¡Jesús! ¿Dónde se me está yendo la vida?
Hoy, Jesús cuenta una parábola que comienza muy temprano, (de hecho, Señor, ya me había tocado comentar este evangelio hace unas semanas atrás, pero qué maravilla descubrir nuevas cosas).
Hablas de ese propietario que sale al amanecer a contratar trabajadores para su viña y vuelve a salir de mañana y después al mediodía y a media tarde y sorprendentemente vuelve también a salir al caer la tarde. Y cuando ya prácticamente se había acabado el día, encuentra todavía unos hombres ahí en la plaza.
Me gustaría que nos metiéramos un momento en esta escena. Esos hombres han visto pasar el día, han visto salir el sol, han visto ir y venir gente, probablemente han estado ahí conversando, esperando, chateando, mirando alrededor y llega la noche y siguen ahí.
Entonces ese propietario de la viña les hace una pregunta:
«¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?»
(Mt 20, 6)
Y esta frase hoy nos puede servir para hacer este ratico de oración. Porque también uno puede pasar buena parte de la existencia en la plaza de la vida, esperando, entreteniéndose, viendo lo que hacen los demás, haciendo planes y dejando pasar el día y los días.
Incluso podemos estar ocupadísimos y sin embargo tener la sensación de que no estamos haciendo nada verdaderamente importante.
Por eso podríamos preguntarnos hoy en este ratico de oración: “Jesús, ¿dónde se me está yendo la vida?” Porque la vida no se va de golpe, la vida se nos va el lunes, el martes, el miércoles… hoy domingo, en mensajes, en reuniones, en viajes, en almuerzos, en pantallas, en horas de trabajo, conversaciones, minutos de oración también; en personas concretas. La vida se nos va así, de minuto a minuto.
Quizá la pregunta no es solamente ¿cuánto tiempo me queda? La pregunta es ¿en qué quiero gastar el tiempo que me queda?
PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO
Pero cuidado, Jesús no está contando esta parábola para decirnos hay que trabajar más, como si la vida cristiana consistiera solamente en llenar la agenda, no. Porque también podemos hacer muchísimas cosas, Señor y estar interiormente vacíos.
Podríamos estudiar, trabajar, viajar, hacer deporte, salir, tener proyectos, conocer mucha gente, estar todo el día ahí, haciendo cosas; y, sin embargo, sentir por dentro una insatisfacción difícil de explicar: me falta algo.
San Pablo, en la liturgia de hoy, de este domingo 25 del tiempo ordinario, nos da una respuesta poderosa, dice:
«Para mí la vida es Cristo»
(Flp 1, 21).
Para mí, la vida es Cristo, para mí el tiempo es Cristo. ¡Qué frase!
No dice, para mí Cristo es una parte importante de mi vida. No, no, dice: «La vida es Cristo», mi vida es Cristo. Jesús, Tú eres el que le das sustancia a nuestra existencia. Tú le das sabor, dirección; le das un para qué.
Por eso entendemos mejor la parábola. Y por eso, qué bueno eres Señor, porque vas a buscar a todos, a todos y sales a buscar personas. Quieres sacar a aquellos hombres de una existencia vacía y meterlos en tu viña.
Quieres decirles: ven, hay algo para ti, tu vida puede servir, tu vida tiene una misión. Y eso es lo que haces hoy con nosotros, Jesús. Pasas otra vez por la plaza y nos dices: ven tú también, ven.
Esto cambia completamente la idea del aprovechamiento del tiempo, que puede ser el tema de esta meditación; sí, aprovechar el tiempo. Aprovechar el tiempo no significa estar siempre haciendo algo.
Jesús descansaba, Jesús iba a comer con sus amigos, caminaba, conversaba, participó en una boda, se retiraba a rezar…
El problema, no es “voy a aprovechar tanto el tiempo que no voy a descansar”, ¡no! También es importante el ocio, el ocio es bueno.
Incluso basta ver a unos niños. A unos niños no hay que ponerles a hacer cosas todo el tiempo. Los niños mejor dicho no pierden el tiempo, porque siempre descubren qué hacer con la creatividad que da la niñez.
VIVIR LEJOS DEL AMOR DE DIOS
El otro día estaba preguntándole a unas familias: ¿qué hacemos con los niños los domingos en la misa de familia que tenemos en la universidad? ¿Qué planes nos organizamos para tenerlos entretenidos? Y una mamá que tiene cinco-seis hijos me dijo: “padre a los niños no hay que ponerles a hacer nada, ellos mismos se distraen”. ¡Me encantó esto!
¿Cuál es el ocio malo? Vivir lejos del amor de Dios, eso sí. Vivir lejos de Dios, ese tiempo, ¿para qué entonces? perdido. Ese es verdaderamente el tiempo perdido, el tiempo sin Dios.
