EL BIEN ANTE TODO
Dice el Evangelio de hoy:
“En aquel tiempo mucha gente acompañaba a Jesús, Él se volvió y les dijo: si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.
(Lc 14, 25-27)
Oímos estas palabras Jesús y te vamos conociendo. Es la gran maravilla que has dejado en la Biblia: la posibilidad de que te vayamos conociendo, hasta en los detalles, al leerte y al oírte. Podemos sacar una enseñanza muy clara, no sólo de cómo eres, sino de cómo nos sugiere ser a nosotros también.
Y esta enseñanza está en estas palabras que acabamos de oír: “si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos, y a sus hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.
Es llamativo que Tú nos propongas ocupar el primer lugar en nuestras prioridades, en nuestro corazón y en nuestra vida, porque Tú eres Dios; porque eres el más importante;porque la realidad de lo que nos rodea y nosotros mismos dependemos de que Tú nos estés pensando.
CLARO LLAMADO A HACER EL BIEN
Qué distinta es la manera de hacer propaganda o marketing en nuestra época. A todos nos ha pasado que hemos recibido constantes ofrecimientos de productos y de campañas que aparentemente son beneficiosas, porque nos ofrecen al comienzo algo gratis, pero después, si tú no revocas el consentimiento –como sabemos– se empieza a cargar en nuestra tarjeta de crédito el costo de aquel servicio, de aquella aplicación.
Entonces aquello que era gratis era sólo una oferta, aquello era sólo un gancho por el cual, si es que yo me engancho, termino no teniendo tanta facilidad para desengancharme, o en todo caso, termino gastando algo que al comienzo no pensaba gastar.
Tú, Señor, no actúas como esas compañías que nos quieren vender un producto suyo, porque Tú no empiezas poniendo fácil el camino a los que te queremos seguir.
Tú propones que, en realidad, nuestros principales amores –las personas que son más fundamentales en nuestra vida, nuestro entorno más querido– esto, de arranque, lo pongamos en un nivel que sea posterior a Ti.
Volvamos a oírte:
“si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.
LLAMADOS AL BIEN
Qué fácil hubiera sido para ti, Señor, decirnos que pospongamos pequeñas cositas. Por ejemplo, si tenemos calor y queremos tomar un vaso de agua, postergarlo un ratito. Tiene mérito. Si tenemos sueño, irnos a servir una taza de café y dices: -No, voy a esforzarme y procurar quedarme despierto sin el café por un rato. Tiene mérito, si es que lo ofrezco a Dios como un pequeño sacrificio.
Tú vienes, Señor, y nos pides a todos los que estamos ahora haciendo nuestra oración lo más querido. Pues cómo es ese marketing que tú haces, Jesús, que nos lleva a ver la realidad de lo que nos propones que es algo esencialmente valioso, que es algo importantísimo, que es algo nuclear.
Sólo te podemos seguir si lo más querido en nuestro corazón eres Tú. Si hubiera otra persona –o personas– u otra realidad que ocupara un lugar más importante en nuestro corazón, no te podríamos seguir.
Es que no te entenderíamos y estaríamos pretendiendo seguir a una divinidad que no eres Tú, que no es el Dios verdadero, que puede ponerse en un lugar posterior a mi salud, a la plata que tengo, a mi prestigio, mi fama, mi lugar en la sociedad…
EL BIEN COMO FUENTE Y CLARO DESTINO
Un dios que no es el centro de la vida de quien cree en ese dios, vamos a reconocerlo, que es algo o alguien que tiene un título de dios, pero que no es el Dios de verdad.
Por eso Tú, Jesús, has venido al mundo a mostrarnos la verdad. Hay un Dios que es el principal y detrás del cual está todo lo que nosotros podemos alcanzar en esta vida, todo lo que nosotros podemos valorar en esta vida y todo lo que nosotros podemos amar en esta vida.en esta vida.
Cuando esto no se respeta, resulta ocupando el lugar de Dios algo o alguien que se convierte así en un ídolo, en una realidad que yo he divinizado pero que no es Dios y entonces me estoy mintiendo.
Por eso que el Señor establezca las reglas, le corresponde; que el Señor nos aclare que está bien y que está mal, le corresponde; que el Señor reciba la primera atención de nuestra parte, le corresponde. “Gracias Jesús por hablarnos con claridad, por no intentar engatusarnos.
No eres como las compañías que nos quieren captar mediante una oferta pasajera, te lo hago fácil pero después te muerdo. Gracias Jesús por tu honestidad y por tu claridad.



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