ESCUCHA LA MEDITACIÓN

ERAN DOCE. JESÚS LOS ELIGIÓ

Jesús pasó la noche en oración antes de elegir a los Doce. No buscó a los mejores, sino a los disponibles. Eran frágiles, torpes y ambiciosos, pero se dejaron amar y transformar. Esta meditación nos invita a descubrir que Cristo sigue llamando hoy a personas corrientes, no para que sean perfectas, sino para que estén con Él y, desde ahí, cambien el mundo.

EN ORACIÓN

Una noche en vela, Jesús no duerme, y no porque esté inquieto, sino porque está decidiendo algo importante. Sube a la montaña, se queda solo y pasa toda la noche en oración. 

Yo no sé si alguna vez alguno de los que está haciendo este rato de oración ha pasado toda la noche en oración. No, yo por lo menos no. 

Pues ahí vemos a Jesús, despierto, rezando, hablando con su Padre, y me imagino que también con el Espíritu Santo. 

Y no es una noche cualquiera, es la noche en que va a elegir a los doce apóstoles. ¡Qué tarea! ¡Qué misión! Y eso ya dice algo fuerte. 

Jesús no improvisa las decisiones importantes. Antes de llamar nombres y hombres, habla con su Padre, con el Espíritu Santo. 

Jesús, aquí, en este punto, nos podemos hacer la primera pregunta de este rato de oración: ¿Cuánto rezo yo antes de decidir? ¿Cuánto rezamos antes de decidir? (…)

¿Nuestras decisiones, nuestras elecciones, se fundamentan en la oración? ¿Las hablo con Jesús? ¿Son decisiones que tomo Contigo, Señor? ¿O decido rápido? (…) Y luego, ya sí, pues pido a Dios que me bendiga lo que ya he decidido. 

Jesús ora, porque lo que va a hacer compromete el futuro de la iglesia. Ora, porque elige, pero antes ama. 

Amar es elegir. Y ora, porque llamar personas no es un trámite, es una responsabilidad. 

JESÚS NO SE EQUIVOCA

Bueno, pero no nos podemos quedar solo en el rato de oración, porque amanece y Jesús baja del monte y va a escoger. Podía escoger y de hecho escogió. 

Señor, y aquí viene lo desconcertante, que me perdonen los apóstoles… Porque, Señor, vamos a ser claros: pudiste haber escogido mejor, pudiste haber elegido mejor, al menos según criterios humanos. 

Personas más preparadas, más influyentes, más brillantes… Pero no. Escogiste pescadores y le podríamos quitar también la ‘s’. 

Escogiste pescadores, hombres del día a día, gente sin estudios, con defectos visibles, con reacciones torpes, con una fe frágil. 

¿Será que Jesús se equivocó? ¡No, no, no, no, no! Señor, Tú no puedes equivocarte. Jesús no se equivoca. 

Lo que está haciendo lo hace de verdad, en serio. Ha pasado toda la noche en oración. Cuando Jesús elige, cuando Jesús escoge, lo hace en serio.

Y aquí conviene decirlo clarito y especialmente a los jóvenes: Jesús no elige porque seamos los mejores. Elige porque quiere, porque le da la gana y porque nos quiere también, lógicamente. 

También, Señor, porque puedes hacer algo grande con lo pequeño. Los apóstoles eran poca cosa y Jesús lo sabía. Y el Evangelio tampoco esconde los trapitos sucios de los apóstoles. Que lo pudo haber hecho. 

hombres

PERSONAS REALES

Los evangelistas pudieron haber ocultado sus defectos. A veces no entienden las parábolas. Incluso los ejemplos y las comparaciones más sencillas les resultan incomprensibles. 

Dentro también de sus limitaciones eran personas ambiciosas. Muchas veces se ponen a discutir sobre quién será el mayor en el Reino de los Cielos. 

Discuten y hay veces incluso se acaloran. Durante ese momento cumbre en el que Jesús está a punto de inmolarse por la humanidad, en la intimidad del Cenáculo. Tomás, por ejemplo, duda. 

Bueno, aquí podríamos poner ejemplos concretos de los apóstoles. Pedro, Pedro traiciona a Jesús tres veces antes de que el gallo cantara. Y sin embargo, Jesús no se arrepiente de haberlos llamado. 

