Un día que cambia la historia
El 25 de enero recordamos algo extraordinario: un hombre orgulloso, seguro de sí mismo y convencido de tener toda la razón… fue derrumbado por la verdad del Amor.
Saulo perseguía cristianos. Jesús lo derribó, lo cegó, lo llamó por su nombre y lo transformó en Pablo, el apóstol más audaz de la historia.
Pero esta fecha no es solo memoria. Es una invitación: Si Jesús pudo transformar a Saulo… también puede transformar todo aquello que en mí parece imposible.
Si Pablo viviera en el 2026… ¿qué haría?
Tal vez: No montaría caballo, sino una moto eléctrica o tomaría un bus.
En lugar de cartas escritas en pergamino, enviaría reels, podcasts y mensajes directos.
En vez de visitar sinagogas remotas, evangelizaría en WhatsApp, TikTok, Instagram, cafeterías, y buses llenos en hora pico.
Pero su mensaje sería el mismo:
Cristo vive. Cristo salva. Cristo cambia vidas.
Y quizás muchos no le creerían al inicio:
- “¿Cómo que ese antes perseguía cristianos?”
- “¿No era súper orgulloso?”
- “¿Quién se cree para hablar de Dios?”
Y Pablo respondería como ayer:
“No anuncio mis fuerzas.
Anuncio a Cristo que me encontró cuando yo estaba perdido”.

¿Y qué tiene que ver Pablo con mi vida?
Mucho más de lo que pensamos.
Todos tenemos “Saulos” dentro:
- Orgullo que quiere tener la razón
- La voz interna que grita más fuerte cuando estamos lejos de Dios
- Ganas de protagonismo
- Reacciones impulsivas que luego duelen
- Sensibilidad después de una discusión o caída
Y también tenemos momentos como Pablo en el suelo:
- Días donde sentimos oscuridad y llanto sin explicación
- Agotamiento emocional después de una pelea
- Sensación de que nada sale bien
- Corazón cansado que solo quiere esconderse
Cuando la vida pesa: lágrimas, dopamina y gracia
Después de una discusión fuerte o una herida emocional, es normal sentir tristeza, cansancio o hipersensibilidad. El cuerpo baja su energía, las emociones se descontrolan un poquito. Pero esa fragilidad puede ser el lugar perfecto para escuchar a Dios.
Porque cuando ya no quedan fuerzas para pelear, cuando la boca quiere hablar pero el corazón dice “silencio”, cuando preferimos desaparecer…
Jesús se acerca y en el recogimiento nos dice:
“No tienes que demostrar nada. Solo déjame ser tu fuerza.”

El antídoto de Pablo: estar con Jesús
Pablo aprendió tres cosas que tú estás viviendo también:
✔ 1. Guardar silencio
No todo merece respuesta.
La humildad abre puertas que la soberbia cierra.
✔ 2. Retirarse para orar
No desaparecer por orgullo,
sino esconderse en Jesús para descansar.
El Santísimo se vuelve refugio:
- Entrar con el corazón revuelto
- Hablarle como a un amigo
- Dejar que Él ordene lo que pesa dentro
✔ 3. Volver al apostolado
Pablo cayó… pero siguió.
Tú también puedes : estudiar, leer, formarte
Evangelizar es actitud, coherencia y sonrisa (sí, hasta cuando cuesta).
¿Cómo sería mi conversión hoy?
No necesitamos ver un rayo del cielo. La conversión también ocurre cuando:
- Callo en lugar de herir
- Reconozco que me equivoqué
- Pido perdón o acepto perdones que me cuestan
- Vuelvo a misa aunque esté seca el alma
- Pongo a Jesús primero
Me dejo transformar poquito a poquito.
Convertirse no es hacer todo perfecto. Es dejar que Jesús haga algo nuevo en mí cada día.

Un desafío para este 25 de enero
Pregúntale a Jesús en oración:
“¿En qué área quieres convertir mi corazón hoy?”
Quizás la respuesta será:
- Más silencio
- Más paciencia
- Menos protagonismo
- Más escucha
- Más confianza
O tal vez simplemente:
“Quédate conmigo. Yo haré el resto.”
De Saulo a Pablo, y de yo a quien Dios sueña
La conversión de Pablo no terminó en Damasco. Comenzó ahí.
Tu historia también puede comenzar hoy, en medio del cansancio, la sensibilidad, las lágrimas y el deseo profundo de cambiar.
Porque Jesús no busca perfectos. Busca disponibles.
Y cuando le abrimos la puerta aunque sea un poquito, Él, igual que con Pablo,
transforma heridas en misión, batallas internas en sabiduría, y lágrimas en testimonio.



Mil bendiciones
Excelente comparación de épocas, de forma sencilla, profunda y práctica que invita a no sólo compartirla sino vivirla
Excelente comparación de épocas, de forma sencilla, profunda y práctica que invita a no sólo compartirla sino vivirla
Mil bendiciones