Si usted es de esos que se queda varios días con la añoranza de los bellos momentos que ha vivido en familia y los muchos propósitos hermosos que no logró cumplir el año anterior, le propongo esta corta reflexión, para comenzar a “sacudir” el alma este 2026.
SUPERAR EL ECO DE LAS FIESTAS
Es común ver cómo las personas empezamos el año con el corazón movido y la cabeza desconcentrada. La verdad es que diciembre es un mes precioso. Basta con contemplar esos abrazos de bienvenida en los aeropuertos, asistir a un concierto navideño o mirar fotos de familias reunidas celebrando, para quedarnos embriagados con el sabor de las fiestas.
Obviamente para quienes creemos que Jesús es la razón esencial de la temporada, diciembre viene con colores adicionales. Nos regocijamos no sólo en las reuniones y el amor familiar, que son hermosas postales de todo el mes; sino también, en la esperanza de renovar nuestra esperanza de recibir la Salvación.
Pero tanta algarabía no puede ni debe dejarnos satisfechos. Así, cuando quitamos las decoraciones, retomar la rutina escondida se nos hace algo aburrido.
¿Qué tal si nos atrevemos a darle a este nuevo año un sentido que nos mueva hacia esa Salvación?
EL LISTADO PERSONAL
Enero es un mes que camina lento. Casi pudiéramos decir que es una invitación a bajar el loco ritmo de diciembre; por eso es el mejor momento para sentarse con lápiz y papel, o con medios electrónicos para los más modernos, y hacer un listado de prioridades para este año.
Hagamos esa lista honesta y transparente, esa que sale del alma. La que nos dice qué quedó pendiente y qué más podemos pedirnos a nosotros mismos en este nuevo amanecer.
Cada uno tiene distintos puntos débiles: prudencia, sencillez, pureza, honestidad. Tal vez ese pequeño detalle de vida que nos obliga a desafiarnos en nuestro caminar diario.
Una lista que no sea un pliego de sueños inalcanzables, de exigencias ni de frustraciones; sino de oportunidades de mejora, de cosas concretas que nos regalen paz. Una visión empática con nosotros mismos, planteado desde nuestras opciones reales.
EL PLAN DE VIDA
San Josemaría, quien animaba a buscar la santidad en la vida ordinaria, nos dejó una valiosa enseñanza al respecto, lo denominó “plan de vida”, que no es otra cosa que un conjunto de prácticas de piedad que, combinan las tareas habituales con los deberes de un buen cristiano.
Partiendo de la idea básica de que, la existencia humana es un todo que engloba cuerpo y alma, resulta imposible – nos enseña el santo- creer que los hombres puedan separar sus obligaciones morales, familiares, laborales y cívicas del plano trascendental; y, por lo tanto, de su fin último que es la comunión con Dios.
Si somos capaces de reconocer que ese fin último es el que debe brindar sentido, orden y unidad a nuestra existencia, resulta de toda lógica que tengamos un plan que rija esas actuaciones, de tal forma que podamos conseguir el resultado que esperamos.
San Josemaría recomienda “atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa –diaria, si te es posible– y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón –aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal–; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender”.
COMENZAR A EJECUTAR PASO A PASO
Una vez que hemos sincerado el alma y elaborado nuestro plan, vendrá el cómo. La puesta en marcha de esos propósitos que queremos sean parte de nuestro nuevo año.
Obviamente encontraremos días en que parece que todo se hace fácil; pero también, algunos con obstáculos y dificultades. Incluso, puede que vayamos incorporando nuevas ideas en el plan a lo largo del camino.
Decía San Josemaría que “En la vida interior, …Hay primaveras y veranos, pero también llegan los inviernos, días sin sol, y noches huérfanas de luna. No podemos permitir que el trato con Jesucristo dependa de nuestro estado de humor, de los cambios de nuestro carácter…” (Amigos de Dios N. 151)
Lo dijo también nuestro Señor, «El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41). Sin desánimo habrá que levantarse cada vez que nos equivoquemos, sabiendo que para poner por obra todas esas motivaciones, contamos con la ayuda de nuestra Madre del Cielo, que está siempre disponible para brindarnos auxilio.
2026
Un nuevo año es una nueva oportunidad para ponernos en la tarea de animar nuestra vida con la idea de alcanzar el Cielo prometido, a través de pequeñas acciones concretas que podemos realizar, con ayuda de María Santísima, en nuestro diario vivir.




Maravilloso artículo, sentidas palabras, bajar el volumen al ruidoso ya la vez mágico mes de Diciembre, empezar el 2026 con propósitos que duren en el tiempo.
No podía esperar menos de ti, mi súper especial y espiritual Marjorita, un privilegio tener tu amor
Excelente orientación para nuestro crecimiento espiritual en nuestra vida de fé
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Maravilloso artículo, sentidas palabras, bajar el volumen al ruidoso ya la vez mágico mes de Diciembre, empezar el 2026 con propósitos que duren en el tiempo.
No podía esperar menos de ti, mi súper especial y espiritual Marjorita, un privilegio tener tu amor