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P. Rafael

7 min

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QUE SEA MÁS GRANDE EL AMOR

Primer domingo de Cuaresma y el Señor nos da un ejemplo práctico de lucha en estos días: sobreabundancia de amor a Dios por encima de cualquier tentación.

PENITENCIA Y CONVERSIÓN

Bueno, ahora sí que no hay excusa, ¿no? porque ya llegamos al primer domingo del Tiempo de Cuaresma. Y es verdad que la cuaresma empezó hace unos días con el Miércoles de Ceniza.

Se reportan grandes concentraciones en las iglesias, mucha gente queriendo recibir ese sacramental, pero bueno, algún despistado habrá que no se habrá enterado de que estamos ya en cuaresma. 

Pero ya llegamos a este primer domingo y nos toca ahora sí, sumergirnos completamente, si no lo hemos hecho ya, en el misterio de Jesucristo en estos días de penitencia y de conversión

Y la iglesia, con mucha lógica, quiere que comencemos con este evangelio de san Mateo el día de hoy, que es uno de los que nos recuerda el sentido de estos cuarenta días de cuaresma. Aunque si sacamos las cuentas, no son exactamente cuarenta días, pero bueno, eso lo dejamos para otro día. 

Aquí en este evangelio de hoy, san Mateo, nos revela que es el Espíritu Santo el que conduce a Jesús a estos cuarenta días con sus cuarenta noches en el desierto, y luego lo conduce a ser tentado, lo guía hacia la tentación.

Por eso, llama mucho la atención que sea el mismo Espíritu, el que envía a Jesús a la tentación. Al menos esa es la primera imagen que nos queda. 

Y esto es buenísimo, porque es una prueba más de que también este suceso de las tentaciones de Jesús en el desierto está previsto por la Providencia Divina para nuestro provecho. Porque todos los gestos del Señor, todas las acciones, todo es Redentor y por lo tanto también este suceso del día de hoy está por la Providencia Divina para nuestra salvación. 

CAMINO DE LA SANTIDAD

Obviamente, este pasaje del evangelio de las tentaciones del Señor en el desierto ya lo conocemos. Conocemos la historia, conocemos también el final, sabemos que termina muy bien. Pero también lo que sucede en el medio nos ayuda mucho en el camino de la propia santidad. 

Y, como diría Jack el destripador, vamos por partes. 

La primera es, que gracias a este suceso que queda reflejado en el evangelio, entendemos que la tentación, no es automáticamente pecado. 

Puede parecer una cosa obvia, la tentación no es exactamente pecado, pero resulta que, verlo aquí en el evangelio, hace que uno luche con mayor tranquilidad y la lógica es muy simple. 

Nuestro Señor sufre las tentaciones del demonio, claro que sí. Nuestro Señor sufre tentaciones, lo vemos en el evangelio de hoy, pero no podemos decir que Dios es un pecador porque eso sería una herejía del tamaño de una catedral.

Por lo tanto, se nos recuerda que el Señor sufre tentaciones, pero no es pecador, por lo tanto, hay una distancia entre la tentación y el pecado, una diferencia, una distancia, y esa distancia es el consentimiento

Es importantísimo recordarlo, para que podamos luchar con más tranquilidad porque mientras no haya consentimiento en la tentación no se produce ese paso hacia el pecado.

CUARENTA

TENTACIÓN Y PECADO

Y ese espacio, entre la tentación y el pecado, es importantísimo agrandarlo lo más que se pueda. Por ejemplo, si a mí, mil veces en una hora me viene el pensamiento de odio por algo que alguien me hizo. 

Pero cada una de esas mil veces, apenas me doy cuenta de que estoy metido en aguas pantanosas de odio, de rechazo, de rencor, o lo que sea, resulta que, si cada una de esas veces yo rechazo ese pensamiento y le pido a Dios, de verdad el mayor bien por esa persona que me hizo ese daño, seguramente ahí no se produjo pecado.

No hubo ese paso de la tentación al pecado porque no hubo consentimiento. 

Para que se vea más claro voy a poner el ejemplo contrario. 

Porque otra cosa sería que me doy cuenta de que estoy deseando el mal a alguien, movido por el rencor y me doy cuenta de que efectivamente este pensamiento como que no va. 

Pero en lugar de cortar me quedo más bien un rato como deleitándome en la imaginación en ese mal que me parece a mí que sería la justicia para esa persona que me ha hecho tanto mal.

PODEMOS SER ENGAÑADOS

En este sentido vamos para aclararnos más el asunto, resulta que el Catecismo de la Iglesia Católica lo dice muy claramente:

“El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, que es necesaria para el crecimiento del hombre interior (cf Lc 8, 13-15; Hch 14, 22; 2 Tm 3, 12), en orden a una virtud probada (Rm 5, 3-5) y la tentación que conduce al pecado y a la muerte (cf St 1, 14-15). 

Debemos también distinguir entre ser tentado y consentir en la tentación”.

(De eso es lo que estamos hablando ahora). 

“Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es bueno, seductor a la vista, deseable (Gn 3, 6), mientras que, en realidad, su fruto es la muerte”

(Catecismo, 2847).

De esto es que habla el evangelio de hoy. El padre de la mentira es el que intenta engañar, no solamente al Señor, sino también a cada uno de nosotros.

Bueno, todos sufrimos tentaciones, y es bueno saber esto, que tener tentaciones no es tanto un problema, sino si hay consentimiento a esas tentaciones que ya es pecado. Y por temporadas puede parecer que cierta tentación sea especialmente fastidiosa, sobre todo en materia de pensamientos y de deseos. 

Es como una mosca que revolotea con demasiada insistencia. Y a veces, seguramente tienes también experiencia de esto, pero si luchamos diciendo ‘no voy a pensar en la mosca’, la mosca ahora termina del tamaño de un elefante…

LUCHA CONSTANTE

Y por eso, este evangelio de hoy es francamente bonito, porque nos abre la posibilidad de luchar de un modo más bien positivo, con la sustitución afirmativa. 

Me explico, cada vez que el demonio instigaba a nuestro Señor Jesucristo, el Señor sustituye esas palabras engañosas del demonio, el padre de la mentira, por otra cita del Deuteronomio. 

Y el tema no era tanto que citara el Antiguo Testamento, sino que cada una de esas citas era una reafirmación en su amor al Padre. 

«No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». 

«No tentarás al Señor tu Dios». 

«Al señor tu Dios adorarás y sólo a él servirás».

Bueno, si le funcionó al Señor, también nos va a funcionar a nosotros. Nosotros podemos luchar contra las tentaciones, sustituyendo esos ataques del enemigo por una afirmación gozosa de nuestro amor a Dios. 

Por ejemplo, si nos vienen tentaciones contra la castidad, en lugar de quedarnos en el ‘no veo’, ‘no pienso’, ‘no hago’… Hay que hacerlo, ¿no? 

Pero si además de quedarnos allí, además sustituimos la tentación con ‘Madre mía mis ojos son para verte a Ti’, ‘Jesús mi corazón te prefiere mucho más que toda esta porquería’, o ‘Señor te hago entrega de todo mi ser, de mi cuerpo, de mi alma, mis pensamientos, mis deseos’… 

¡Caray, luchar así tiene otro color, así es más efectivo; cansa mucho menos y además le damos como una vuelta de yugo a la tentación porque nos iba a alejar de Dios y resulta que, sorpresa, ¡terminó más bien acercándonos a Dios!

CUARENTA

DECIRLE SÍ A DIOS

Por eso, este evangelio me parece que es una joya para el inicio de la cuaresma. Y no sólo porque se habla de los cuarenta días en el desierto, sino porque además hay otros episodios del Antiguo Testamento que también mencionan los cuarenta años.

 Si no, porque este evangelio nos recuerda que, para un cristiano, la negación es producto de una afirmación. Porque no sólo le decimos que no a la tentación, sino que eso es una consecuencia de que queremos decirle que sí a Dios.

Y del mismo modo, en estas semanas que ya se acercan, no solamente le vamos a decir que no al chocolate, al azúcar, a la carne, al pollo, al cerdo los viernes, por ejemplo. 

Le vamos a decir que no a perder tiempo en el teléfono, le decimos que no a las malas palabras, a bañarse con una temperatura demasiado cómoda o no sé, cualquier otro sacrificio típico de cuaresma.

Le decimos que no a alguna de estas cosas, para poder decirle que sí a Dios con más fuerza. Esa es la lógica de la cuaresma, la lógica del amor típica de la cuaresma.

Y por eso, este evangelio nos viene de maravilla. La cuaresma es ese tiempo en que se nos invita voluntariamente a entrar en ese desierto interior, a apagar el ruido, a escuchar lo esencial. 

No es solamente sufrir por sufrir, sufrir sin sentido, sino que se trata de fortalecernos en el amor a Dios. 

VER LO ESENCIAL

Así en este tiempo, ojalá que nos desprendamos de las cosas superfluas, para que así podamos ver mejor lo que es esencial y lo podamos elegir. Decirle que sí Señor, te elijo a ti con mucha más fuerza. Por eso en este tiempo de cuaresma, aprovechando este evangelio de hoy, antes que pedir fortaleza para vivir bien el ayuno o las mortificaciones o las penitencias pautadas, vamos a pedirle más amor a Dios. 

Que nuestro corazón sea muy generoso, para que así en estas pequeñas mortificaciones o en las grandes tentaciones de la vida, podamos elegir a Dios antes que nuestras propias comodidades, nuestras preferencias y nuestros gustos. Que sea más grande el amor.


Citas Utilizadas

Gn 2, 7-9; 3, 1-7

Sal 50

Rm 5, 12-19

Reflexiones

Señor, te pido fortaleza y generosidad para vivir esta Cuaresma de la mejor manera. Que pueda apagar ese ruido interior que me bloquea el poder escuchar lo que quieres decirme.

 

Predicado por:

P. Rafael

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