ESCUCHA LA MEDITACIÓN

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS

Y cuenta el evangelio según san Juan que, cuando el Bautista vio llegar por fin a Jesús ante él para bautizarse, lo anunció en voz alta otorgándole un título misterioso y solemne que sigue pronunciando la liturgia romana en Misa antes de comulgar: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. La imagen del cordero nos lleva al pasaje del profeta Isaías que presentaba al siervo del Señor como un cordero que se deja sacrificar sin quejarse para librarnos de todos los males (Is 53, 7).

A ORILLAS DEL JORDÁN

Hoy nos encontramos, en este domingo, con un texto del Evangelio que seguramente todos escucharemos comentar vivamente en misa. 

«Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». 

Estas palabras que pronuncia Juan el Bautista, al ver venir a Jesús, son las que el sacerdote repite en misa todos los días. Y podemos meternos un poco en la escena. 

A las orillas del Jordán, Juan estaba predicando a las personas de toda condición un bautismo de penitencia para preparar justamente la llegada del Mesías. 

Recordemos que las personas estaban con esa expectativa de que el Mesías vendría, pero claro, había pasado tanto tiempo y no llegaba, que seguramente muchos habían perdido esa fe. O pensaban que llegaría al final de los tiempos. 

Pero Juan el Bautista empieza a hablar y que es necesario bautizarse ya, un bautismo distinto, era un bautismo de penitencia, para preparar justamente la llegada de ese Mesías. 

Y cuenta el Evangelio que san Juan Bautista, que vio llegar por fin a Jesús, a él para bautizarse, lo anunció en voz alta y le otorgó un título misterioso y solemne que, como decía, seguimos pronunciando en la Liturgia Romana de la misa antes de comulgar:

«Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». 

Y SE CUMPLIÓ LA PROFECÍA

La imagen del Cordero, en su aspecto manso, revestido de lana blanca, resultaría muy familiar para cualquier judío contemporáneo de Jesús. 

Muchos se habrían criado en zonas de campo donde seguramente abundaban esos tipos de ganados. También guardarán en su memoria el pasaje del profeta Isaías, que presentaba al siervo del Señor como un cordero que se deja sacrificar sin quejarse para librarnos de todos los males. 

Eso aparece en el capítulo 53 de Isaías. Pues todos los años los judíos piadosos iban a Jerusalén por la fiesta de Pascua y se acercaban, de hecho, al templo para escoger al menos un cordero por familia para inmolarlo y comer la Pascua por la noche. 

Ese era el sacrificio. Y ese cordero tenía que ser macho, de un año, y no podía tener ningún tipo de defecto. 

Y no se le debía quebrar, además, ningún hueso. Eso estaba estipulado en la ley de Moisés. Lo podemos leer en el capítulo 12 del Éxodo. 

También debía ser sacrificado entre dos luces, es decir, a mediodía, entre la luz de la mañana y la luz de la luna, a mediodía. 

Tenía que comerse de pie, ceñidas las cinturas, con panes ácimos y untado con su sangre las jambas de las puertas para conmemorar el paso del Señor en Egipto; cuando la última plaga mató a los primogénitos que no habían sido protegidos por la sangre de los corderos inmolados. 

cordero

EL ANUNCIO DE JUAN

Y cuando el bautista anuncia al Mesías como Cordero de Dios, claro, revela los aspectos esenciales de su misión redentora. 

Eso lo explicaba Benedicto XVI. Decía,

“la expresión Cordero de Dios interpreta, si podemos decirlo así, la teología de la Cruz que hay en el bautismo de Jesús, de su descenso a las profundidades de la muerte. 

Y el Cordero Pascual, que conmemoraba la liberación de Egipto, empezaba en el Jordán a revelarse como la prefiguración del verdadero cordero, inocente y manso, que sería inmolado a mediodía en la cruz por todos los hombres, para liberarlos del pecado con su sangre derramada”. 

Esta era la misión asumida por Jesús con su bautismo en el Jordán. Y es muy fuerte, Señor, cómo Tú vas cumpliendo esa misión que el Padre te encomienda y vas siguiendo todos los pasos para cumplir las Escrituras completamente. 

