JESÚS ENVÍA A SUS DISCIPULOS
El Evangelio está tomado de san Lucas del capítulo 10. Dice san Lucas que el Señor
«designó a otros 72 discípulos».
Son distintos de los doce apóstoles, pero son también parte de ese círculo cercano de amistad con nuestro Señor Jesucristo y por eso les envía.
Dice también el Evangelio que
«los mandó de dos en dos»
(Lc 10, 1).
¿Por qué los mandó de dos en dos? Porque el Señor no quiere que nadie se sienta solo y porque el apoyo de otra persona es importante para la labor que sus discípulos tienen que llevar a efecto. Sabernos necesitados del apoyo de otras personas nos hace mucho bien; nos ayuda y al mismo tiempo nos agranda el corazón para poder compartir nuestra tarea con otras personas.
Sigue san Lucas diciendo que
«fueron a todos los pueblos y lugares a donde Jesús pensaba ir»
(Lc 10, 1).
O sea, primero manda a sus discípulos, como que preparan el anuncio de nuestro Señor Jesucristo y ya luego, cuando ellos hayan sembrado esa inquietud en el corazón de esas personas, irá nuestro Señor Jesucristo para completar, podríamos decir así, o perfeccionar el anuncio del Evangelio que hacen sus discípulos.
HACE FALTA APÓSTOLES EN EL MUNDO
No nos olvidemos que el Evangelio es buena nueva, buena noticia, noticia que nos salva. O sea que en el fondo es anunciar a Cristo y eso es lo que harán estos discípulos cuando vayan de dos en dos por esos pueblos y aldeas a los que luego irá nuestro Señor Jesucristo.
Y les hace notar una realidad que también es vigente en nuestro tiempo:
«La cosecha es mucha y los trabajadores pocos; rueguen por tanto al dueño de la mies que envíen trabajadores a sus campos»
(Lc 10, 2).
La labor es enorme. Hay tanto por hacer. El Señor quiere que el Evangelio sea anunciado a todas las gentes y al mismo tiempo Él es consciente de la limitación que supone contar con los seres humanos para realizar esta misión.
«La mies es mucha y los trabajadores pocos».
Por eso la base de toda esta actividad es la oración.
«Rueguen al dueño de la mies que envíen trabajadores a sus campos».
Hace falta más gente; hace falta nuevos ambientes a donde se pueda llevar ese anuncio. Hace falta que todas las personas conozcan a nuestro Señor Jesucristo para que lo puedan amar y servir.
APOYARNOS EN LA FUERZA DE DIOS
Luego les advierte que
«los envío como corderos en medio de lobos»
(Lc 10, 3).
Es una expresión bastante gráfica, ¿no es cierto? ¿Qué quiere decir el Señor? Que la bondad del mensaje de nuestro Señor Jesucristo es superior a cualquier violencia, fuerza o actitud prepotente que los seres humanos podemos y a veces manifestamos a otras personas.
Es un mensaje de sencillez, es un mensaje de bondad que cautiva el corazón de las personas. Aparentemente es una desproporción enviar corderos a los lobos, pero hay que contar con la fuerza del amor de Dios nuestro Señor.
Les pide también corazón desprendido:
«No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias; no se detengan al saludar a nadie por el camino»
(Lc 10, 4).
No quiere el Señor que nada les distraiga a sus discípulos de su misión. Que vayan a lo esencial. Que hagan directamente lo que el Señor les pide: su voluntad.
Les envía también como emisarios de paz, porque, como dirá más tarde san Pablo:
«Cristo mismo es nuestra paz»
(Ef 2, 14).
Y ellos llevan esa paz del Señor a las personas que los van a recibir y escuchar. Lo dice claramente:
«si ahí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá»
(Lc 10, 6).
Ese corazón dispuesto, en el que hace posible esa paz interior que luego permite la paz en las familias, la paz en la sociedad, la paz en todos los ambientes de las relaciones humanas.
Les invita a que
«coman y beban de lo que tengan».
También les pide que no vayan de casa en casa, que sean objeto de la hospitalidad que la gente se los quiere dar. Y lo más importante:
«curen a los enfermos y díganles: ya se anuncia el reino de Dios»
(Lc 10, 9).
En general, el anuncio del reino es el anuncio de Cristo mismo. Y los enfermos, aunque podamos pensar en gente con deficiencias de salud, los enfermos espiritualmente hablando somos todos. Es una invitación a dejarse curar, a abrir el corazón a Jesús, que es el médico divino. Y al mismo tiempo, a ser conscientes de que el Señor cuenta con nosotros para llevar ese mensaje a todas las gentes.
Pidamos a la Virgen María que nos ayude a vivir con alegría nuestra vocación cristiana de hijos de Dios y que sepamos anunciar en la vida ordinaria, en los ambientes en que estamos, el mensaje de paz, el mensaje de servicio, el mensaje de Cristo nuestro Señor.

