Señor, hoy nos atrevemos a empezar este rato de oración con un texto que no pertenece a la Sagrada Escritura; es un libro muchísimo más breve, de hecho llama la atención por lo breve que es, pero creo que nos ayudará a ilustrar lo que nos enseñas con el Evangelio de hoy.
EL PRINCIPITO
Nos vamos al capítulo cinco de “El Principito” que como sabes es una obra sumamente corta y aunque a simple vista parece que es una historia de niños, resulta que contiene enseñanzas muy profundas
Yo a veces me sorprendo porque suelo utilizar con frecuencia El Principito y me pregunto será que la intención del autor daba como para tanto, uno se está inventando sentidos a lo que en realidad el autor quiso, pues la verdad es que a mí me sirve muchísimo para hablar de las cosas de Dios.
Pues en ese capítulo cinco, nos encontramos con la descripción de los famosos baobabs esas plantas que empiezan como una cosa muy pequeña, una semilla diminuta, pero que dice el Principito,
si uno se deja estar no es posible desembarazarse nunca más, porque obstruye todo el planeta lo perfora con sus raíces y si el planeta es demasiado pequeño y si los baobabs son numerosos lo hacen estallar.
Bueno para el aviador que estaba escuchando a este niño hablar así de lo que significa la disciplina, del tener un orden, de la importancia de no descuidarse ni un día, debe ser algo sumamente asombroso, como nosotros también cuando leemos El Principito y le echamos cabeza al asunto también nos asombramos. Porque el principito incluso le confiesa que esa rutina no siempre la está haciendo por gusto, porque dice:
hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes, es un trabajo muy fastidioso pero muy fácil.
SER FIELES EN LOS DETALLES
Obviamente es fastidioso, pero es fácil cuando la cosa sigue siendo todavía muy pequeña y para el aviador eso de arrancar las malas hierbas no tenía tanta importancia como para el Principito, porque para él era una cuestión de cuidar lo que más quería, su pequeño asteroide y porque en ese pequeño asteroide estaba su rosa a la que después va a decir que por ahí es capaz de dar la vida.
Dice también el Principito:
a veces no hay problema en dejar el trabajo para después pero en el caso de tratarse de baobabs es siempre catastrófico conocí un planeta habitado por un hombre perezoso había ignorado tres arbustos.
Y deja incompleta la frase el Principito, pero ya se imagina la tragedia que ocurrió después de no mucho tiempo.
LOS TALENTOS
Pues el evangelio debe recoger una enseñanza que es bastante parecida porque Tú Señor quieres que no se nos olvide nunca la importancia de ser fieles en los detalles y lo haces a través de la imagen que contemplamos en el día de hoy.
Se trata de la conocida parábola de los talentos, que es tan gráfica, que difícilmente se nos olvida una vez que la hemos escuchado.
Pero en todo caso, la vamos a recordar rápidamente:
“Un hombre se va se va de viaje llama a sus tres siervos para que administren sus bienes mientras él vuelve; uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro solamente uno”.
Y es importante el dato siguiente, dice:
“a cada cual según su capacidad”
claro el hecho de que dice el último tiene un talento en comparación con los demás, que recibieron cinco o dos, uno dice bueno el de uno tampoco es gran cosa, pero el talento y eso lo hemos escuchado varias veces. Que el talento es una burrada de dinero, era muchísimo, es el equivalente a unos 34 kg de plata y no sé si a ti te sobran 34 kg de plata, si los tienes allí guardados en el closet o no sé enterrados en un lugar del jardín, pero es demasiado dinero, más de $5,000 seguro.
Es decir, que incluso el que había recibido solamente un talento, bueno vaya tú es un talento, pero es muchísimo dinero, ese tenía también sus manos una cantidad no despreciable.
Si no nos fijamos en ese detalle, de que dio a cada cual según su capacidad, cuando llegamos al final de la historia, nos puede parecer que se ha cometido una injusticia, pero el amo de la parábola conoce muy bien a sus trabajadores, sabe bien hasta dónde le puede exigir a cada uno y les da una instrucción muy precisa, tanto es así que incluso el que había recibido un solo talento, que es muchísimo sabía lo que tenía que hacer, porque le dice:
“Señor yo sabía que eres exigente y que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces”
es decir, que el encargo era hacer rendir ese dinero como si fuese propio.
Ellos tenían que segar, recoger en el lugar de su amo, por supuesto que ese amo estaba en todo el derecho de exigirles, tenían que ser las manos y la mente de su amo en aquellas tierras mientras su amo volvía.