Puedo estar tres horas descansando o estar aprovechando maravillosamente mi tiempo y puedo pasar doce horas trabajando y desperdiciar interiormente esas doce horas.
¿Por qué? Si aparece el egoísmo, si aparece la vanidad para quedar bien, demostrar que soy mejor.
No importa solamente cuánto hago, importa cómo lo hago, para quién lo hago, con quién lo hago y con cuánto amor. Así sea un minuto lleno de amor, es para toda la eternidad. Me gana toda la eternidad. En cambio, una vida llena de actividades puede estar tremendamente vacía.
Jesús, ¿hay amor en aquello en lo que se me está yendo la vida? ¿Mi trabajo tiene amor, mi descanso? ¿Mi oración tiene amor? Podría ser solamente un cumplimiento. ¿Mi relación con mi familia tiene amor?
Cuando Tú estás ahí, Jesús, incluso las cosas más ordinarias adquieren otra sustancia, otro sabor, un saborcito diferente. El tiempo con Dios sabe diferente, el gusto es mejor.
La vida se compone de tiempo y por eso la vida se nos va con el tiempo.
A todos nos dan un tiempo. Todos tenemos un tiempo, no sabemos cuánto, pero está contado. Si yo le entrego a Dios mi tiempo haciendo su voluntad, al final le habré entregado mi vida.
Por eso vale la pena tomar posición del tiempo, tener orden. Quizá de pronto hasta un horario. Un horario puede servir. Hay algunas personas a las que el horario le sirve, otras a las que no les sirve.
Pero puede ser interesante poner orden; orden para acostarse, para levantarse, para rezar, para trabajar, un tiempo para la familia, un tiempo para descansar… qué importante es el descanso. Si no descansamos bien no vamos a rendir en la vida.
Un tiempo para los amigos… Qué bueno que un porcentaje alto de nuestro tiempo lo pasemos en amistad.
EL TIEMPO
Jesús, el tiempo es tuyo. Qué bueno que siempre estés ahí, porque quiero entregarlo, quiero donarlo, quiero regalártelo a Ti y por amor a Ti a los demás. Y que la vida no se me vaya en minutos. No, que se me vaya en libertad.
El tiempo no se cuenta en minutos, se cuenta en libertad. En cómo entrego mi libertad.
Aprovechar el tiempo consiste también en poder decir: “Jesús, yo había pensado hacer otra cosa, pero si ahora me necesitas aquí, aquí estoy”. Eso es libertad.
Y la clave también es el servicio. Una de las mejores maneras de aprovechar la vida es gastarla en los demás. Por eso Jesús dijo:
«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos»
(Jn 15, 13).
Dar la vida… nosotros pensamos inmediatamente en algo heroico, en una escena cinematográfica, en ser mártires… No, la vida no se entrega así, la vida se da de minuto a minuto, de cinco en cinco. De media hora en media hora, de una tarde a otra tarde. Una conversación, un rato de oración, una persona a la que me detengo para escuchar, un trabajo bien terminado con cariño, una llamada. Ahí se nos va yendo la vida, ahí se nos va yendo el tiempo.
Por eso la pregunta ya no es, ¿cuánto tiempo estoy perdiendo? Sino: “Jesús, ¿en quién quieres que gaste mi tiempo con amor?”
Volvamos otra vez al evangelio, está cayendo la tarde, queda muy poco día y el propietario vuelve a salir. Esto es muy bonito, porque alguno puede pensar: pero es que ya he perdido mucho tiempo, ya he desperdiciado años de mi vida, podría haber aprovechado mucho mejor.
Pues mira, el evangelio de hoy es muy alentador porque Dios también sale al caer la tarde. Todavía nos busca, todavía nos mira, nos dice: ven tú también, ven, vamos a mirar cómo gastamos el resto de los días que nos quedan, el resto del tiempo y poder decirle a Jesús: “Jesús, mi tiempo es tuyo”.
La Virgen, nuestra Madre, vivió una vida llena de días aparentemente normales: Nazaret, una casa, trabajo, familia, servicio, disponibilidad. No hubo nada vacío en aquella vida porque todo estaba lleno de Dios.
Madre mía, enséñame a no pasar por la existencia simplemente ocupando el tiempo. Enséñame a llenarlo de Dios, de amor, de servicio.
“Jesús, Tú le das sabor a mi vida. No quiero simplemente hacer muchas cosas, quiero vivir contigo. Quiero gastar mi tiempo queriéndote y sirviendo a los demás. Porque si te entrego mis minutos, al final, te habré entregado mi vida entera”.

