Fue un momento de profunda angustia e incertidumbre que puso en riesgo nuestras vidas. Pero, incluso en medio de esa emergencia médica, sentí paz en mi corazón y la certeza de que Dios tenía grandes planes para nosotros. Es por eso que hoy seguimos aquí: victoriosos y agradecidos.
El Desierto de la Espera
Dos años después del nacimiento de José María, emprendimos el camino para expandir nuestra familia, pero Dios tenía otros planes. Llevo más de ocho años intentando quedar embarazada nuevamente. En este tiempo de espera, la ilusión se ha transformado a menudo en dolor, pues dos de mis embarazos terminaron en pérdidas.
Son ausencias que dejan un vacío enorme en el alma, más preguntas que respuestas y un torbellino de sentimientos encontrados. Despedirse de un hijo en el vientre es enfrentarse a una tristeza inabarcable.
El Consuelo en la Entrega
Como todo en la vida, cuando abrimos el corazón a Dios y le entregamos nuestras tristezas y alegrías, encontramos el consuelo que el alma necesita. He comprendido que no podemos cargar nuestras penas solos; al entregarle nuestro dolor a Él, lo transformamos en el impulso necesario para vivir en Su presencia.
La Virgen María ha sido fundamental en este proceso. En ella encontré refugio, comprendiendo que nadie mejor que nuestra Madre del Cielo para entender el dolor de perder a un hijo. A través de la oración constante, empecé a notar cómo Dios me sostenía en mi debilidad.
Un Nuevo Significado del Amor
Este camino ha transformado mi vida interior. He aprendido a entender las voluntades de Dios y a descubrir una forma nueva de amar. He comprendido que Sus planes no siempre coinciden con los nuestros.
A través de las lágrimas, aprendí a querer lo que Dios quiera para mí, aunque no sea lo que a veces tanto anhelo. Ya no vivo desde la desesperación, sino desde un abandono absoluto en Sus manos, con la paz de saber que Él cuida de mi familia. Hay una cita que llevo marcada:
«Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace.»
Un Mensaje para Ti
A ti, madre, que quizás lees esto mientras atraviesas la tormenta de la infertilidad, la pérdida o el miedo, quiero invitarte a mirar el futuro con esperanza. Dios nunca nos abandona en nuestro sufrimiento.
Te animo a aumentar tu confianza y tu abandono en Él cuando las situaciones se compliquen. Confíale tu futuro, aunque te asuste o sea incierto. Él siempre saca luz de la oscuridad.
Oración por las Madres
Señor Jesús, te entrego la vida de cada madre que lea estas palabras. Tú conoces sus alegrías, preocupaciones, cansancios y esperanzas. Sostén su corazón cuando se sienta débil, dales paz cuando el camino sea difícil y recuérdales que no están solas.
Enséñame a confiar en Ti desde mi maternidad, a amar sin medida y a descubrir tu presencia en lo pequeño de cada día. Que cada madre pueda experimentar que Tú la acompañas, la sostienes y la guías con amor.
Amén.
Con mucho amor y esperanza,

