AÑOS MUY CALLADOS
Hoy celebramos la fiesta de la Presentación de la Virgen María.
En rigor no hay una historia de los primeros años de María, sino que la tradición nos ha ido transmitiendo unos textos que nos pueden ayudar.
Hay un texto llamado el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo del siglo II. Apócrifo significa que no pertenece al Canon de los Libros Inspirados por Dios, pero no excluye que algunos de sus relatos, tengan cierto elemento de verdad.
Los años de María fueron callados en su juventud, como su humildad también lo demuestra. Años de infancia María Santísima junto a su prima, junto a sus amigas, junto a la familia. Pero nada nos dice la Sagrada Escritura.
Y los cristianos, sin embargo, como deseaban conocer más detalles de la vida de María, tenían una aspiración legítima.
Era conocer también, ese silencio que guardaba a los Evangelios, que también lo veo más adelante con el nacimiento de Jesús. Pero los primeros años fueron de mucho silencio.
Uno de esos episodios, que hoy queremos conocer, meditar y sacar experiencias, sacar propósitos, es uno muy representativo: la presentación de la Virgen María en el Templo.
La Virgen, ofrecida a Dios por su padre, san Joaquín y santa Ana, en el Templo de Jerusalén.
Lo mismo que la otra Ana, madre del profeta Samuel, ofreció a su hijo para el servicio de Dios en el Tabernáculo, donde se manifestará la gloria.
Igual, María también va a llevar junto a San José al Niño Jesús al Templo. Pero hoy queremos quedarnos en la presentación de María.
LA INMACULADA
Imaginémonos a María en el Templo. Toda su belleza, toda su gracia, llena de hermosura en el alma, en el cuerpo, la inmaculada.
Cómo también Dios quería esa presentación de la Virgen, aún siendo inmaculada.
Tiene un gran contenido teológico esta fiesta. Y lo mismo que Jesús fue presentado en el Templo, sin necesidad de ser presentado, María va a continuar también esa misma idea, de ser presentada por san Joaquín y santa Ana, en una vida normal.
Ella estaba sujeta a sus padres, fue creciendo como mujer, se fue haciendo mujer poco a poco, aún siendo la llena de gracia.
Y con ese corazón dispuesto para el servicio completo a Dios, a todos los hombres, siempre tenía ese amor de Dios encendido en su corazón.
No dejaba que nada apague ese fuego. Nadie dejaba a la Virgen también que se lastimara a ella misma.
María fue madurando entre Dios, fue madurando entre los hombres. Nadie notó nada extraordinario. Nadie la vio cautivada de una manera especial. Pero más aún, en el caso de la Toda Santa, de esas doncellas que sonriente, trabajadora, metida siempre en Dios, a todos lados, contra los demás, llena de oración, conocedora de la Sagrada Escritura, repasará seguramente también esas profecías que anunciaba el advenimiento del Salvador.
COMO DIOS LA HABÍA IMAGINADO
Ya nos estamos disponiendo el corazón para el adviento. Bueno, la Virgen también lo haría suya.
Haría también realidad, todo ese encontrar también de a poco, lo que Dios había pensado para ella. ¿Cómo Dios la había imaginado? Y para la Virgen, todo era relacionado a su hijo Jesús.
Con el paso del tiempo, cuando se presenta el Ángel y después presentan al Hijo de Dios en el templo, todo está orientado a servir a Jesús.
Todo está orientado también, en esta fiesta de la presentación, a demostrar también que la Virgen es madre, pero sobre todo es presentada ante Dios.
La completa dedicación de su alma y de su cuerpo al misterio de la salvación, es un misterio que nos acerca más todavía a Jesucristo.
Fíjate, Santa María hizo que el entorno suyo floreciera el amor a Dios. Lo llevó a cabo sin ser notada, porque sus obras no eran cosas extraordinarias. Eran cosas pequeñas hechas por amor.
Existía ahí en Nazaret, una más de las doncellas que estaban dando vuelta, que servían en el templo, pero entre otros cometidos, cuenta también la tradición, ella se cubría también en el templo para ir al Santo Santorum.
Para también tener algunos otros encargos, tener algunas otras tareas, y allí habría estado Santa María también, hasta que fue desposada con San José.
Es una leyenda, algo que tampoco está escrito en las Sagradas Escrituras, pero sí en este misterio apócrifo que también nos narra Santiago.
