< Regresar a Blog

Panameña, Comunicadora Social. Autora de “Te Ofrezco mis Puertas”, “Chachalaca y su viaje inesperado” y “Mariana y la ballena”

5 min

Borra el dolor de tu alma

“La confesión es el sacramento de la alegría.”
San Josemaría Escrivá,

Siempre había entendido el pecado como una mancha en el alma. Pero en una charla a la que asistí el sacerdote dijo algo que me impactó: el pecado duele.

¿Por qué me impactó?

Porque nunca había visto el pecado como un dolor en el alma, pero la realidad es que es así. Cuando he tenido pecados que me corroen, he sentido dolor profundo y no me alivio hasta que me confieso… hasta que limpio mi alma.
¿Te pasa también a ti?
¿Te duelen tus pecados?

Desde hace siete años me confieso con frecuencia. Pero en una época de mi vida no era así. De hecho la mayor parte de mi vida no fue así.

¿Qué hizo que diera el paso de esa confesión después de tanto tiempo?

Fue después que me dieron el diagnóstico de que tenía cáncer de ovario. Había leído que la tasa de supervivencia de ese cáncer era del 15% por ende lo primero que pensé cuando me dieron el diagnóstico fue: Voy a morir e iré al infierno porque tengo mi alma manchada de tantos pecados. Como quería ir al cielo tenía que buscar la forma de limpiar mi alma para al menos aspirar a ir al purgatorio.

Confesarme no fue fácil

Aunque quería sentirme en paz no fue fácil esa primera confesión después de muchos años. Pueden creer que me daba pena hablar con el padre y decirle lo que llevaba dentro. Así era. Pensaba y pensaba y no lo hacía.

Tuve que someterme a seis ciclos de quimioterapia. Cuando pude salir los días que me sentía mejor después del tratamiento, fui a un retiro de mujeres que organiza todos los meses el Opus Dei en Panamá en una iglesia. También los hay para hombres. De hecho en todo el mundo donde tiene presencia la Obra es así: hay retiros cada mes para hombres y mujeres.

En el retiro hablé con el padre. Le conté lo que sentía, lo que me pasaba, pero no me confesé. Sentía mucha vergüenza.
Después mi hermana me mandó las meditaciones diarias que me ayudaron a empezar a hacer mi rato de oración. Al ir profundizando en mi fé, sintiendome confortada esos meses al sentir a Dios tan cerca de mí, experimenté mucha paz incluso en medio de la prueba que atravesaba.

Confesion

Llegó el día que sentí el deseo ardiente de confesarme

Una amiga que me acompañaba también en este nuevo camino a manera de guía espiritual me dijo que hiciera un análisis de conciencia profundo para hacer una buena confesión. Se me había olvidado incluso la frase que tenía que decirle antes al padre al entrar a confesarme. Ella me dio un libro pequeñito con una guía para hacer el análisis de conciencia, casi cómo si fuera a pasar un examen.

Si lo pienso era así: era un exámen para ver cómo estaba realmente mi alma.

Con el examen de conciencia realizado llegó el día de la confesión. Lloré mucho pero salí feliz con la absolución. Me sentía liberada, sin dolor, con el firme propósito de ser mejor.

San Josemaría Escrivá de Balaguer decía: “La confesión es el sacramento de la alegría.”
Y es así como me siento cada vez que me confieso, feliz.

Sanar de cuerpo y del alma

Como ven sigo aquí después de siete años de ese diagnóstico. Le he dado gracias a Dios una y otra vez por esa enfermedad que hizo que me pusiera en paz con Él. Que hizo que ahora trabaje día a día por ganarme al cielo. Porque es una lucha constante por querer ser mejores. Hay momentos de mayor turbulencia en la vida, cuando por lo general el alma se dispersa. Alli nuevamente el examen de conciencia profundo es fundamental. Sentarse y analizarse por dentro antes de ir a la confesión.

El Padre Pió decía que:
“Aunque tus pecados fueran más negros que la noche, la misericordia de Dios es más grande.”
“El demonio teme mucho a las almas que se confiesan con frecuencia”.

El milagro de la confesión

Hace unos días en una de las meditaciones, el padre Rafael dijo:Señor, o Tú obras un milagro en mí o aquí no hay nada que hacer”.

Como estaba escribiendo este artículo, enseguida pensé que mi confesión fue un milagro. Yo era un hueso duro de roer. Llevaba una vida completamente incoherente. Pero al sentir que moría, que perdería ir al cielo, algo en lo que creía desde niña, que al morir el destino era el cielo, sentí el deseo ardiente de limpiar mi alma. Ahora entiendo que era dolor lo que sentía. Un dolor profundo. Quería borrar ese dolor.

Nuestra aliada: La confesión constante

San Josemaría dice: “No te acostumbres al pecado, acostumbrate a confesarte.”

Mi santa, Santa Teresita del Niño Jesús me enseñó que uno no puede perder tiempo en recriminarse: por qué hice esto, por qué aquello. Es un tiempo que se le roba a Dios. Hay que ir rápido a pedirle perdón a Dios en el sacramento de La Confesión.

La vida es un perseverar, un día y otro por querer ser mejores. Todo lo que se quiere lograr cuesta. Y mantener el alma en paz, también cuesta. La única forma de lograrlo es la confesión constante.

Además, al emprender este camino por querer ser mejores, uno se va conociendo cada vez más, encontrando esas cosas que nos hacen mal, esas compañias que nos alejan de Dios. Uno forma su propio cielo en la tierra, cuidando de no manchar su alma.
Sin duda al emprender el camino por querer mantener el alma limpia y en paz, la confesión se torna en nuestra aliada.

Confesión

¿Qué involucra el Sacramento de la Confesión?

Llegado a este punto, es importante considerar que este sacramento involucra: el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios, ganar la paz y serenidad de la conciencia y ganar la fuerza espiritual para la vida cristian.

No nos cansemos nunca de pedir perdón. Buscar el perdón de Dios es lo que nos hace ser mejores. Nuestro padre Dios nos espera como sus hijos para perdonarnos y ayudarnos a seguir.

Sobre esto San Agustín nos dice: “Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.”

En este tiempo de cuaresma la iglesia insiste en que consideremos nuestra conversión, la conversión de nuestro corazón.

  • Pidamosle a Dios el milagro de nuestra conversión.
  • Pidamosle el milagro de la confesión.
  • Que no nos cansemos de pedirle perdón.
  • Que sienta el deseo de confesarme frecuentemente para que desaparezca rápidamente el dolor que produce el pecado.
  • Que sea la alegría la que inunde siempre mi alma.

    👉  Haz parte de esta misión hoy.

    Haz tu donación aquí

 


Escrito por

Tere Domínguez

Panameña, Comunicadora Social. Autora de “Te Ofrezco mis Puertas”, “Chachalaca y su viaje inesperado” y “Mariana y la ballena”

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE EL ARTÍCULO?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?