El evangelio de hoy nos presenta una escena bastante animada. Volviste, Señor, a Cafarnaúm; estabas en la casa y, como se enteró la gente, se acercaron tantos que ya no había lugar ni en la puerta, dice el evangelista. Y en eso te traen, entre cuatro, a uno que era paralítico. Pero, como no podían acceder a causa de la multitud, lo llevaron -se ve- por detrás de la casa y, abriendo un boquete en el techo, justo donde estabas, Señor, predicando a esa multitud.
Tu reacción, Jesús, no fue de enojarte por la distracción, porque quizá te podría caer un cascote, un pedazo de techo en la cabeza. Seguramente se quedaron todos mirando esa actuación, un tanto arriesgada, de descolgar a un paralítico desde el techo entre sus cuatro amigos.
Tu reacción, ¿cuál fue el Señor? Viendo la fe que tenía, le dijiste al paralítico:
“—Hijo, tus pecados te son perdonados.”
(Mc 2, 5)
Una vez más, te alegras, te sorprendes de la fe, en este caso, de esos cuatro amigos, probablemente amigos del que estaba necesitado.
Después, algo que —me imagino yo—les sorprendería, porque no sé si es lo que habrían ido a buscar: el perdón de sus pecados y los pecados de este hombre.
Quizá nos podemos preguntar: sí lo que fueran a obtener para su amigo paralítico hubiera sido solo el perdón de los pecados, ¿hubieran hecho todo eso? «De convencerlo: camilla, lo llevamos; no se puede pasar, bueno, vamos por atrás; ¿por dónde? Por el techo, ¿cómo? ¿Por el techo? Sí, vamos, subamos…»
¿Habrían hecho todo eso? No lo sé, pero nos puede llamar la atención para ver nosotros mismos cuánto valoramos la salud espiritual, ¿no? Cómo, Jesús, para vos es la prioridad, ¿no? Ante este hombre que está ciertamente necesitado a nivel físico: por la fe, “(…) tus pecados te son perdonados”
QUITAR LOS OBSTÁCULOS
En primer lugar, que esté bien en su alma: quitar los obstáculos que lo puedan separar de Dios, que pueda entrar la gracia en el alma de este hombre para que pueda vivir como hijo de Dios.
Tampoco sabemos cuál fue la reacción del del paralítico. Si eso fue una sorpresa; si quizá lo hizo sentir muy aliviado y en paz por pecados que él sabría que tenía o porque lo inundó una cercanía con Dios; tampoco lo sabemos.
El caso es que, no es que vos, Señor, te desentiendas de lo material, porque, ante la crítica de algunos escribas: ¿por qué blasfema? ¿Por qué hace esto? Solo Dios puede perdonar los pecados…Y ellos no creían, Señor, que fueras Dios.
Dijiste:
“¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados o levántate, toma tu camilla y vete?”
(Mc 2, 9).
Entonces haces ese milagro también en favor de su salud, que ese hombre se le fortalecieran, se sanarán las piernas que pudiera levantarse y caminar ante la admiración de todos.
Pero para nuestra oración, pensaba: si nosotros podemos también tomar ese papel tan importante que tuvieron los amigos; los que no se resignaban a que a quien querían estuviera postrado y hacen algo.
Pero la ocasión, en esa presencia de Jesús —en Cafarnaúm, donde habrían escuchado ya tantos milagros y curaciones—, no la dejaron pasar. Y superando muchos obstáculos, se ocuparon de él y lo acercaron.
Bueno, quizá es una parte importante de nuestra vida cristiana, de nuestra fe, también de seguirte a vos, Jesús: el no ser indiferentes ante la situación de los demás. Sobre todo, del que se encuentra paralítico, como impedido con una situación de desventaja y ayudar en lo que podamos, ¿no?
AYUDAR

Quizá no sale solo y naturalmente ante alguien que vemos que necesita una mano… Me pasó justamente hoy que se había quedado un auto, en la arena, y una camioneta y otra frenó para ayudarla y estábamos con otro y nos pusimos a empujar, a desenterrar las ruedas.
Una cosa de un rato, que surge natural; y por ahí lo material, a veces, nos sale ayudar a alguien: darle paso a alguien, ayudar a una persona mayor…
Junto con eso, ¿cuánto podremos hacer por ayudar a que quienes están a nuestro alrededor tengan la salud del alma, tengan toda la gracia que Dios quiera darles?
Y en eso, quizá podemos hacer más. Uno piensa: Bueno, ¿qué voy a hacer yo? ¿Yo trato de estar cerca de Dios? ¿Trato de recibir su ayuda, su gracia y lo demás? No sé… ¿qué puedo hacer?
Lo que podemos hacer, en primer lugar, siempre es rezar. Rezar, en primer lugar, nosotros, para tener esa sensibilidad que tenes vos, Jesús, que ves a este hombre y te interesas enseguida para no haya impedimentos en su alma, para que viva como hijo de Dios.
Pensar que estas en presencia de Dios, hay que rezar y no ser indiferente a la salud, a que estén bien los hijos de Dios con su padre, Dios.
Siempre podemos rezar también por el otro e interesarnos. Además de rezar, podemos también, procurar tirar para arriba con el ejemplo, con la amistad, con la empatía; pero no pasar de largo.
Tener disposición de servir, de ayudar a los demás a que estén bien en casa, con la familia, con los amigos, en el trabajo, con un desconocido.
ACERCAR A LOS DEMÁS A CRISTO

Además de rezar, de interesarnos y sentir un poco que nos pertenece ese otro, que no es indiferente para nosotros su amistad con Dios, que esté bien, su salvación. También podemos, a veces, como hacen estos, llevarlo, acercarlo a Cristo que está ahí. ¿Y cómo lo acercamos? Dependerá.
Hace poco escuché un testimonio de una mujer centroamericana —si no me equivoco, vivía en Nicaragua—, le habían dado un diagnóstico muy pesimista, muy malo respecto a su fertilidad.
Su suegra, la llevó a que viera una monja —me parece que estaba no tan cerca, pero bueno, pero podían ir a verla— tenía fama que hacía sanaciones. Ese encuentro fue providencial, ayudó a encarar toda su situación y con milagros incluidos, con lo que pudo tener varios hijos.
Bueno, porque ella se preocupó y era lo que lo que podía hacer. A veces será dar un libro; a veces, será rezar juntos; a veces, será: voy a hacer este retiro… ¿Quieres que vayamos? También eso es llevar a Jesús a alguien, como estos cuatro, Señor, que te llevan al hombre paralítico.
Quizá también podemos hacer eso: Me voy a confesar, vos nunca te confesas… ¿te gustaría venir? Puede hacer mucho bien.
REZAR
Cuanto más, seguramente, podremos hacer si tenemos esa antena prendida: darnos cuenta del que necesita y, en cualquier caso, intentar dejar una oración por los demás. Pedirle: Señor, te pido por esta persona…
Que quizá me cruzo ocasionalmente o, bueno, como procuraremos hacer por nuestra familia, los más cercanos, que rezaremos siempre. Trataremos, con tu ayuda, Señor, también ser alguien que tira para arriba y que facilita el encuentro con vos.
Vamos a terminar pidiéndole a Nuestra Madre, que cómo le gustará a ella ver que nos ayudemos unos a otros, que nos preocupemos por las cosas de los demás y también del bienestar de la salud espiritual, de que no haya obstáculos que impidan a los otros vivir como hijos de Dios.
Ayúdanos, Madre nuestra, a ser esos instrumentos para poder dar una mano, siempre que podamos, a quien está a nuestro lado.



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