En el Evangelio de hoy, vemos como le acercan a Jesús un enfermo y Jesús lo cura. Los que estaban cerca le preguntaron a Jesús:
«¿Y nosotros por qué no pudimos curarlo? Jesús les contesta, «Porque tienen poca fe. Y añade, Y si fuera la fe de ustedes tan pequeña como un grano de mostaza, le dirías a esa montaña que venga aquí y vendría, nada es imposible para el que tiene fe».” (Mt 17, 19-20)
La fe es la primera virtud teologal. Las virtudes teologales son las que nos acercan a Dios. Son la fe, la esperanza y la caridad y son esenciales para vivir la vida cristiana.
Se empieza por la fe, que es creer en Dios y creer a Dios. Si creemos que Dios existe, también es lógico que creamos en lo que Dios nos dice.
Dios no está callado, no guarda silencio, es muy locuaz, nos habla constantemente, y lo que nos dice es lo más importante.
Dios no nos habla de cualquier cosa, Él nos transmite lo que debemos saber para poder realizarlo, porque hemos venido al mundo para realizar una misión.
UN PAPEL QUE CUMPLIR
Nadie ha venido al mundo por equivocación o por gusto, todos tenemos un papel que cumplir.
Dios nos dice cuál es ese papel que nos toca a cada uno y nos va dando los medios para poder realizarlo, por eso es importante la fe.
La fe es la virtud que nos da la certeza de lo que Dios nos ha dicho y la certeza de los medios que nos alcanza para realizar esa misión.
Todo exige una preparación, el niño tiene que aprender de sus padres y luego de sus maestros en el colegio.
Paralelamente, Dios interviene en nuestra vida a través de nuestros padres y de nuestros maestros, ellos nos enseñan a creer en Dios y cómo debemos tratarlo.
Uno aprende a rezar de muy pequeño cuando su mamá le enseña. ¿Cuáles son esas oraciones?
Las que ella nos enseña y también nos enseña los gestos que debemos cuidar: cómo juntar las manos o cómo hacer la genuflexión delante del santísimo o el silencio, para el trato íntimo con Dios.
Todo eso lo aprendemos de niños y vamos mejorando cada día, si tenemos esa formación que recibimos de nuestros maestros o de la parroquia o de un sacerdote, vamos mejorando y siempre con fe.
DIOS SE HA REVELADO
La fe nos hace crecer espiritualmente y conseguir las mejores cosas que tenemos que conseguir en el mundo, para nosotros y para los demás, para mucha gente.
Los santos han conseguido maravillas con la fe. Hay que tener en cuenta que la fe es una virtud sobrenatural, por la cual creemos lo que Dios nos ha revelado, es lo primero.
Dios se ha revelado y tenemos que creer lo que Él nos ha dicho y creerlo no por la luz natural de la razón, sino por la autoridad de Dios que no puede engañarse ni engañarnos.
Dios no nos miente, nos dice la verdad y nos dice lo que debemos saber.
Además, la fe es una virtud infusa, o sea, no es por repetición de actos, sino porque Dios, si somos humildes, nos alcanza la fe.
Dios nos pide ser humildes, “la humildad” es la virtud que está en la base de las demás virtudes y la humildad es la verdad.
Es reconocer cómo somos, cómo estamos y reconocer también la grandeza de Dios que está cerca. Dios da la gracia a los humildes y la gracia es un poder espiritual.
Cuando se tiene la gracia, hay una gran paz, hay un deseo de que todos se encuentren con Dios. Hay una inquietud que se llama inquietud apostólica, “deseo de que todos se salven”.
UN EXIGENTÍSIMO AMIGO
El Papa san Juan Pablo II, decía que Jesucristo era un dulcísimo, pero también un exigentísimo amigo, porque el que se encuentra con Él, -decía-, no puede seguir viviendo como si no se hubiera encontrado.
Si nos encontramos con Dios, si nos encontramos con Jesucristo, Jesucristo nos cambia, nos fortalece, nos hace más capaces.
