pues me puedo desesperar más fácilmente.
Madre mía ayúdame a creer mucho en tu Hijo Jesús, ayúdame a querer creer, a tener un corazón abierto, un corazón disponible y ayúdales también a todos los que no creen en Él, ayúdame a mí también a acercarlos, de alguna manera con mi amistad y con mi trato a facilitar que esa luz de la fe entre en sus corazones.

