Habíamos salido con un par de amigos a subir una sierra acá en el sur de la provincia de Buenos Aires, cerca de coronel Suárez; pasamos por un pueblo de alemanes que tenía una iglesia muy bonita -se veía a lo lejos, con dos torres de casi 50mt, capacidad para 600 personas. Resulta que el arquitecto que la había construido se había enamorado de una de las chicas del pueblo que cuando se enteró su padre, le dijo que no, que no podía vivir una vida de gitana, una vida de viajes, una posición económica inestable, una vida de artista, le dice, y entonces nunca más lo vio.
Pasaron los años y esta mujer se encuentra con el hermano de esta artista y le dice: Mi hermano estaba completamente enamorado de vos. De hecho, muere a los 48 años y nunca dejó de pensar en Imelda.
Se trata de esto nuestra oración: de ver cómo también nosotros nos enamoramos del Señor y estamos locos de amor. No se trata de vivir así como este hombre, que dejó todo por Imelda y después se perdió en su búsqueda de ella que nunca pudo alcanzar. Esta mujer después se casó, tuvo sus hijos, pero él quedó siempre completamente enamorado de esta mujer.
LOCOS DE AMOR
El evangelio hoy es un poco aleccionador también sobre el amor o sobre quién era Jesús, porque de hecho llega a la casa, se vuelve a juntar mucha gente, no puede ni siquiera comer; se enteran los parientes, fueron a llevárselo porque decían que había perdido el juicio. Y al fin y al cabo, era el tema de que no podía comer.
Jesús, como dice también san Marcos en el Evangelio, llega a la casa pero ni en ella puede descansar. Mucha gente necesita oírle, necesita buscarlo para sanarse, y qué fuerza tendría ese amor por Jesús, que lo buscaban, que querían estar con Él, no lo dejaban solo, debían escuchar su palabra. Y qué transformación habría alrededor de la gente que lo buscaba, porque había como una fuerza arrolladora, una locura que también necesitamos todos los cristianos. Por ahí pasa nuestra santidad, por ahí pasa nuestra vida divina, por ahí pasa nuestro amor al Señor.
Si queremos afrontar el futuro con despreocupaciones, sin todas las garantías, es para que busquemos a Jesús que nos da la paz. Locos de amor; locos de amor, hombres y mujeres que buscan no seguridades acá en la tierra, sino que buscan seguridades en Dios, que saben mirar al cielo; que saben ponerse delante del Señor, dejando esa juventud, poniendo ese amor en lo que vale la pena, no quedándonos en un miedo tonto, un miedo reverencial a lo trascendente, un miedo que se queda en el fracaso. No.
SAN JOSEMARÍA
Queremos confiar en el Señor; queremos agrandar nuestro corazón para crecer también en intimidad con Dios. Y eso no es fracaso, eso es estar locos de amor. El miedo puede haber, no pasa nada; nos convencemos de que las necesidades pueden venir un día u otro, pero sobre todo queremos dejarlas en la mano de Dios. Fíjate, Jesús no tenía problemas, porque de hecho no tenía ni tiempo para estar con los demás. Estaba de acá, curando, escuchando, sanando…
Y me acordé de san Josemaría que cuando sintió sus primeros barruntos del amor de Dios se puso a total disposición del querer divino; se entregó al servicio de Dios, correspondió a las gracias que Dios le pedía y, sobre todo, quiso ver lo que Dios le decía:
“¡Señor, que vea! ¡Señor, que sea!”
decía él. El Señor le fue mostrando en su vida, como también te puede mostrar a vos en este nuevo año, para que también nosotros sepamos escuchar esos barruntos de Dios. San Josemaría desde muy joven se mostró disponible lo que Dios le pedía. Estaba completamente seguro de que Dios quería eso y como el ciego Bartimeo, que le decía:
“Señor, que vea”
(Mc 10, 51)
también se lo repetía él o se lo decía a la Virgen: “¡Señora, que vea! ¡Señora que sea!”.
REZA PARA QUE CADA VEZ ESTÉ MÁS LOCO
Faltan pocos años para el centenario de la fundación del Opus Dei. Te animo a leer alguna biografía de san Josemaría o verificar en la página de la Obra o alguna biografía de Andrés Vázquez de Prada o en el sitio escriva.org o algunos videos de sus tertulias, para ver cómo este santo cura enamorado -san Josemaría- comenzó a trabajar y a moverse, a poner los fundamentos de eso que Dios le pedía: hacer que todos, hombres y mujeres, supieran descubrir los caminos divinos en la tierra. Todos, todos, todos.
