CENTRAR MI VIDA
En este domingo la Liturgia de la Iglesia nos presenta un pasaje del Evangelio según San Mateo en su capítulo X, Jesús nos está entregando una serie de recomendaciones y quería leer algunas de ellas que nos van a servir para convencer nuestro rato de oración.
Dice Jesús a sus apóstoles:
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí, y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará».
Y luego continúa un poco más, pero yo me quería quedar con esta última frase que leíamos,
«el que encuentre su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará».
Pensaba que podíamos cambiar un poco esta frase, no para cambiar el sentido sino para reforzarlo. Podríamos decir que estas palabras nos pueden ayudar a aplicarla más a nuestra propia vida.
El que centra su vida en sí mismo se encontrará con sus límites humanos, sin embargo, el que vea un poco más allá y esté dispuesto a dar su vida por un ideal, por un amor o por una persona, ese pasará la historia y sobre todo ese será feliz.
EL CLUB DEL EMPERADOR
Pienso que hay un ejemplo que nos pueda ayudar para aterrizar estas palabras. Se trata de una escena, o más que una escena, es una idea que atraviesa toda la película El Club del Emperador, una película del año 2002.
El protagonista es un profesor de historia que quiere transmitir a sus alumnos la importancia de servir a los demás, de no estar centrados en sí mismos. Ellos tienen una educación de excelencia en un colegio de los mejores de su lugar donde están, y este profesor quiere transmitirle a sus alumnos que lo mejor para ellos, lo mejor que pueden hacer es servir.
Y entonces los hace leer una placa, una placa escrita en el año 1158 a.C. Así reza esta placa: “Yo soy Yutrug Nahunte, rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Por mandato de Inshushinak, destruí Sipar y tomé la estela de Naramsin y la traje de vuelta a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios. Yutrug Nahunte”.
Este profesor hacía que los alumnos leyeran esta placa, esta frase y después les preguntaba: —¿Quién es este hombre? Y nadie sabía, porque es un hombre que no pasó a la historia por lo que había hecho, a pesar de que había sido algo importante, porque lo hizo tratando de ponerse en el centro.
Sin embargo, otros personajes de la historia que sí quisieron servir, sí quisieron dejar un legado más espiritual, ellos sí que pasaron a la historia y no sólo pasaron a la historia sino que encontraron esa felicidad. Ejemplos de esas personas que de distintos modos han perdido su vida por el Señor y que sí han encontrado la felicidad son los santos.
VIDA DE SANTOS
Son esos santos, muchos de ellos que los conocemos, conocemos sus nombres, otros varios son más desconocidos para nosotros, pero que han logrado dejar esa estela tan importante de la santidad de la entrega. Pensaba que nos podía servir ver algunos ejemplos.
En primer lugar el ejemplo de los mártires, san Esteban, el primer mártir que por dar testimonio del señor pierde su vida. Santo Tomás Moro que por enseñar la verdad y por ayudar, por intentar transmitirla con caridad pero claridad, pierde su vida.
Los mártires de Tagaste, esos cincuenta hombres que eran soldados romanos, muchos de ellos y que estaban ahí dando testimonio de su fe y que fueron condenados a entrar en un estanque helado y comenzaron a cantar mientras estaban en ese estanque: “50 hemos entrado en la batalla, 50 coronas te pedimos”. Uno de ellos deserta y uno de los soldados que estaban ahí haciendo ese suplicio toma su lugar y es uno de esos 50 mártires de Tagaste.
Y hay muchos más santos mártires desconocidos del siglo XX, del siglo XXI que entregaron su vida por el señor, que dijeron si es verdad esto,
«el que encuentre su vida la perderá, en cambio el que pierde su vida por mí la encontrará».
Los santos mártires de la guerra civil española, los santos mártires que han perdido su vida en territorios de persecución como en Asia, en Medio Oriente y también esos mártires desconocidos que mueren día a día también cerca de nosotros. No son pocos los que pierden su vida por Ti, Señor.
NI POR UN MILLÓN DE DÓLARES
Un segundo ejemplo que quería poner más concreto es el de la beata Laura Vicuña, una beata chilena que entregó su vida a sus trece años para la salvación de su madre. Quería la conversión de su madre y le ofreció su vida al Señor en esa tierna infancia. El Señor escuchó su oración, su madre se convirtió y ella está en ese proceso de beatificación.
Hay un libro, haciendo un paréntesis ahora, que quería recomendarte, que se llama “Así mueren los santos”, de Antonio María Sicari, es un sacerdote que cuenta el modo en que mueren más de cien santos, santos o beatos.
Ahí está incluida la historia de la beata Laura Vicuña y de tantos otros santos que han entregado su vida por el Señor, por amor a Él y por amor a los demás.Te recomiendo ese libro porque es muy bueno.
Y por último, pensaba en el ejemplo que nos da la madre Teresa de Calcuta, Santa Teresa de Calcuta. Contaban que una vez una periodista le había dicho: — yo no haría lo que usted hace ni por un millón de dólares. Y ella le responde: (se ve que tenía buen sentido del humor) —yo tampoco, yo no lo haría por un millón de dólares, yo lo hago por el amor que le tengo a Dios y por el amor que Dios me da.
Dar la vida por amor en servicio de los más pobres, en servicio de los que lo necesitan, eso sí que vale la pena.
HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR
Y ahora tú y yo nos podemos preguntar, ¿y yo trato de ponerme en el centro como Jútuf, y de pasar a la historia como el conquistador? O me doy cuenta de que la verdadera felicidad y la verdadera fama o lo que de verdad vale la pena es entregar mi vida por los demás, entregar nuestra vida al Señor por un motivo valioso, por un motivo de eternidad?
Podemos terminar este rato de oración acudiendo a nuestra Madre Santísima, cuando el Señor por medio del Ángel le pidió ser la madre de Dios, y ella dijo:
«He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
De algún modo he estado diciendo: ‘te entrego mi vida para que tú hagas lo que quieras Señor, quiero perder mi vida para poder encontrarla, quiero entregártelo todo para que Tú puedas ser de verdad ese ese factor de transformación del mundo’.
La Virgen lo logró trayendo a la Tierra a Jesús, y tú y yo también podemos ser esos factores de transformación del mundo perdiendo nuestra vida, para que el Señor aproveche y haga con nosotros lo que necesite.