CORAZÓN PURO
Bueno, nosotros también nos disponemos a vivir con ese corazón puro, con ese corazón purificado, como fue el corazón de María.
Cuando rezamos el cuarto misterio de gozo, contemplamos a María y a José cómo llevar a Jesús al templo, con ese corazón también purificado por presentarlo y rescatarlo, como se dice.
Según la tradición, la mujer al dar a luz quedaba impura, y cuando el hijo era varón, en el tiempo de esa impureza, una empresa legal que eran de cuarenta días, al cumplirse ese tiempo, tenía lugar la purificación y tenía que desaparecer la impureza en ese momento.
Bueno, María también, siendo aún la pura, siendo aún la inmaculada, quiere también presentarse en el templo a presentar al niño.
Santa María siempre tuvo esa ilusión, siempre tuvo ese querer de ser la toda limpia.
Y vos, y nosotros, ¿buscamos esa pureza? (…)
A mí me encantan unas palabras de san Josemaría que dicen:
“Purificarse. Tú y yo sí que necesitamos purificación”.
Bueno, ¿cómo buscamos esa purificación nosotros? ¿Es para nosotros también una purificación latente?
MI PRIMERA CONFESIÓN
El otro día tenía las segundas confesiones de los chicos y de las chicas de los colegios y veía también esa devoción con que se acercaban al sacramento. Uno de ellos no había estado presente en el primer día.
Entonces fue la primera confesión. Y venía con un corazón latente de purificación, de ir a arrepentirse en su primera confesión. Y cuando le comento que iba a hacer la primera confesión y me dice: —Sí, sí, sí, ésta es mi primera confesión.
Bueno, ¿nosotros buscamos esa purificación en cada confesión?, ¿en cada ocasión?
Aunque el espíritu del mundo se nos va pegando un poquito, necesitamos también esa misericordia de Dios para purificar más nuestro corazón.
Dice san Agustín,
“Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros”.
Y si queremos recibir la misericordia de Dios, si queremos buscar en la confesión la misericordia del Señor, si queremos reconocer nuestros pecados para ser fieles, para ser justo a los ojos de Dios, también necesitamos esa purificación en la confesión.
¿Cómo es nuestra búsqueda del arrepentimiento de la confesión? ¿Nos preparamos bien? ¿Buscamos sacarle fruto? ¿Buscamos también tener más amor en cada confesión?
¿Buscamos objetivos concretos también para purificarnos? (…) Porque efectivamente la virgen se purificó siendo la inmaculada. ¿Y nosotros por qué no purificarnos mejor? ¿Por qué no reparar gustosamente también nuestros pecados, nuestras faltas?
¿Cómo es mi ilusión por ser también consciente de este gran misterio, de este gran regalo, que es la confesión? ¿Busco ese acto de contrición? ¿Busco también descubrir que Jesús nos sigue llamando a una purificación mayor?
BUSCAR LA PURIFICACIÓN
Hoy la fiesta de la Virgen de la purificación de María nos anima esto, a ver cómo yo puedo buscar también esa purificación.
Acá en la Ciudad de La Plata, tenemos una Catedral inmensa, gigante, estilo gótico. Que a mi me gusta pensarla como el Templo de Jerusalén. Nunca he estado en Tierra Santa, pero al acercarme a la Catedral, siempre la veo como algo muy santo, algo muy predilecto de Dios.
Y si bien es la Catedral, efectivamente, también me imagino muchas veces cómo Jesús entraría en el Templo. Cómo la Virgen también entró para ser purificada.
Pensar también en una Iglesia donde vos puedas imaginar también…
Cómo san José la conocería después a María… Pero primero sus padres, san Joaquín y santa Ana, la llevaron a ser purificada: la más grandiosa, la más cuidada, la que también nos conmueve al tener a su Hijo en brazos.
Bueno, cómo nosotros también podemos tener más diligencia en ese buscar la contrición. Buscar mayor dolor o mayor diligencia para buscar también al Señor que nos sigue perdonando.
Hoy, en este rato de oración, pedimos a María, ella que también nos anima a cada uno a purificarnos de verdad, a tener ese corazón también y el alma dispuestos a reconocer, cómo Dios también nos quiere puros. Cómo Dios también quiere nuestra pureza.
Se lo pedimos a María para ser conscientes también de que esa pureza nos va a ayudar más a tratar a Jesús.




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