SER CRISTO EN LA TIERRA
Y por eso esta parábola aquí tiene que ver con nosotros, que estamos haciendo este rato de oración, porque aunque tengamos nuestras luchas, nuestras miserias, aunque ya sabemos que hay una diferencia abismal entre Cristo y nosotros. Él ha puesto sobre nosotros una gran responsabilidad; tú y yo tenemos que ser aquí en esta Tierra las manos de Cristo, la voz de Cristo, el corazón de Cristo, aquí entre entre las personas que están a nuestro alrededor.
San Josemaría muchas veces ayudaba a sus hijos a recordarles esta misión; cuando los miraba fijamente a los ojos y les preguntaba:
¿Dónde está hijo mío, esa imagen de Cristo que busco en tu corazón?.
Caray, ser las manos de Dios, la voz de Dios aquí en la Tierra, representantes indignadisimos de Dios, nos puede parecer que una tarea titánica, ¿Yo parecerme a Cristo? que si empezamos con las comparaciones, pues salgo yo muy mal parado.
Es verdad, que una tarea que humanamente nos supera, vemos crecer dentro de nosotros los brotes de la envidia, de la pereza, el rencor, la vanidad, la soberbia y toda una larga retahíla de miserias.
TENEMOS LOS MEDIOS
Si hacemos el examen de conciencia con mucha sinceridad, no están tan ilógico que uno llegue a desesperarse, de todo lo que me falta para parecerme a Cristo, pero esto Dios lo sabe y por eso nos da unos medios sobrenaturales, para ayudarnos en esta tarea, por supuesto en primer lugar: la gracia, especialmente en los sacramentos, nos enseña a hacer oración como un hijo de Dios, nos da la la dirección espiritual y cuenta con que libremente tú y yo pongamos los medios humanos, porque el Señor como el amo de esta parábola, encarga a cada uno según su capacidad.
Bueno, esto fue lo que se me perdió de vista al último siervo, él se vio tan abrumado por lo que había que hacer, por aquello que le encomendó su amo, de hecho dice un poco como excusa: “tuve miedo”; me paralizó el miedo y por eso no pudo ver que lo que se le pedía en realidad era muy sencillo, empezar por lo pequeño.
“Debías haber puesto mi dinero en el banco, para que yo al volver pudiera recoger lo mío con los intereses”
eso es que le recrimina a su amo y por eso nosotros aprovechamos para pedirte Señor en este rato de oración: la valentía de ser fieles a lo que esperas de nosotros, empezando por las cosas pequeñas, por las de cada día, en esta tarea titánica de ser cristianos, es decir, de parecerse a Cristo, de ser otros Cristos, el mismo Cristo, a veces hay que tomar grandes decisiones radicales, pero gran parte de nuestro tiempo se trata más bien de decidir en cosas pequeñas.
UN PASO A LA VEZ, CUIDANDO LAS COSAS PEQUEÑAS
Así ser un cristiano auténtico, puede parecer muchas veces complicado, pero contando con la gracia de Dios y aquello de un día a la vez, cuidando las cosas pequeñas, es muchísimo lo que se avanza.
Es el típico truco para para avanzar en la montaña, no te desesperes mirando cada uno de tus de tus pasos, pues la mirada en la cima y un paso a la vez.
Hay un proverbio africano que dice si piensas que algo es demasiado pequeño para marcar la diferencia, intenta dormir con un mosquito en la habitación.
Es decir que lo pequeño es de verdad que importa y es ese amor a los detalles, el ser verdaderamente piadosos, el sonreír aunque se esté cansado, el cumplir con el deber de cada momento para poder ofrecerle a Dios ese esfuerzo, sin retrasos, el esforzarnos por crecer cada día un poco más en una determinada virtud.
O por ejemplo en el campo de la caridad que hay muchísimo en lo que mejorar; cortar con los juicios críticos, no hablar mal de nadie, adelantarse los demás en las tareas más incómodas y una larga lista de pequeños detalles que nos mantienen alertas en el amor a Dios.
Si descuidamos esos detalles, que son detalles concretos, cotidianos de amor nos puede pasar como aquel hombre perezoso que descuidó lo de cada día, aunque la tarea era por un tiempo más largo, pero descuidó lo de cada día y su planeta terminó en tragedia.
En cambio, si vemos lo que Dios nos pide con el interés de algo que hacemos propio, vamos a escuchar también nosotros ese halago que escuchamos en la parábola del día de hoy:
“Muy bien siervo bueno y fiel cómo has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante, entra en el gozo de tu Señor”.
Deja una respuesta