Jesús no llama versiones perfectas. Llama a personas reales, eso sí, en proceso que pueden cambiar, que pueden mejorar. De hecho, lo hicieron. 

Jesús, Tú cuando llamaste a los apóstoles, no les pediste una hoja de vida, no les hiciste pruebas psicológicas y pruebas de todo. Ahorita hacen pruebas de todo. 

Jesús no les exigió garantías. Les pidió algo muy simple. Pero muy exigente. 

«Síganme, síganme».

Eso hay que pensarlo. Una persona que se está pensando seguir a Dios tiene que pensar esto.

SÍGUEME

Es algo sencillo. Bueno, está bien, Señor, Tú me estás llamando, me estás eligiendo… ya lo entendí. 

¿Qué tengo que hacer?

«Síganme, sígueme». 

Jesús, ¿y para qué escogiste a los apóstoles? No los eligiste para que brillaran ni para que se sintieran especiales. 

Jesús eligió a los apóstoles para que estuvieran con Él y para después enviarlos. 

Primero convivencia, primero trato. Primero una relación, una amistad. Ya no los llamó siervos, sino amigos. Y después misión. 

Pero después, antes de predicar, vivir con Jesús, antes de transformar el mundo, dejarse transformar ellos mismos. 

Y ahí nos podemos hacer otra pregunta en este ratico de la oración, ¿Quiero servir a Dios o quiero estar con Dios? 

Porque lo segundo, sin vivir lo segundo, lo primero queda vacío. ¿Qué es lo primero? Servir. 

Primero estar con Dios, después servir. Y aquí está la Iglesia, Señor, en pleno siglo XXI. Aquí sigues contando con hombres, con mujeres de carne y hueso, normalitos, sencillos, cada uno con sus cadaunadas, y cada uno con sus defectos. 

SOMOS INSTRUMENTOS

La historia no ha terminado, la historia no termina en los defectos. Incluso si vemos a los apóstoles, la historia no termina ahí. 

Después vendrá Pentecostés, el Espíritu Santo, que viene y transforma esos corazones. Aquellos hombres miedosos, cobardes, después se vuelven valientes. Los torpes, después se van a volver sabios. 

Esos hombres que eran inconstantes, después van a ser fieles, incluso hasta la muerte. Van a morir por Jesús mártires. 

¿Y cambiaron solitos? Pues no. Con la gracia de Dios, con la gracia del Espíritu Santo en Pentecostés y corresponden a esa gracia. 

También ahí está la clave de la santidad, Señor, y de la misión de la Iglesia: Corresponder a tu gracia. Tú eres el que hace las cosas. Nosotros somos instrumentos. 

Vamos correspondiendo, respondiendo, diciendo que sí, aceptando tu ayuda. Jesús apostó por esos doce y ellos poco a poco también apostaron por Jesús. 

Tal vez hoy, en esta ratico de oración, Jesús nos mira igual que a los apóstoles y no espera que seamos héroes. Espera que estemos disponibles, que aceptemos, que somos poca cosa, pero que en sus manos, seremos buenos instrumentos. ¡Eso basta! 

hombres

UN LLAMADO

Señor, estoy en tus manos. Me pongo en tus manos y Cristo sigue escogiendo así. Jesús, Tú sigues llamando así, también en pleno siglo XXI, también hoy, también a nosotros. 

Vamos a acudir a nuestra madre Santa María. Ella es la Reina de los Apóstoles. Madre mía, dile a Jesús que envíe trabajadores a su mies, obreros a la iglesia, que vengan muchas vocaciones para todas las instituciones de la Iglesia. 

Gente joven, deportista en el terreno sobrenatural, ambiciosos también para sacar a la Iglesia adelante. También con los defectos, porque el Señor te sirve también de sus defectos. 

Bueno, vamos a terminar poniendo esto en manos de nuestra madre Santa María.


Citas Utilizadas

1 Sm 24, 3-21

Sal 95

Mc 3, 1-6

Reflexiones

Señor, me pongo en tus manos. Sostenme y ayúdame a querer seguirte.

Predicado por:

P. Santiago

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?