ESTAR ATENTOS
Nos cuenta el Evangelio del día de hoy, que les decía el Señor a sus apóstoles mientras se trasladaban, mientras cruzaban con la barca, que
«se cuidaran de la levadura de los fariseos».
Les quería decir con esto, que tuvieran cuidado de enseñanzas que podían tener un fondo equivocado.
Porque se veía por los hechos, como ellos muchas veces se separaban del espíritu de las leyes. De que se guían más por sus preceptos, que estaban muy pendientes de su autoridad y de sus cumplimientos, y descuidaban a veces la caridad.
Y les quería advertir, Señor, que estén atentos para no seguir una enseñanza que les puede hacer mal.
Pero ellos, que habían guardado de la multiplicación de los panes un solo pan, pensaban al escucharte una advertencia sobre la levadura. Se empezaron a preocupar porque no iba a alcanzar el pan que tenían.
Y entonces les decía el Señor,
«pero como, ¿todavía no entienden?, ¿todavía no creen?, ¿no tienen oídos para escuchar?, ¿no tienen ojos para ver?… No les estoy diciendo, preocupense, que no tenemos lo suficiente.
Al contrario, les vengo dando muestras de que justamente de eso no hace falta que se preocupen tanto, porque ya vieron cuánto sobró de las distintas multiplicaciones…» (Cf.).
Recuerdan, sí, es verdad, sobraron tantos canastos, sobraron tantas cestas, un montón…
ABANDONARNOS EN DIOS
Y pensaba, Señor, cómo quizá nos puede iluminar esta reacción Tuya.
Porque a veces por ahí va nuestra preocupación, y puede ser más fácilmente estas cosas más inmediatas, materiales, que lógicamente a nosotros nos preocupa.
Si a uno le falta algo, no sabe bien cómo se las va a arreglar, le falta lo material o un tema de salud o lo que sea, y pareciera que tu actitud, Señor, es que querés que enfrentemos esas cosas de otra manera.
Hacerlo con más abandono, no con tanta incertidumbre y preocupaciones.
Y bueno, quizá sí querés que cuidemos más las cosas que nos puedan llevar al bien o al mal en cuanto a esa enseñanza.
Pero ahora, en este rato de oración, Jesús, pensaba fijarme más en cómo es nuestra actitud ante esas cosas que son una prueba en el camino.
También este tema, además, aparece en la Primera Lectura, en la Carta de Santiago, que llama la atención y nos puede iluminar lo que dice el apóstol que,
«Bienaventurados, los hombres que sufren pruebas, porque esa prueba los puede llevar a alcanzar el premio, el tesoro»
(Cf).
Probablemente no es lo primero que se nos ocurre a nosotros. ¡Uy, qué bien, qué bueno!
Si, mirá, tengo este tema de salud, o si estoy sin trabajo, o si me preocupa este familiar, o un hijo, o un hermano que está en tal situación…
Y no pensamos «Bienaventurados», decimos, por ahí perdemos la paz, nos cuesta confiar.
ALCANZAR UN PREMIO
Y quizá parte de nuestro crecimiento en la fe y en el fondo de la santidad, es que nos abandonemos un poco más, que no nos tomemos las cosas así, como si, no sé, como si Dios no existiera, como si todo dependiera de nosotros.
Puede ser muchas veces que en las pruebas, es donde crecemos en confianza, donde también crecemos en algunas virtudes, como dice acá el apóstol Santiago, alguna vez lo leí también, dice:
«Bienaventurados, porque alcanzarán el premio, un poco a través también de esas pruebas» (Cf.),
como que tienen un sentido.
Y dice en la misma Lectura de hoy, que no es Dios que te quiere tentar, que las tentaciones nos vienen, un poco por nuestra debilidad, pero sí que Él sabe servirse de esas cosas para que maduremos, crezcamos y nos acerquemos más a Él.
Algo que alguna vez leí que decía el padre Pío, me pareció muy bueno, decía algo así como,
«si supiéramos cuánto nos puede ayudar una tentación, casi la buscaríamos”.
Bueno, claramente no hay que buscar las tentaciones, hay que huir de ellas, pero las pruebas, puede ser, también se puede aplicar lo mismo.
Nos puede hacer bien porque es cuando uno busca más la ayuda de Dios, se refugia en Él.
También porque, ya sea una tentación, ya sea en una prueba, algo que podemos estar seguros, es que Dios tiene una gracia ahí para darnos, y que quizás sin esa prueba no tendría esa gracia.
CONFIAR EN LO QUE VIENE
En cambio, en esa fragilidad que uno siente, en esa impotencia, en esa inseguridad, podemos crecer.
Ahora Vos señor, me vas a ayudar porque te necesito, voy a esa gracia que está por ahí. Hablando un poco así, como si fuera algo material, pero la puedo agarrar, me la puedo quedar, que no se pierda, que no se vaya, y está, porque yo ahora Señor lo necesito, y sé que Vos no me vas a dejar.
Y tantas veces comprobaremos que esas pruebas fueron después para nuestro bien, que nos ayudaron.
Leía en un libro que contaba la historia de uno de los que había comenzado con los Beatles.
En los primeros años, parece que lo echaron de la banda, creo que ahí contratan a Ringo Star en vez de él.
Y este, claro, cuando explota el éxito de los Beatles, el pobre se agarra una depresión, porque él podría ser parte de todo ese fenómeno tremendo que eran conocidos en todos lados, aclamados.
Por supuesto, que al ver todo lo que se estaba perdiendo le afectó mucho.
Pero parece ser a la vuelta de los años, entrevistaron a este hombre, ya mucho tiempo después, y decía: “mira al final me ayudó, para mí fue una suerte no haber seguido ese camino, porque yo ahora tengo una familia y una vida que, no sé, difícilmente podría haber alcanzado las cosas que ahora yo valoro y tengo, y si hubiera seguido en el grupo, no hubiera sido tan famoso, tan rico”.
TODO ES PARA BIEN
Bueno, eso que tantas veces uno lo escucha, lo ve.
Que al final, hasta humanamente puede ser que gente que se rehace o sale, termine encontrando algo bueno, algo que de entrada parecía muy malo, o que esta persona lo hizo sufrir. Con mucho más certeza podemos decir, todo es para bien.
Y esas dos, además de pensar, el Señor puede sacar algo bueno. Tiene una gracia para mí.
Quizá también nos puede quedar como fruto de este rato de oración, un poco la idea de, “no me diría Jesús alguna vez ante mis quejas, preocupaciones, un poco como le dijiste a los apóstoles, «no tenés ojos, no tenés oídos, no ves, no entendés todavía que Yo estoy, que te voy a cuidar, que no hace falta que te preocupes tanto por eso»”.
Hay cosas que, bueno, que sí, si uno tiene a un familiar que es muy enfermo y es lógico que sí, que le va a doler, que no nos puede ser indiferente.
Pero alguna vez puede ser que nos venga bien Señor, porque nos falta un poco más de confianza y abandono.
Que nos digas también como a los apóstoles, y que también no dejemos de preocuparnos por lo que nos lleva a la salvación, lo que nos dice la fe, esta levadura mala era algo que te desviaba de la verdad.
Bueno la levadura buena es creer, confiar, saber que el Señor está, que nos sostiene la mano.
Vamos a pedirle a nuestra Madre que estuvo al pie de la Cruz, tuvo esa prueba tan dura, que nos ayude a tener una reacción buena.
De manera que las pruebas que todos tenemos, nos acerquen más a su Hijo.
Que no perdamos la paz y la alegría, y que podamos así también dar esperanza, la esperanza que viene de Dios a nuestro alrededor.

