«Todavía es de madrugada, aún está oscuro y sin embargo algo pasa, algo sucede.
María Magdalena va al sepulcro y encuentra la losa removida y entonces no sabe muy bien por qué, pero echa a correr, ¡echó a correr! Y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: —Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Y ellos al verla también salen corriendo».
CORRER…
El Evangelio es muy gráfico, dice que los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro, se adelantó y llegó primero al sepulcro.
Jesús, la primera reacción ante la resurrección no es un discurso, no es una homilía, no es una explicación. La primera reacción es correr, correr, correr.
Hay algo en el corazón que no puede quedarse quieto, algo se ha despertado, una intuición, una esperanza nueva. Pero claro, todavía no te han visto. El Evangelio de hoy no te muestra resucitado.
Los apóstoles, las santas mujeres todavía no te han encontrado, pero ya corren. No se pueden estar quietos, porque el sepulcro está vacío, porque la cruz, no ha sido el final, porque algo, mejor dicho, alguien ha vencido.
Señor, y quiero detenerme aquí.
Bueno, no, más bien quiero correr también, en ese momento en el que todavía no te veo, pero algo dentro de mí me dice, corre. Hay algo encendido dentro de mí, una alegría, una esperanza renovada, y esta alegría lleva renovándose más de dos mil años. ¡Qué maravilla, qué milagro!
¿Qué significa correr hoy? ¿Qué significa correr en medio de este siglo, con las rutinas, los trabajos, los cansancios? Porque también nosotros corremos, corremos todo el tiempo. Corremos por miedo, por ansiedad, o porque no llegamos. Corremos porque la vida nos empuja…
ALGO BUENO HA PASADO
Pero hoy el Evangelio me propone otra carrera, una carrera distinta. Correr porque hay esperanza, correr porque algo bueno ha pasado, correr porque el amor es verdad.
Señor, y quizá llevo un tiempo detenido, como instalado, sin ilusión, esperando no sé qué, y hoy Jesús, me doy cuenta de que me falta esto, correr hacia Ti. No quedarme analizando desde lejos, no esperar a tener todo claro, no exigir pruebas antes de moverme, no. Correr, correr con el corazón. Eso es lo que hacen Pedro y Juan, corren sin entenderlo todo.
Corren con preguntas, claro, corren con dudas, pero corren. Y al llegar, ven los signos.
Dice el Evangelio:
«Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro, vio los lienzos tendidos y el sudario con el que habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte, y entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó, vio y creyó».
Señor, qué misterio tan grande, creer antes de verte, creer a partir de signos, creer en medio de la oscuridad que todavía no se ha ido del todo, y en ese ambiente quiero dejar que resuenen esas ideas tan humanas, tan verdaderas.
¿POR QUÉ CORRO?
Los hombres corremos por muchas razones, por miedo quizá a lo que dejamos atrás, también por el deseo de lo que buscamos hacia adelante. Corremos también por amor hacia alguien que nos espera, y es chistoso, pero en este día todos corrieron por todo esto a la vez, un poco por nervios, por deseo, por amor, no sabían muy bien qué les pasaba, pero corrían, correr, correr.
Las mujeres corren con miedo y alegría, Pedro y Juan corren con incertidumbre y esperanza, los que van para Emaús después van a correr de vuelta incendiados por dentro, no ardía nuestro corazón.
Señor, quizá yo también estoy corriendo, pero no siempre hacia Ti. A veces corro escapando, a veces corro persiguiendo cosas que no llenan, algunas veces corro sin saber muy bien por qué.
Hoy quiero preguntarme con sinceridad hacia dónde estoy corriendo, porque la resurrección es esto, descubrir que vale la pena correr hacia adelante, que el futuro no está cerrado, que la vida no termina en un sepulcro, que el pecado no tiene la última palabra.
Sí, la muerte fue vencida y entonces brota una alegría nueva, una alegría que no depende de que todo esté perfecto, una alegría muy profunda. Y hay un momento de inflexión, porque podría quedarme aquí, en una fe bonita, en una idea consoladora, y sin embargo algo dentro de mí quiere ir más allá.
JESÚS EN LA EUCARISTÍA
Señor, sí, en lo profundo de mi alma ya sé que ha traslucidado, lo sé, pero hoy me atrevo a decirte algo más, a pedirte algo más. Señor, quiero verte, quiero verte, quiero tocarte. No es una exigencia, no es una duda, es un deseo, un deseo profundo, un deseo limpio.
Señor, quiero encontrarte, quiero tocarte. ¿Dónde? Tú mismo me respondes, Señor. Tomad y comed, esto es mi cuerpo.
Ahí estás, en la Eucaristía. No es una idea, no es un símbolo vacío, eres Tú, Señor.
Señor, ¿cuántas veces he pasado, cuántas veces he estado y no he corrido hacia Ti con esa urgencia del Evangelio? Quiero aprender a correr hacia el altar, a correr hacia la misa y reconocer que ahí estás resucitado.
Y también me dices,
«cada vez que lo hicieron con estos, con uno de estos, conmigo lo hicieron».
Señor, también estás en los demás, en el que sufre, en el que necesita, en el pequeño. Señor, correr hacia Ti es también salir de mí mismo.
Y me dices también,
«¿dónde dos o tres están reunidos en mi nombre? Allí estoy yo»,
en la oración, en ese rato sencillo, en ese silencio. Ahí estás. Mientras nosotros corremos, ahí estás.
ÉL NOS ESPERA
Y hay algo que también me impresiona de este día. Señor, Tú no corres. Tú ya no tienes prisa, estás, esperas. Tú sales al encuentro con calma, como si quisieras enseñarme que mi inquietud encuentra descanso en Ti.
Señor, hoy quiero correr, pero no huir, ni escapar. Quiero correr hacia Ti, quiero correr con esperanza, con amor, correr con esa alegría nueva que nace del sepulcro vacío. Y al mismo tiempo quiero aprender a detenerme cuando te encuentre en la Eucaristía, en la oración, en los demás.
Oración, Santa Misa, caridad, cincuenta días para considerar esto en lo profundo de mi corazón…
Y al final, ¿dónde termina toda carrera? Señor, en Ti. Señor Jesús Resucitado, vivo, presente, haz que no me quede quieto, haz que no me acostumbre, haz que corra y que corriendo te encuentre.