“[Él] tenía 26 años -repito-, la gracia de Dios y buen humor: nada más. Pero así como los hombres escribimos con la pluma, el Señor le escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso. […] La Obra entera, a los ojos humanos, era un disparatón. Por eso, algunos decían que yo estaba loco y que era un hereje, y tantas cosas más”
(En un 2 de octubre, 2 de octubre de 1962).
Y se definía así: loquito, loquito de amor. Incluso llegó a decirlo en Buenos Aires en 1974, cuando lo tachaban de loco y él respondía:
“Reza para que esté cada vez más loco”,
destacando que esa locura era una locura de amor de Dios. Y como lo decía también él:
“¿Cómo podemos vivir si no estamos enamorados? ¿Cómo podemos vivir si no estamos locos de amor a Dios?”
Ese amor a Dios nace de la oración, nace de entender también lo que Dios me está mostrando, porque no se trata de ir por la vida en actividades, ir de acá para allá. No. Se trata de ir sabiendo hablar con el Señor. ¿Buscás la oración? ¿Buscás ese hablar con Jesús, hoy, ahora, en este rato de oración?
APROVECHAR EL SILENCIO
Queremos hablar con Jesús, queremos enamorarnos de amor. San Josemaría y tantos santos fueron ejemplo de que valía la pena ese encontrar a Jesús, hablar con Él diariamente y también darse cuenta de que por ahí pasaba toda su vida, de que ese era el punto de apoyo de su vida.
Y no es muy distinto lo que nos pide el Señor ahora a cada uno en este año, en tu familia, en tu trabajo, lo que estés haciendo, en tus vacaciones: que recurramos mucho a ese punto de referimiento, a ese Jesús que también nos está buscando a cada uno.
¿Estamos abiertos a aceptar también las dificultades como venidas de Dios? ¿Estamos abiertos a querer a todos, a creer en Dios en todo momento, a no bastar las dificultades que nos pasan, sino también aceptar las que vengan, viviéndolas? Generosos también en este juego de amor, que también a veces será difícil y habrá crisis, habrá problemas, pero son para superarlas con amor a Dios.
Aprovechar el tiempo de silencio para que también sepamos nosotros rezar y hablar con Jesús; aprovechar esos tiempos de silencio diarios para procurar estar más enamorados, para tener esa correspondencia diaria con el Señor, para aprovechar también renovar nuestro buen humor, para sembrar alegría alrededor, para seguir pidiendo perdón si alguna vez nos equivocamos y si tenemos que perdonar a alguien que nos ha ofendido.
HABLAR CON JESÚS
Acordate de esa locura de Cristo, que no es una locura sino que es amor. Acordate de ese amor de Jesús que supo también entender lo que Dios le pedía cuando lo mandó a la tierra para salvarnos a todos. ¿Vos te animás ahora en este nuevo año, al igual que Jesús que llegó a su casa y mucha gente lo fue a buscar? Animate vos a buscarlo a Jesús.
Animate vos a hablar con Jesús: Jesús, acá estoy. Vengo a hablar con Vos. Aunque quizá otros te quieran sacar a Vos de mí, aunque quizá otros no quieran que yo hable con Vos, o que quizá otros no tengan esa ilusión de amor como tenía este arquitecto. Cuentan incluso que en una de las torres, muy alto, había escrito el nombre de esta mujer, Imelda.
Ojalá nosotros también tengamos ese amor, esa locura de amor que, aunque a veces sea un poco difícil, sepamos nosotros poner los medios para que nunca más se pierda, para que este año sea un recordar también esa locura de amor, como decía san Josemaría, que estaba loquito, loquito de amor de Dios.
¿Vos querés también vivir ese amor? ¿Querés vivir enamorado como el Señor nos manda a cada uno? Cuida tu oración, cuida tu confesión, busca tu dirección espiritual. ¿Ya tenés: un director espiritual para este año, un confesor a quien acudís con frecuencia, un buen lugar donde asistir a misa?
Bueno, aprovechemos este año para buscar también ese amor de Dios que tenías a Josemaría, que pasa especialmente por Jesucristo, que pasa por rozarlo, que pasa por encontrarlo, que pasa por hablar con Él, hablar con Jesús.
Vamos a pedirle a nuestra Madre santa María, ella que también fue uno de los grandes amores de Jesús acá en esta tierra, porque fue la que lo cuidó, fue la que lo acompañó. Que nosotros sepamos también tener esa ilusión por amar mucho a nuestra Madre María, que sea ella también la que nos ayude a enamorarnos mucho más de Jesús y locos de amor a Dios, sepamos también encontrarlo cada día.

