“Ver en todo enfermo el rostro de Jesús…” fue la frase que dijo un sacerdote en una reciente visita a una persona muy querida que se encuentra muy enferma.
En cada enfermo, Jesús nos espera
Estaba experimentando mucho dolor, un dolor que me corroía por dentro… lloraba por cualquier cosa. Era muy difícil ver a alguien tan querido en una condición de salud nunca pensada ni imaginada.
Pero después fui internalizando gradualmente paz y creo que así nos ha pasado a todos los que estuvimos presentes ese día. Comencé a ver a Jesús en esa persona sufriente… su enfermedad nos acercaba así más a Él.
San Josemaría Escrivá de Balaguer dice en su libro Forja: “Cuando te acercas a un enfermo, acércate como quien se acerca a Cristo Crucificado”. Y en su libro Surco, sobre el mismo tema, dice: “Piensa que en ese enfermo está Cristo que sufre. Trátalo con cariño, como tratarías al Señor. Al cuidar a un enfermo, cuidas al mismo Jesús”.
Confiar en Dios
Jesús, si bien experimentó miedo ante lo que vendría, nunca renegó de Dios. Se mantuvo fiel a Él.
Ahora bien, en el momento más duro de su crucifixión dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Esas palabras expresaron el sufrimiento extremo que vivía.
Pero lo que siguió después evidencia que fue un momento profundo de entrega. Dijo que tenía sed. Los soldados le acercaron una esponja empapada de vinagre y entonces Jesús dijo: «Todo está cumplido. En tus manos encomiendo mi espíritu».
Inclinando la cabeza, murió.
Así mismo nos puede pasar a nosotros ante algo tan difícil como ver a una persona querida consumirse por una enfermedad. Podemos decir: «Señor, ¿por qué le pasa esto? ¿Por qué nos abandonas?».
San Josemaría tiene una frase hermosa en su libro Camino: “No digas: no puedo más. Sí puedes con la ayuda de Dios”.
Y fue lo que Jesús hizo: muere con absoluta confianza en su padre Dios.
Es así como, ante una situación de dolor, debemos también confiar en Dios, estar cerca de Él porque de Él proviene el consuelo para seguir. Él es quien nos hace superar el dolor.
El pecado duele
El padre ese día dijo otra frase que me impactó: el pecado duele.
¿Por qué me impactó?
Porque nunca había visto el pecado como un dolor, pero la realidad es que es así. Cuando he tenido pecados que me corroen, he sentido dolor y no me alivio hasta que me confieso… hasta que limpio mi alma. ¿Te pasa también a ti? ¿Te duelen tus pecados?
Al respecto, San Josemaría dice también en Forja: “Une tu dolor al de Cristo: entonces tu alma se hace más limpia”. Y en una homilía dijo que “Dios se sirve de la enfermedad para acercarnos a su amor y a su perdón”.
La familia unida en el dolor
En la situación que he estado viviendo, la familia se ha unido de una forma hermosa. Ha crecido el amor alrededor del enfermo. Cada uno quiere ofrecer palabras de aliento, oraciones, cantos. Si bien el dolor de todos es inmenso, la paz en medio del dolor la está dando el poder ver en esa persona enferma a Jesús que nos necesita a su lado.
El padre nos dijo que Dios puede convertir la enfermedad en un camino de purificación del alma cuando se vive con paciencia, amor y unión a Cristo.
San Josemaría tiene dos frases hermosas sobre lo que significa una familia que se une ante el dolor: “Cuando un ser querido sufre, toda la familia es invitada a amar más y a ofrecer más”. “El hogar cristiano se santifica también en la enfermedad, cuando todos ayudan, sirven y comprenden”.
Estoy pidiéndole a Dios por primera vez un milagro: que sane a este ser tan querido.
¿Qué va a pasar? No lo sé.
Lo que sí sé es que aceptaré la voluntad de Dios.
Ahora te pregunto:
Ante una situación difícil como una enfermedad, una muerte, un desastre natural, tantas cosas difíciles que nos pueden pasar, ¿lo vivirás solo o de la mano de Dios?
Yo puedo decirte que he decidido vivirlo bien agarrada a Dios, sin soltar su mano.