Y esta expresión que usa tu primo san Juan Bautista, «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo», es el verbo que se traduce con quita. 

Explicaba también el Papa Francisco, “significa quita literalmente, aliviar o tomar sobre sí”.

Porque eso es lo que haces Tú, Señor. Vienes al mundo con una misión precisa, liberarnos de la esclavitud del pecado, cargando sobre Ti las culpas de la humanidad. 

APRENDER DE JESÚS

Y eso lo haces de una forma que a todos nos deja atónitos. Porque lo haces sirviendo, lo haces amando, porque no hay otro modo de vencer el mal.

No hay otro modo de vencer el pecado, sino es con amor, ese amor que impulsa al don, al dar la propia vida a los demás. 

Por eso, Señor, nosotros queremos ser parte de tu iglesia. Podríamos pensar, ¿qué significa para nosotros hoy ser discípulos de Jesús, visto como el cordero de Dios? 

Bueno, eso tiene que tener un significado, porque debería significar poner en lugar de la malicia. La inocencia, en lugar de la fuerza. 

Poner el amor, en lugar de la soberbia. La humildad, en lugar del prestigio. Poner el servicio. Ahí tendríamos que estar. 

Señor Jesús, a Ti vamos para pedirte que nos enseñes. Y tal vez, Señor, una forma muy buena de aprender de Ti, es cuando vayamos a misa y escuchemos estas palabras,

«este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». 

Muchos se arrodillan al escuchar esta frase, porque es la presentación, “este es el cordero de Dios”. 

Nosotros lo vemos convertido en pan, pero está ahí realmente, este es el cordero de Dios. Igual que estuvo cerca de Juan el Bautista, cuando le señaló con el dedo, “este es el cordero de Dios”. 

PALABRAS DE FE

Y muchos tal vez también dudaron, ¿será este el Mesías? o ¿cómo puede ser este que no ha hecho nada? o no sé, a alguno se le habrá pasado incluso por la cabeza que no escuchó bien, ¿cómo? ¿qué dijo? 

Podría ser, porque era algo, una verdad muy sorprendente. 

Pero cuando escuches tú,

«este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo»,

que le digas de rodillas: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Y que se lo digas de corazón, porque una palabra Tuya bastará para sanarme”. 

Qué son esas también palabras bíblicas que el Centurión le dijo a Jesús; y que le ganó además a Jesús del corazón, porque dijo:

«No he encontrado en Israel palabras, tanta fe y palabras como estas». 

Entonces nosotros también queremos ser así, demostrar nuestra fe, demostrar que realmente creemos que Jesús es el Mesías, que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Y esto tenemos que aprenderlo. Esto los padres tienen que esforzarse para que sus hijos también lo aprendan. 

Que vean ahí al cordero de Dios. Cuando van a misa, ese sea un momento también importante. 

Por supuesto, el momento más importante será la Consagración. Pero después, ese otro momento, que sea un momento de intimidad con el Señor, de reconocerle como nuestro Dios, que se queda con nosotros, para nosotros, por nosotros. 

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FUENTE DE GRACIA

Porque la Eucaristía es el desvelo de Dios por nosotros. Es esa fuente de gracia que nos ayuda a seguir caminando. 

Señor Jesús, al hacer este rato de oración, queremos pedirte que nos ayudes, que nos concedas esto.

Que nos concedas que veamos siempre a esa parte de la misa como Tu presencia salvadora. 

«Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

Que ninguno se tire para atrás o se distraiga. Que vea realmente que Tú eres el Dios que quita el pecado del mundo. 

Y ahí queremos estar nosotros. Ponemos estas intenciones en manos de nuestra Madre, la Virgen María. Ella nos ayudará a descubrir siempre a Jesús, ahí cuando nos los presenta. 

«Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y nosotros responderemos siempre, Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme».

 


Citas Utilizadas

Is 49, 3. 5-6; Sal 39

1 Cor 1-3

Jn 1, 29-34

Reflexiones

Señor, ayúdame a hacer Tu voluntad y no la mía. A ser dócil de corazón. Y que una palabra Tuya me baste para sanarme y llegar al Cielo.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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