Hay una mejoría espiritual grande, que es la que Dios nos alcanza para poder cumplir con nuestra Misión, es el Espíritu Santo, el santificador que nos da toda esa capacidad, para que podamos decir:
«Todo lo puedo en Aquel que me conforta.” (Fil 4, 13)
Todo lo puedo porque Dios está, si Dios no está, no puedo nada. Como dice también la escritura, dice el Señor:
«Sin mí nada puedes hacer.” (Jn 15, 5)
¡Y con Dios todo lo podemos! En el Evangelio de hoy, los discípulos al ver que el Señor cura a los enfermos, le preguntan:
«¿Y nosotros por qué no podemos curar?» (Mt 17, 19)
LES FALTA LA FE
Y el Señor rápidamente les responde, «Porque les falta fe.» Tenemos que reconocer que nos falta fe.
Tenemos fe, pero mirando tantas cosas que tendríamos que conocer y que tendríamos que hacer, llegamos a la conclusión de que nos falta fe.
Entonces le decimos al Señor:
Señor, Auméntame la fe. Necesito que me aumentes la fe para poder hacer lo que Tú me pides, para poder llegar a esas metas altas, para poder transformar tantas cosas que solamente Tú puedes hacerlo, y yo soy instrumento tuyo y entonces, Tú eres el que me ayudas para lograr la conversión de muchas personas.
Por ejemplo, nosotros no podemos presumir pensando que lo vamos a poder hacer solos.
La fe Tampoco es algo que se pueda comprar, como ocurrió y lo hemos leído en los Hechos de los Apóstoles, ese personaje que se llamaba Simón.
Simón el mago, un hombre que hacía trucos de magia y así asombraba a la gente, los tenía así asombrados, de esas genialidades del mago.
Y un día este señor Simón vio con asombro que san Pablo hacía milagros y que esos milagros eran más impresionantes que sus trucos de magia.
Y entonces se acercó a san Pablo y le dijo:
«Enséñame cómo hacer esos milagros que tú haces. No te voy a pagar el dinero que tú quieras, pero enséñame a hacer esos milagros.»
(Hch 8, 18-19)
NI TRUCO NI MAGIA
Pensaba que los milagros eran un truco mágico, y san Pablo le hace ver que no se trata de ningún truco ni ninguna magia, sino que es el poder de Dios.
Y para poder hacerlo había que tener fe en Dios, para ser instrumento de Dios y además de ser creyente, ser una persona idónea, bien preparada, con gracia de Dios, viviendo con Dios.
Si nosotros nos identificamos con Cristo, si vivimos reforzados por los sacramentos y somos hijos de Dios, podemos hacer muchas cosas, que Dios las hace a través de nosotros.
La fe mueve realmente montañas, como dice el Evangelio de hoy, los hombres de fe han hecho maravillas, han sacado adelante a la Iglesia en lugares duros y difíciles.
Vemos en la historia de la Iglesia, vemos los primeros cristianos que tuvieron una persecución tremenda, persecución además de las autoridades y tenían que esconderse en las catacumbas.
En los circos de Roma, a los cristianos les hacían pelear contra los leones y eso era un espectáculo para la diversión del pueblo.
LA IGLESIA CONTINÚA
Otros morían crucificados como Jesucristo. Todos los apóstoles menos Juan fueron mártires.
Y en los años sucesivos las persecuciones contra la Iglesia han continuado y en los tiempos actuales también sigue habiendo persecuciones y a pesar de todo, la Iglesia continúa y hay frutos.
Poblaciones enteras que se han convertido en los tiempos actuales, también hay muchas conversiones.
En este siglo XXI ha habido conversiones que han sido noticia, como en Francia, después de esos momentos difíciles de la quema de Iglesias han surgido muchos bautizos.
También en Estados Unidos igual, son miles los que se han bautizado. En Inglaterra ahora se dice que son más los católicos que los anglicanos.
Y en África, digamos un continente donde la población católica ha crecido muchísimo. Tenemos que agradecerle a Dios, por todo esto.
Vamos a pedirle a nuestra madre la Virgen, que ella nos ayude a ser buenos hijos de Dios, teniendo más fe.
Una fe que, como decía san Josemaría, decía que su fe era tan gorda que se podía cortar. ¡Qué crezcamos en la fe para poder cumplir nuestra misión!

